Fragmento de "Rayuela" de Julio Cortázar

“Pero el amor, esa palabra… Moralista Horacio, temeroso de pasiones
sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor
se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos
los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños,
de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí
ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te
quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a
saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no
estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que
me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería
lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me
atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de
un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un
solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor
es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te
quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será
cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico
Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor
revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde
donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una
lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que
sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a
brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la
hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname. Me estás alcanzando
una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien
así. También puedo ser grosero, fíjate. Pero fíjate bien, porque no es
gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones,
son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los
atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total
parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin
hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas.
De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha
gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen,
te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera
un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos
dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la
elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta
los huesos cuando salís de un concierto.

(…)»

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