Stitches, de David Small (Reseña)

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Comencé a leer cómics autobiográficos un poco por casualidad, con Fun Home. De hecho, ya en la reseña de aquel otro cómic, no era capaz de recordar por qué me había interesado en él. Pero desde entonces ha sido una constante en mis lecturas, el buscar historias realistas y a poder ser, autobiográficas, en contraposición a esos otros géneros de cómic, más humorísticos, infantiles, o de género fantástico.

En este caso la historia está ambientada en Detroit, Michigan. Allí se crió David Small en los años 50, en el seno de una familia de clase media con relativo buen nivel económico y cultural. Sin embargo, en su familia desde siempre reinó la represión de los sentimientos y la falta de comunicación. Cuando era niño, a David Small ya le gustaba dibujar pero sufría muchos problemas de salud, sobre todo respiratorios. Su padre era un radiólogo que, david smallsiguiendo la doctrina de aquellos años, aplicó rayos X y terapia de radiación a su hijo pequeño. Seguramente como consecuencia directa de eso, el niño pronto comenzó a desarrollar un bulto raro en el cuello. Pero de forma paralela a ello se nos explica la falta de atención y cariño recibida de sus padres, los malos tratos psicológicos que su madre le propinaba, la profunda infelicidad en que vivía a causa de su madre, una mujer casi permanentemente amargada y frustada, y en constante enfrentamiento con él.

Volviendo al bulto en el cuello, tres años después de que se lo detectaran, cuando Small tenía 14 años, tuvo que someterse a dos operaciones que le dejaron sin glándula tiroides y una de las cuerdas vocales. Como consecuencia de eso, se quedó literalmente sin voz. No es que en su casa fueran muy habladores, pero hablar ya no era para David una elección. Su familia continuó con las dinámicas de siempre: su padre casi siempre ausente, su madre resentida y enfadada, y su hermano encerrado en sí mismo. Poco después descubre en un escrito de su madre, que le han ocultado que tenía cáncer. Con 14 años se ha quedado sin la capacidad de hablar, tenía cáncer y sus padres no se lo han dicho. A partir de ahí las cosas comienzan a ir cada vez peor con sus padres. No solo con su omnipresente y llena de odio madre, sino con su padre distante y autoritario. El único refugio de David son sus dibujos y sus sueños, además de unas sesiones de terapia a las que acude más adelante. Durante casi una década, lo máximo que consigue es hablar en susurros.

Después de eso, el autor reconoce que lo vivió como una manera en que sus padres consiguieron hacerlo callar de una manera física, no solo mandándolo callar como habían Stitches-Cancerhecho siempre, sino despojándolo literalmente de la posibilidad de hablar. No aguantó mucho en el ambiente envenenado de su  hogar, y a los 16 años se fue de casa para buscarse la vida como artista. No es un spoiler, pues sabemos que la cosa le salió bastante bien.

Por un lado me apasionan las historias de hogares rotos e infelices, pero por otro me ponen algo triste. Leer la crónica desde el interior de esta familia, donde no se comunicaban y solo expresaban en ocasiones hostilidad, resentimiento y rencor, es bastante deprimente. Es curioso cómo las madres suelen tener un papel tan destacado en la vida de sus hijos, y aquí también ocurre. Su madre hablaba poco, pero se expresaba de forma no verbal: golpeando cosas mientras recogía la cocina, sollozando cuando pensaba que nadie le oía… Con el tiempo David supo que su madre era lesbiana en realidad, y que había tenido aventuras con otras mujeres; sus padres nunca llegaron a divorciarse aunque se lo plantearon varias veces.

Small se ha dedicado durante muchos años a ilustrar, y en ocasiones a escribir historias, cómics para niños. En esas historias suele haber un aspecto algo oscuro pero a lo largo de los años han tenido bastante éxito. Al parecer se dio cuenta en cierto punto, de que estaba reprimiento sentimientos y que el trauma seguía vivo en él, por lo cual decidió ponerse a escribir Stitches. En entrevistas posteriores ha hablado maravillas de su psicoanalista, que fue el que le dijo sin rodeos que su madre no le quería; obviamente, lo que ha dicho de sus padres no ha sido tan halagüeño.

Si alguna duda me quedaba al terminar de leer fue el papel que jugaba su hermano Ted en toda esta historia. Se supone que él también se llevaría su ración de trauma, con una familia así era inevitable; pero claro, tuvo que ser más asimilable sin el problema del cáncer. Pero pasa que, como su hermano ha reconocido más tarde, los malos sentimientos de su madre estaba más centrados en David que en él.  Sea como sea, con el tiempo el autor parece haber madurado los traumas que tenía, rodeándose de personas que le apoyan y a las que admira, y refugiándose durante muchos años en su profesión y vocación: la fantasía.

Es una historia dura sobre una persona luchando por su libertad, y buscando su voz, tanto en sentido metafórico como literal. Pero lo mejor es la utilización de la fantasía como vía de escape salvadora. El David adolescente se refugia en sus dibujos y fantasiosos sueños para huir de su realidad diaria, y a la vez encontrarse a sí mismo. Después, ha hecho de eso su modo de vida. Si buscáis una historia nostálgica sobre infancias felices, este no es vuestro cómic.

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Autor: David Small (Web oficial)
Año publicación: 2009
ISBN: 978-0-393-06857-3
Número de páginas: 329
Leído en… inglés (edición W.W. Norton)

Dedicatoria: 
To Mark Stewart Guin and to my brother, Ted

 

One comment

  1. Información Bitacoras.com

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