Stories we tell, de Sarah Polley

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Cuando estás en medio de una historia, no es nada una historia, sino sólo una confusión, un rugido oscuro, una ceguera, los restos de cristal destruido y madera astillada, como una casa en un torbellino, si no un bote aplastado por los icebergs o arrastrado en los rápidos, y todos a bordo son impotentes de detenerlo. Es sólo después que se convierte en algo parecido a una historia, cuando te la cuentas a ti mismo… o a otra persona.

La primera vez que supe de la existencia de este documental fue cuando prácticamente lo tuve «en las manos», ya disponible para verlo. Una suerte, ya que todo lo que había leído sobre él lo ponía por las nubes.

Diane, madre de Sarah
Diane, madre de Sarah

Sarah Polley es la directora, y aunque yo la conocía más por su papel en Mr. Nobody, también nos puede sonar su cara por aparecer en Amanecer de los muertos. Sin embargo, en los últimos años la actriz ha estado haciendo pinitos como guionista y directora, por ejemplo con la película Take this Waltz (2011) y antes de eso, en Away from her (del 2006). En el caso de Take this waltz sí, pero no he llegado a reseñar Lejos de ella – como se tituló en España – y es una película muy dura sobre el Alzheimer y la vejez. Así pues, ¿cómo no sentir curiosidad sobre un documental sobre su familia que además está tan bien valorado en todas partes?

En Stories we tell, Sarah pone a hablar a su familia de lo que conocen mejor que nadie, su historia familiar. Pronto veremos que la cosa se centra sobre todo por el nexo que tenían en común, su madre. Así, por ejemplo, veremos cómo Sarah pide a su padre que le cuente su matrimonio con su madre hasta la actualidad, con sus propias palabras. También hablarán sus hermanos y hermanas, su tío, y otras personas muy cercanas a la familia. En un momento determinado, Joanna, su hermana dice «¿a quién le importa nuestra familia?» y a juzgar por lo que he leído, le importa a más gente de la que pensaban. Claro que no se trata de ver esto como la historia individual de la familia Polley, sino de observarlo como el ejercicio de conocimiento familiar y personal que nunca llegaremos a hacer nosotros mismos. Supongo que es eso lo que lo convierte en tan fascinante, ¿cómo sería si fuera nuestra familia la que contase historias? No la historias que siempre acaban surgiendo tras una cena navideña, sino esas otras que se mantienen apartadas y de las que no se suele hablar.

stories we tell michael polley
Michael Polley

Pero como digo, la historia pronto se centra en Diane, la madre de Sarah. Diane también era actriz, y conoció a su padre, con el que se casó tras actuar juntos en una película. Ella era alegre, extrovertida y con una risa contagiosa. Él era un hombre calmado y tranquilo, que nunca parecía darle el afecto suficiente aunque la quería a su manera calmada. Lo que se cuenta en la película, a través de recuerdos a medio hilar y algunos hechos que nos sitúan de forma más objetiva (en forma de fechas, películas, obras de teatro…), es la historia de ese matrimonio, la historia de Diane, y la historia de la propia Sarah. Se nos cuentan, como digo, esas cosas que no se suelen decir en voz alta en ninguna familia, temas de amor y de sufrimiento, de muerte e infidelidades…

Veremos entrevistas a todos los miembros vivos de la familia, vídeos caseros, fotos familiares, y en el fondo más que un documental familiar se trata de algo sobre investigación, la investigación de Sarah Polley sobre sus orígenes. Y lo que llama la atención es que esta historia de desconocidos que cuentan sus trapos sucios consigue interesarnos, consigue emocionar y consigue contagiar algo de esa vista atrás serena y madura que hacen sus protagonistas. Uno desearía ser capaz de hablar sin rencor y sin  demasiado dolor de según qué cosas, y que alguien estuviese dispuesto a escuchar. Lo apasionante de todo esto, al margen de que sea más o menos «real» es ver el cariño que se profesa la familia y el candor con que

Sarah Polley
Sarah Polley

conservan sus recuerdos.

Pero no es lo único apasionante. En el documental se dosifican las revelaciones y se plantean las entrevistas manifestando un admirable sentido del ritmo. No es largo, algo más de hora y media, pero se pasa rápido y es interesante. Los planos son bonitos, las tomas de los protagonistas están enfocadas de forma bella, y la voz del padre de Sarah, leyendo en voz alta fragmentos de su narración escrita (de los cuales he destacado el del principio) aporta una cualidad mágica a la historia.

Las historias no son historias mientras las vivimos. Pero luego las contamos y se convierten en eso, historias. Es más, en Stories we tell se nos dice que cualquier historia, contada de la manera adecuada y con el ánimo adecuado, puede ser bonita.

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Directora: Sarah Polley
Año: 2012
País: Canadá
Duración: 108 minutos
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