La ignorancia, de Milan Kundera (Reseña)

La-Ignorancia (1)

Así repetidas, las palabras adquirieron tal fuerza que, en su fuero interno, Irena las vio escritas con mayúsculas: Gran Regreso. Ya no opuso resistencia: quedó prendida de imágenes que de pronto emergieron de antiguas lecturas y películas, de su propia memoria y tal vez de la de sus antepasados: el hijo perdido que reencuentra a su anciana madre; el hombre que vuelve hacia su amada, de la que le arrancó un destino feroz: la casa natal que cada cual lleva dentro; el sendero redescubierto en el que quedaron las huellas de los pasos perdidos de la infancia; el errante Ulises que vuelve a su isla tras vagar durante años; el regreso, el regreso, la gran magia del regreso. 

Aparte de que otros libros de Kundera ya me han gustado mucho (de momento solo he leído El libro de los amores ridículos y La insoportable levedad del ser), me atraía este por el tema central que se trata en él. La ignorancia es una novela cuyos protagonistas lidian con el hecho de ser emigrantes, o con el regreso al país que abandonaron hace años: Checoslovaquia. 

Evidentemente la República Checa es un país importante para Kundera, ya que nació allí y vivió buena parte de su vida en el país, en una época en que ocurrieron varios hechos históricos destacables, que influirían en los habitantes de manera muy importante. La Primavera de Praga de 1968 puso en marcha una tendencia para orientar el país hacia un socialismo no totalitario, alejándose de los aspectos totalitarios y burocráticos que la Unión Soviética había impuesto allí. Los protagonistas de la historia, cada uno  por su lado, han abandonado el país en ese año y por distintas circunstancias, retornan a su patria 20 años después, para encontrarse un país diferente al que abandonaron, o demasiado igual en algunos aspectos. No considero necesario comentar nada más sobre el argumento y desarrollo de la historia, ya que creo que lo importante en este libro no es tanto ese desarrollo, como los temas que se tratan.

Entre estos dos emigrantes que han estado 20 años lejos de su tierra natal, y Ulises que estuvo 20 años fuera en La Odisea, el paralelismo es bastante obvio. Ulises vuelve al que fue su hogar después de 20 años de ausencia, y se encuentra con que el lugar al que supuestamente pertenece quizá ya no tiene tanto que ver con él, que a las personas de su pueblo – los suyos – no les interesa tanto en quién se ha convertido como quién era antes de irse. ¿Importan todas las aventuras que ha vivido fuera de Ítaca?

La Odisea, la epopeya fundadora de la nostalgia, nació en los orígenes de la antigua cultura griega. Subrayémoslo: Ulises, el mayor aventurero de todos los tiempos, es también el mayor nostálgico. 

Tanto Irena y Josef como Ulises, descubren en su «gran regreso» que los que una vez fueron su familia, sus compatriotas, no están demasiado interesados enlo que ha pasado fuera de su tierra (Praga e Ítaca, respectivamente). No interesa que el emigrante rememore que ha vivido otras cosas, en otros países, con otras personas… importa que se vuelva a asimilar lo antes posible con ellos, para así volver a ser todos «lo mismo».

Al abandonar a Calipso, durante su viaje de regreso había naufragado en Feacia, donde el rey le acogió en la corte. Allí había sido un extraño, un misterioso desconocido. A un desconocido se le pregunta: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¡Cuenta!». Y él contó. Durante ocho largos días de La Odisea, reconstruyó detalladamente sus aventuras ante los feacios atónitos. En Ítaca, sin embargo, no era un extraño, era uno de ellos y por eso a nadie se le ocurría decirle: «¡Cuenta!».

Si la novela nos narrase los típicos sentimientos de desapego, nostalgia y pérdida de identidad fuera del propio país, no me hubiera gustado, la verdad. Pero es que cuenta eso, y mucho más, y de una manera espléndida. Para estos emigrantes, dentro de sí mismos se abre un conflicto importante de identidad, de expectativas. ¿Qué esperan todos de un emigrante? Que eche muchísimo de menos su hogar, su terruño, sus raíces en definitiva. Pero ocurre en ocasiones que por las circunstancias, uno decide arrancar las raíces y llevarlas encima. Entonces esas raíces ya no le vinculan con el territorio donde creció, ni con la gente que estaba allí. Quizá incluso uno decide plantar esas raíces en una tierra nueva.

En el camino de regreso decidió abandonar el país. No es que no pudiera vivir en él. Habría podido cuidar aquí de las vacas con toda tranquilidad. Pero estaba solo, divorciado, sin hijos, libre. Se dijo que solo disponía de una vida y que quería vivirla en otro lugar.

Los demás no entienden a estos dos, desarraigados según el punto de vista de los que han quedado atrás, en esa tierra que ya ni Irena ni Josef reconocen como propia. La cosa llega hasta el punto en que ya no reconocen casi ni siquiera a las personas que fueron sus amigos, ni siquiera su familia parece que sea cercana, los años de ausencia los han convertido prácticamente en meros desconocidos, ecos de un pasado que hace mucho que dejaron atrás. Es difícil para estas personas reconciliar, una vez vuelven a su antiguo hogar, el pasado y el presente, quienes eran y en quienes se han convertido.

La memoria nos falla y a veces actúa de forma selectiva sobre los recuerdos. En la novela se habla del efecto de erosión de la memoria, solo los recuerdos que evocamos más a menudo permanecen vivos en nosotros. Y a veces no queremos mantener vivos todos nuestros recuerdos, sino que hay algunos que enterramos con facilidad. Lo que nos dice Kundera es que los recuerdos son algo que no necesariamente compartimos con los demás, la memoria es moldeable y subjetiva, y finalmente nuestros recuerdos son resultado de un ejercicio de autosugestión y parcialidad, que a veces construimos con otra persona.

Pero Josef no cree que esté enfermo. Cree que está lúcido. La insuficiencia de añoranza es la prueba del escaso valor que tiene para él su vida pasada. Rectifico, pues, mi diagnóstico: «El enfermo padece de una deformación masoquista de su memoria». (…) Sabía muy bien que su memoria le odiaba, que no hacía más que calumniarle; por lo tanto se había esforzado por no darle crédito y ser más indulgente con su propia vida.
(…)
Y, sobre todo, en el extranjero Josef se enamoró,y el amor es la exaltación del tiempo presente. Su apego al presente ahuyentó los recuerdos, lo protegió contra sus interferencias; su memoria no pasó a ser más malévola, sino más descuidada, como desprendida, y perdió poder sobre él.

Me imagino que este libro puede ser especialmente adecuados a aquellos que han movido su vida miles de kilómetros, que han trasladado su vida a otro país y han dejado el suyo lejos, muy lejos. Sin haber cambiado de continente, yo también soy una emigrante. Y debo decir que esta novela me ha tocado cierta fibra sensible, hasta el punto que me ha hecho reflexionar sobre temas en los que no suelo pensar. Yo no he sido emigrante por imposición sino porque lo decidí así. Sin embargo, hay puntos en común con esta historia de Irena y Josef. Los recuerdos, la identidad, el alejamiento de los orígenes… son temas que están muy bien tratados en La ignorancia. Es una lectura bastante rápida, aunque cargada de buenas reflexiones y frases para apuntar. Finalmente deja con cierta sensación de tristeza, pero no por la calidad del libro (al cual no tengo nada que reprocharle), sino porque trata temas profundos y relevantes, de una manera cruda y directa. Sin concesiones ni sentimentalismos innecesarios.

En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa «sufrimiento». La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. La mayoría de los europeos puede emplear para esta noción fundamental una palabra de origen griego (nostalgia) y, además, otras palabras con raíces en la lengua nacional: en español decimos «añoranza»; en portugués, saudade. En cada lengua estas palabras poseen un matiz semántico distinto. Con frecuencia tan solo significan la tristeza causada por la imposibilidad de regresar a la propia tierra. Morriña del teruño. Morriña del hogar. En inglés sería homesickness, o en alemán Heimweh, o en holandés heimwee. Pero es una reducción espacial de esa gran noción. El islandés, una de las lenguas europeas másantigas, distingue claramente dos términos: söknudur: nostalgia en su sentido general; y heimfra: morriña del terruño. Los checos, al lado de una palabra «nostalgia» tomada del griego, tienen para la misma noción s propio sustantivo: stesk, y su propio verbo; una de las frases de amor checas más conmovedoras es styska se mi po tobe: «te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia». En español, «añoranza» proviene del verbo «añorar», que proviene a su vez del catalán enyorar, derivado del verbo latino ignorare (ignorar, no saber de algo). A la luz de esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él.

Autor: Milan Kundera
Título original: L’Ignorance
Año primera publicación: 2000
Número páginas: 199
ISBN: 9788483101315
Leído en… español (traducción Beatriz de Moura)

2 comments

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Así repetidas, las palabras adquirieron tal fuerza que, en su fuero interno, Irena las vio escritas con mayúsculas: Gran Regreso. Ya no opuso resistencia: quedó prendida de imágenes que de pronto emergieron de antiguas lectur..…

  2. Hermoso texto. Ahora no tengo otra opción más que conseguirme el libro y empezar a añorar.

    «You are far away, and I don’t know what has become of you.

    My country is far away, and I don’t know what is happening there. Certain languages have problems with nostalgia: the French can only express it by the noun from the Greek root, and have no verb for it; they can say Je m’ennuie de toi (I miss you), but the word s’ennuyer is weak, cold — anyhow too light for so grave a feeling. The Germans rarely use the Greek-derived term Nostalgie, and tend to say Sehnsucht in speaking of the desire for an absent thing. But Sehnsucht can refer both to something that has existed and to something that has never existed (a new adventure), and therefore it does not necessarily imply the nostos idea; to include in Sehnsucht the obsession with returning would require adding a complementary phrase: Sehnsucht nach der Vergangenheit, nach der verlorenen Kindheit, nach der ersten Liebe (longing for the past, for lost childhood, for a first love).”

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