Por qué a veces los carteros se merecen todos los males


Una foto de un cartel que vi el otro día, en una calle cerca de donde vivimos.

Como no salió muy bien la foto con el móvil, transcribo:

Sr. Cartero o contrata
las cartas se
introducen en el
buzón del
destinatario.
Para eso le pagan.
La correspondencia
es privada y se pierde.

Gracias

No sé por qué, creo que ese «gracias» va cargado de ironía.
Bueno, bueno, este post no es para reírme, porque, pensadlo bien, es una cosa muy seria. Imaginaos que llegais un día a vuestro portal, y dentro de la puerta, pero fuera de los buzones encontrais las cartas de todo quisque de la escalera. Cartas del banco, de hacienda, lo que sea, facturas… a mí me pasó, porque al poco de comprar el piso, llegábamos a veces a la hora de comer y encontrábamos todas las cartas desparramadas por la entrada. La gente de la calle no podía cogerlas, no, pero cualquier vecino podía agacharse, recogerlas una por una, y enterarse de qué facturas tenía cada uno de los demás, o cuanto debe al banco. Lo vimos tres veces, y cuando dije «la próxima vez presentaremos una queja en Correos», no volvió a pasar.
Por lo visto, dos meses después, está pasando cerca de nuestra casa. Ya sea cartero, o contrata, espero que no haga lo mismo con mis cartas y/o paquetes, porque si veo que vuelve a pasar, no esperaré y presentaré una queja en Correos bastante contundente. Suele funcionar.
Y los vecinos del cartel tienen mucha razón: «para eso le pagan». Ser cartero es recorrer las calles, tocar el timbre para acceder a los portales, y echar las cartas en los buzones correspondientes. Si no hacen esto último, ¿se podría decir que están dejando de hacer un tercio de su trabajo? Manda huevos.

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