Café y trabajo…

Hoy volví a mi «vieja» oficina, y ¿sabéis cuál es una de las cosas que más echaba de menos? Bueno, sí, la gente y las mesas enormes y ese ambiente tan chulo de currar en una multinacional. Sí sí sí…

Pero una de las cosas que más añoré durante el mes de agosto fue esa cafetera tan chula que tienen en el comedor. Una cafetera igualita a una de bar, de una marca de prestigio, con su molinillo de café al lado, bricks de leche semidesnatada y café suministrados por la empresa, con sus tacitas y sus cucharitas de plástico.

Se parece a esta, pero muchíiisimo más cool y nueva

Nunca he sido muy cafetera. Lo creáis o no, durante mis años de universidad casi no caté el café y desayunaba con colacaos (una de mis cosas favoritas en el mundo). Alguna vez, antes de la Selectividad y durante mis estudios, intenté tragarme enormes tazones de café para mantenerme despierta… y nada, no me hacían ningún efecto. Así que como ya tenía mis maravillosos colacaos, nunca sentí la necesidad de tomar café.

En mi primer trabajo, la empresa era tan pequeña que no estaba más que yo, y a veces los jefes, en la oficina. En los lavabos casi ni se podía entrar y por supuesto no había nada parecido a un comedor o una cafetera… sólo la inexperiencia podía hacer que viera aquello normal. xD Pero en mi segunda empresa tampoco había, ni en la tercera… ¿la cuarta? ¡Ni soñarlo!

En la quinta empresa que trabajé, sí había máquina del café, de hecho había una en cada planta. Cada una tenía sus pecularidades, decían que el café de la séptima planta estaba más bueno. En algunas máquinas había incluso caldo (¿qué puede llevar un caldo de máquina?) y lo peor es que conocí a alguien que se lo bebió ante la atónita mirada de todos… Ahí ya caí en el vicio. Cuando te enfrentas a una máquina de esas, y tienes que elegir entre el pseudo-chocolate y el café… no sé qué haríais vosotros, pero le tengo respeto al chocolate como concepto y elegí café. Tomaba uno al llegar por la mañana, otro a media mañana y otro a media tarde. Al final, en la época del despiporre, tomaba tres durante la mañana.

A pesar de semejante vicio, el café nunca se ha convertido en mi desayuno favorito. Si estoy en casa o de vacaciones, mi desayuno es el colacao y de ahí no me mueve nadie. En casa me suele apetecer cualquier otra cosa antes que un café (y eso que la Nespresso los hace de lujo), y siempre he mantenido el vicio del café en el ámbito laboral.

Pues bueno, en la siguiente empresa (las tres peores semanas laborales de mi vida), había café, pero nadie salía a la calle a tomárselo o se lo tomaba de pie tranquilamente charlando… lo sacaban y se lo llevaban a la mesa. Y ahí fue la primera vez que tuve café gratis en el trabajo. Creo que de las pocas cosas buenas que recuerdo de aquella época.

Aaah, la siguiente empresa, donde estoy ahora. Ahí hay café gratis, pero con una cafetera de bar, que es como sale más bueno. Los primeros días me imponía respeto y no tuve la suerte de que me enseñaran a utilizarla, así que me sacaba café de máquina asqueroso. Pero entonces, un día alguien me explicó cómo iba todo: el molinillo, el chisme para calentar la leche y hacer espuma, todo lo demás… y con el tiempo me han llegado a salir unos cafés de auténtico escándalo. Con espumita, calentito, humm.

Eso lo eché de menos durante el mes de agosto. En la otra empresa había máquina del café, pero de las de moneditas. Me costaba 50 céntimos el café, y además no estaba ni la mitad de bueno.

Lo dicho, de vuelta al hogar… ¡hasta que me echen! xD

(Por cierto, que nadie me malinterprete… independientemente de que me guste escaquearme en ocasiones o me tome determinadas licencias en el trabajo, soy una máquina y lo compenso de sobra ;D)