La sala d’estar és un camp de futbol – Josep M. Fonalleras (Reseña)

la sala d'estar es un camp de futbolEn aquesta foto, que ara tinc al davant, hi ha dos nens que no conec, la meva cosina Àngels i el meu cosí Lluís, vestit amb americana, corbata y pantalons curts, sabates de xarol i mitjons blancs. Vull pensar que aquests dos nens estan vius y certifico que els meus cosins també ho estan. La resta, tots els de la foto, ja no hi són. Tots morts, excepte el nen a qui la llevadora du a coll, enmig de la meva àvia Flora i del meu avi Sidro, els padrins. El pare, i la mare, que no era al bateig (tot just feia tres dies que havia parit), els oncles, els altres cosins, el capellà i la llevadora, la tia Rita, que no és meva sinó del tio Fèlix, la tia Teresina i la tia Maria, el tio Tomàs. Els altres oncles. Tots. 
El fotògraf també deu ser mort.
En esta foto, que ahora tengo delante, hay dos niños que no conozco, mi prima Àngels y mi primo Lluís, vestido con americana, corbata y pantalones cortos, zapatos de charol y calcetines blancos. Quiero pensar que estos dos niños están vivos y certifico que mis dos primos también lo están. El resto, todos los de la foto, ya no están. Todos muertos, excepto el niño a quien la comadrona lleva en brazos, en medio de mi abuela Flora y de mi abuelo Sidro, los padrinos. Mi padre, y mi madre, que no estaba en el bautizo (solo hacía tres días que había parido), los tíos, los otros primos, el capellán y la comadrona, la tía Rita, que no es mía sino del tío Fèlix, la tía Teresina, el tío Tomàs. Los otros tíos. Todos
El fotógrafo también debe estar muerto.

Hace tiempo leí Climent, un viaje bastante particular por la vida del protagonista. Desde entonces el nombre de Josep M. Fonalleras está en mi mente pues me quedaron ganas de leer algo más suyo. La portada de este libro y el texto que había en la contraportada me acabaron de convencer cuando un día lo vi en una librería (¡soy un peligro en cualquier lugar donde vendan libros!).

El libro, una recopilación de diversos fragmentos relacionados con recuerdos de la infancia de Fonalleras, arranca con los hermanos vaciando el piso de su madre. La madre acaba de morir y deben seleccionar qué objetos quieren conservar y de cuáles se deshacen.

El libro empieza con los hermanos vaciando el piso de su madre que acaba de morir, y acaba con dos referencias muy pertinentes a El jardín de los Finzi-Contini y a unos versos de Joan Vinyoli. No estamos, pues, ante una mera yuxtaposición de recuerdos, sino ante un artefacto literario que reconstruye la vida de los que ya no están. Con precisión, sin rabia ni nostalgia, equidistante entre la frialdad y el sentimentalismo, Fonalleras levanta el perdurable edificio del recuerdo

I l’àvia Maria serà la primera persona que veuré morir. Panteixa fondament, respiracions cada vegada més profundes, una ranera contínua, fins que l’última inspiració ja no té resposta. Queda en suspens.
Y la abuela María será la primera persona que veré morir. Jadea, respiraciones cada vez más profundas, un estertor continuo, hasta que la última inspiración ya no tiene respuesta. Queda en suspenso.

Al poco de venirme a vivir a Barcelona, intenté empezar a leer en catalán. Ha sido una buena manera de aprender bastante del idioma, y no solo aprender su uso, qué suena «bien», qué suena «mal»… incluso algo de ortografía (que me cuesta más). Lo que quiero decir es que aparte de aprender sobre el mero aspecto formal del catalán, he aprendido a quererlo. Me gusta cómo suena, lo siento como algo un poco mío, y todo eso ha sido una sorpresa incluso para mí. Me gusta leer según qué frases, según qué sentimientos, y a menudo me encuentro buscando en las librerías algo entre los títulos de autores catalanes que no sé definir muy bien.

En este caso el libro es casi una confesión, una recopilación muy personal de retazos de la vida del autor donde además resuenan ecos de una época. No por ser anterior a la mía me ha resultado del todo ajena, al fin y al cabo es curioso cuánto compartimos con las personas más insospechadas.

Sempre m’ha fascinat el moment en què una nena de nou anys, en el pròleg d’El jardí dels Finzi Contini, davant d’un cementiri etrusc, pregunta als seus pares per què són menys tristes les tombes antigues que les recents.
El pare contesta a Giannina, la nena, que és lògic que això passi, perquè els morts de fa poc «són més a la vora de nosaltres i precisament per aquest motiu els estimem més». Li diu que els etrusc fa tant de temps que van morir que «és com si mai no haguessin viscut, com si sempre haguessin estat morts».
Siempre me ha fascinado el momento en que una niña de nueve años, en el prólogo de El jardín de los Finzi Contini, ante un cementero etrusco, pregunta a sus padres por qué son menos tristes las tumbas antiguas que las recientes.
El padre contesta a Giannina, la niña, que es lógico que eso pase, porqe los muertos de hace poco «están más cerca de nosotros y precisamente por este motivo los queremos más». Le dice que los etruscos hace tanto tiempo que han muerto que «es como si no hubiesen vivido nunca, como si siempre hubiesen estado muertos».

El tema de la muerte se trata con frecuencia en las páginas, sea directa o indirectamente. Es inevitable cuando uno habla de su familia y vivencias, lo habitual es que todos tengamos nuestra lista de muertos. Cada uno tiene su visión y reflexión sobre el tema de la muerte, sobre las personas que se han quedado atrás. En el caso del fragmento anterior, me resultó curioso el concepto de los muertos viejos que no hace mucho encontré también en un libro de Milan Kundera. Cuánta verdad y qué pena pensar que todos los muertos, por muy llorados que sean al principio, acaban siendo muertos viejos, de los que parece mentira decir que alguna vez sintieron y respiraron. Que nosotros también lo seremos.

Cuando terminé el libro me dejó una sensación agridulce, no estaba segura de haber leído un libro con entidad completa sino una colección de fragmentos, de fotografías cuyo nexo de unión solo conoce el autor. Comparada con otras obras autobiográficas, esta parece más distante y menos sentimental. De hecho, el autor ha explicado que esto está hecho a propósito. Sin embargo mi opinión se ha suavizado con el tiempo, disfruté el libro mucho. De hecho, ante una obra de estas características creo que el mejor elogio es hacer pensar a los demás: «ojalá yo pudiera hacer algo así con mis recuerdos». Organizarlos como fotos o piezas desordenadas de un puzle encima de la mesa, jugar con ellos, encontrarles sentido a las cosas que antes no parecían tenerlo.

Este libro es justo eso, una colección de recuerdos rápidos que inspiran fotografías, objetos o lugares. Es bonito leerlos, aunque no sean propios.

Fa xafogor i ens imaginem que estem veient, no pas per la tele sinó com si els poguéssim tocar, aquells homes que trepitgen la Lluna que tot just intuïm. Ho veiem a la tele, és clar, tots pendents de les petjades i dels bots que fan els astronautes de l’Apollo XI. És una nit excepcional i els pares ens desperten perquè puguem dir que hi érem, que nosaltres també observàvem aquells homes al Mar de la Tranquil·litat, uns homes que semblen pallassos fent corredisses.
Hace bochorno y nos imaginamos que estamos viendo, no a través de la tele sino como si los pudiésemos tocar, aquellos hombres que pisan la Luna que todos intuimos. Lo vemos en la tele, está claro, todos pendientes de las pisadas y de los botes que dan los astronautas del Apolo XI. Es una noche excepcional y nuestros padres nos despiertan para que podamos decir que estábamos, que nosotros también observábamos aquellos hombres en el Mar de la Tranquilidad, unos hombres que parecen payasos haciendo carrerillas.

Autor: Josep M. Fonalleras (@fonalleras en Twitter)
Año publicación: 2015
ISBN: 978-84-16154-26-5
Número de páginas: 136
Dedicatoria: 
Als meus pares, la Dolors i en Josep.
A la Mariàngels i en Jaume, els meus germans.
Per a la Laia, en Joan, la Clara i la Bet.

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