Libros leídos en 2009 (XXIX): Por el tiempo, de Robert Silverberg


FICHA TÉCNICA

Título original: Up the line
Autora: Robert Silverberg
Editorial: Miraguano Ediciones
Páginas: 221
ISBN: 84-7813-064-0
Año publicación en inglés: 1969


RESEÑA

No hace mucho que leo libros de ciencia ficción. Pero de un año para acá o así, me ha dado por interesarme en un género literario que, por algún extraño motivo, pensaba que no me gustaba. Y por eso hace meses, compré este libro en el Mercat de Sant Antoni en Barcelona, donde se pueden encontrar montones de libros de ciencia ficción y fantasía (en mi puesto favorito, ninguno de los demás le llega a la suela de los zapatos a ése).

En este libro se habla de los viajes en el tiempo. Pero no de cualquier modo, sino todo el rato, todo el rato viajan en el tiempo, o, en el lenguaje del libro, y una expresión a la que alude el título en inglés, descienden o remontan la línea. En 2059, Jud Elliott, el protagonista, en un momento de su vida en el que no sabe qué hacer ni a donde ir, decide hacer caso a un extraño hombre negro que acaba de conocer, Sam. Sam trabaja de camarero y también de Guía Temporal, y convence a Jud de que opte al puesto. Jud, en ese momento no tiene nada mejor que hacer y todo le da bastante igual, así que lo intenta, y lo admiten.

Al haber cursado estudios de Historia sobre Constantinopla, le destinan allí. Los Guías Temporales se dedican a pasear a turistas adinerados por momentos históricos del pasado, con la ayuda de unos aparatos llamados «cronos». En el pasado, se puede hacer cualquier cosa, o casi cualquier cosa, siempre que no se creen paradojas temporales. Uno no se puede relacionar con la gente de la época, o follárselos, tampoco pueden llamar mucho la atención, no pueden llevarse objetos para negociar… y para vigilar que esas normas se cumplan existe la Patrulla Temporal, que se dedica a detectar las paradojas temporales y corregirlas yendo atrás en el tiempo antes de que ocurra el hecho en cuestión y evitándolo, o deteniendo al sujeto antes de que viaje al pasado.

Pero claro, las normas están para romperlas. Hay guías temporales que tienen una vida paralela en el pasado, otros que comercian, los que se tiran a antepasadas suyas, y cosas así. Un claro ejemplo de todo esto es Metaxas, un Guía al que Jud admira y al que intentaré seguirle los pasos.

Pero Jud comete un error demasiado grande a causa de la incendaria pasión que siente por su tatara-tatara-abuela (a la que conoce por casualidad en el tiempo y espacio donde Metaxas tiene una villa cercana a Constantinopla), un error que ningún Guía Temporal ha cometido nunca, y lo difícil será resolver todo ese embrollo.

El libro es de narración ágil en primera persona y contado en pasado. Me sorprendió ver como el viaje en el tiempo era tratado de una forma amena y ágil, y definitivamente, me ha parecido un libro de ciencia ficción muy bueno. No sé si es uno de los clásicos del género, pero si no lo es, debería serlo.

FRASES Y FRAGMENTOS

Naturalmente, todo viajero temporal que abandona el refugio transitorio es vulnerable en cuanto regresa a su punto de partida al final de la línea. En otros términos, si usted vuelve por la línea y mata a su abuelo antes de su boda, no desaparecerá en el acto, pues estará usted protegida por la paradoja del Efecto Benchley. Pero, en cuanto vuelva usted al presente, dejará de existir, pues el resultado de la alteración de su propio pasado será la desaparición de su malla temporal en el presente. ¿Está claro?


– Jud Elliott -respondí-. Guía.
– Dave Van Dam -me dijo él a cambio-. Patrullero. -su enorme mano se tragó la mía-. Te aviso: que no te pille follando en la línea. No es que haya nada personal, pero soy un auténtico cabrón. Es muy fácil odiarnos; somos incorruptibles. ¡Búscame y me encontrarás!


-… Mira, muchacho, cuando me haya cansado de la existencia más de lo normal, no tendré más que volver a buscar una de esas personas, una sólo, ¡y matarla! Quitarle la vida cuando, por ejemplo, no sea más que un niño. Luego, volver al tiempo actual. ¡Y en el mismo instante, sin dolor, mi propia vida dejará de haber existido!

Metaxas nos comentaba cuidadosamente todas las matanzas, lo había cronometrado todo en las docenas de viajes que realizó antes de aquél, y sabía exactamente dónde había que estar para ver algo interesante.
– Tenemos que saltar seis horas cuarenta minutos -dijo.
– Ahora, saltemos tres horas y ocho minutos.
– Saltemos una hora y media.
– Ahora, saltemos dos días.
Vimos todo lo importante. Mientras la ciudad todavía estaba en llamas, Justiniano envió obispos y sacerdotes con las santas reliquias: un trozo de la verdadera Cruz, la virgen de Moisés, el cuerno del carnero de Abraham, los huesos de algunos mártires; los aterrados esclesiásticos desfilaban valientemente por la ciudad, implorando por un milagro… que no se produjo.


– Te presentaré a mi tataranosecuántosabuela cuando vengas -me replicó sonriente-. Es una terrible folladora. ¿Te acuerdas lo que dije sobre lo de acostarse con los antepasados? ¡No hay mejor cosa!


En lugar de cometer aquella tontería, para preservar el poco humor que me quedaba en aquella época de desgraciada pasión, firmé para participar en la gira de la peste negra.
Sólo los excéntricos, los paranoicos, los locos y los pervertidos viajan en giras parecidas: no hace falta decir lo fuerte que es la demanda.


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