La mala hora, de Gabriel García Márquez (Reseña)

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– Ésa ha sido siempre una característica de los pasquines – dijo el médico -. Dicen lo que todo el mundo sabe, que por cierto es casi siempre la verdad.

No sabía cuando comencé a leer esta novela de García Márquez que era de la primeras que escribió. La mala hora data de 1962, y sitúa la acción en un pueblo sin nombre en Colombia, en los años 50, cercano geográficamente, se supone a su Macondo de leyenda. De hecho en el transcurso de la novela se hacen algunas referencias, por ejemplo a Aureliano Buendía. Sin embargo, este libro es mucho más breve y menos denso que los otros que he leído de los escritos por él.

La premisa comienza con este pueblo, en el que transcurre toda la acción, y donde desde hace un tiempo amanecen pasquines pegados en algunas puertas. Justo al principio de la novela, el contenido de uno de esos pasquines es causa de un asesinato pasional. El asunto es que la gente del pueblo teme que alguien pegue alguno en su puerta, y el contenido que pueda tener dicho pasquín. Partiendo de esa base, tenemos un reparto bastante variopinto, compuesto por ciertos habitantes del pueblo. El alcalde, el médico, el juez, el peluquero, algunas familias adineradas… la narración va saltando de unos a otros, a veces de manera bastante sorpresiva. La tensión va en aumento a medida que pasan las páginas y los días, y los pasquines siguen apareciendo.

– Los pasquines no son la gente – sentenció.
– Pero solo dicen lo que ya anda diciendo la gente – dijo Roberto Asís -; aunque uno no lo sepa.

 *** 

– Ése es otro truco que no entiendo – dijo el juez Arcadio -. A mí no me quitaría el sueño un pasquín que nadie lee.
– Ésa es la cosa – dijo el secretario, deteniéndose, pues había llegado a su casa -. Lo que quita el sueño no son los pasquines, sino el miedo a los pasquines.

Como se comenta en repetidas ocasiones, los pasquines solo cuentan lo que todo el mundo dice en voz baja, lo que todo el pueblo sabe pero nadie dice en voz demasiado alta, y por lo que puedan decir, los habitantes del pueblo, sobre todo los de cierto nivel económico o clase social, viven con un miedo constante a que alguno de ellos aparezca en su puerta. Este temor es el nexo de unión del principio al final del libro, pero ni de lejos es el único tema que se trata. Los pasquines, como ocurre en la historia, sirven de excusa para algo más. Para introducirnos en las opiniones que algunos personajes tienen de ellos, para facilitar algunos elementos del desarrollo de la historia. Los «dichosos papelitos», como los llama alguien, son el centro y a la vez no lo son.

La gracia es que a medida que avanza la acción, vamos descubriendo cuál es el verdadero problema del pueblo, y quizá ese problema no tiene nada que ver con los pasquines. El tema de fondo, como ocurre en muchas novelas de García Márquez, es en realidad político y a la vez pasional. El pueblo se presenta como bajo una amenaza constante, y a la vez exótico, salvaje y lleno de secretos.

– Hace quince años – dijo la ciega – que no se le veía en esta casa, padre.
Era cierto. Todas las tardes pasaba frente a la ventana donde Mina se sentaba a hacer flores de papel, pero nunca entraba.
– El tiempo pasa sin hacer ruido – dijo.

Desde el principio los personajes y la acción se nos presenta, en cierto odo, desordenada. Bajo la apariencia de linealidad tenemos una mezcla de pasado y presente muy interesante. Lo que han sido las personas en el pasado las ha conducido a lo que son ahora. Lo que ocurrió en el pueblo ha provocado que la situación actual sea la que es, e incluso condiciona la forma de relacionarse de sus habitantes.

No es una novela larga, claro que no, pero no pasa mucho tiempo antes de que la intriga y natural curiosidad por saber quién pega los pasquines en las puertas se convierta en una sensación cierta de catástrofe inminente. Se podría decir que un gran componente de la novela es la explicación de cómo el poder influye en la persona en la cual recae, y cómo eso afecta a todo lo demás. En este caso, el máximo exponente del poder es el alcalde, siempre preocupado, siempre inquieto por algo.

 El alcalde solía pasar días enteros sin comer. Simplemente lo olvidaba. Su actividad, febril en ocasiones, era tan irregular como las prolongadas épocas de ocio y aburrimiento en que vagaba por el pueblo sin propósito alguno, o se encerraba en la oficina blindada, inconsciente del transcurso del tieimpo. Siempre solo, siempre un poco al garete, no tenía una afición especial, ni recordaba una época pautada por costumbres regulares.

Así que para comentar el libro, creo que lo mejor es contar lo menos posible de su desarrollo. Sí quería dejar mi opinión escrita, con los fragmentos que más me han gustado, pero baste con saber que el punto de partida es ese, un pueblo perdido, en medio de ninguna parte, pobre y con un problema de maledicencias en forma de pasquines.

En una mañana como esa, el doctor Giraldo había comprendido el mecanismo interior del suicidio.

También hay que decir que la historia no se queda ahí, y avanza. Y por sendas insospechadas. La acción es relativamente rápida, ya que en lo que abarca la novela tan solo hay 17 días. Claro que como he dicho con esos 17 días se está mezclando el pasado de todos los principales personajes, para darle riqueza y relieve a la historia.

– Eso es lo que estoy tratando de averiguar, pero nadie sabe nada. Por supuesto – añadió la viuda -, desde que el mundo es mundo el bando no ha traído nunca nada bueno.
Entonces la cocinera salió a la calle y regresó con los pormenores.  A partir de esa noche, y hasta cuando cesaran las causas que lo motivaron, se restablecía el toque de queda.

Como cualquier novela de García Márquez, a pesar de no tener en el centro una historia de pasión, ni amor, hay momentos para la sensualidad. Uno se puede imaginar a los habitantes de ese pueblo, perdidos de todo, sin esperanzas, sin mucho futuro y un pasado desagradable, acosados por el miedo y el peligro… y aún así, hay momentos de luz y pequeñas alegrías.

 A solo dos cuadras del cuartel el secretario del juzgado era feliz. Había pasado la mañana dormitando en el fondo de la oficina, y sin que hubiera podido evitarlo vio los senos espléndidos de Rebeca de Asís. Fue como un relámpago al mediodía: de pronto se había abierto la puerta del baño, y la fascinante mujer, sin nada más que una toalla enrollada en la cabeza, lanzó un grito silencioso y se apresuró a cerrar la puerta.

 ***

Tropezando con las palabras, sorprendido por un tropel de ideas que no cabían en los moldes previstos, descubrió a la viuda de Asís, rodeada de sus hijos. Fue como si los hubiera reconocido varios siglos más tarde en una borrosa fotografía familiar. Sólo Rebeca de Asís, apacentando el busto espléndido con el abanico de sándalo, le pareció humana y actual.

Así que para terminar, decir que La Mala Hora es de las primeras novelas de García Márquez. Se nota seguramente que su mano todavía debía escribir las que serían sus obras maestras y más conocidas. Sin embargo, eso no desmerece esta novela, que construye un escenario creíble, en un pueblo sin nombre que podría ser cualquiera, en un relato atemporal sobre el miedo y los desmanes del poder.

Autor: Gabriel García Márquez
Año primera publicación: 1962
ISBN: 978-8497592390
Número de páginas: 208
Leído en… español (Ed. Debolsillo)
La Mala Hora en Amazon.es

 

 

 

 

3 comments

  1. Yo he leído muy poco de GGM. Esta historia, no y con la excelente reseña de Sonia me será más fácil entenderla, aterrizarla y disfrutarla. Gracias

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