Libros leídos en 2009 (XI): Satori en París, de Jack Kerouac


Satori en París es nada más y nada menos que la narración en primera persona de Kerouac de su viaje a París y la Provenza para averiguar el origen de su apellido y datos sobre sus antepasados. Allí se pasa 10 días y como se puede ver, hace mucho más que recorrer bibliotecas. En la línea de sus otros libros, y esta vez con su propio nombre, vive alguna que otra aventura que incluye bares, mujeres a las que se lleva a la cama (o se lo llevan a él), y vive más de una aventura y más de dos debido a su despiste y por falta de conocimiento de las costumbres del país. Más que nada es una divertida crónica de su visión y experiencias con los franceses, con los cuales puede entenderse por conocer el idioma pero a veces no llega a lograrlo por temas de carácter.

Lo primero que llama la atención del libro es su título, «Satori en París», porque yo por lo menos no tenía ni idea de lo que significaba «satori». Pues bien,

En algún momento durante mis diez días en París (y Bretaña) experimenté algún tipo de iluminación que parece haberme encaminado de nuevo hacia lo que, parece, será mi esquema vital para los próximos siete años o quizás más: en efecto, un satori: término japonés para la iluminación repentina , despertar repentino o simplemente una «patada en el ojo». Vamos, que algo sucedió, y tras las primeras ensoñaciones al regresar a casa aquí estoy, reorganizando todos esos confusos y densos acontecimientos que se precipitaron en aquellos diez días.

Este viaje lo emprendió Kerouac cuando contaba 43 años, y por lo tanto, dado que moriría en 1967 a los 47, nunca llegaría a vivir esos siete años más. No puedo decir que sea una novela de las mejores de las suyas, pues no es una novela, sino una crónica personal y al desnudo de lo que pensaba y se le ocurría aquellos días. Como en todos sus libros, sin embargo, y en el trasfondo de esas anécdotas divertidas y que a veces nos parecen conmovedoras, detrás del carácter abierto y sociable de Kerouac, se adivina un trasfondo triste, de quien nunca se da por satisfecho con nada, que siempre busca más y quiere más.

Un buen libro, a mí me ha gustado y aunque como dije no tiene la acción ni toda la poesía de otros libros qeu escribió más joven, se consigue aprender algo leyéndolo, como que

independientemente de cómo se viaje, de los atajos que se tomen, del cumplimiento o no de las expectativas, uno siempre acaba aprendiendo algo.

Y ahora, para terminar, un par de frases que también me he apuntado:

Sucede que las mujeres reflexivas me aman y luego se dan cuenta de que me emborracho por todo el mundo y descubren que no soy capaz de dedicarme sólo a ellas por mucho tiempo y empiezan los celos y yo no soy más que un idiota enamorado de Dios. Así es.

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Pero decía que no sé como recibí aquel satori y lo único que puedo hacer es empezar por el principio y tal vez lo averigüe justo en el punto clave de la historia y llegue en volandas al final de este relato escrito sin otro objetivo que el del compañerismo, otra definición (mi preferida) de literatura. La historia contada desde el compañerismo y que transmite religiosidad, o reverencia religiosa acerca de la vida real, en este mundo real en el cual la literatura debería (y aquí lo hace) reflejarse.

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Los escombros de toda aquella locura acumulada durante siglos crujían por toda la biblioteca, como si de alguna forma hubiera que llevar registro de la locura en el Viejo o en el Nuevo Mundo, al igual que mi propio armario, increíblemente abarrotado de miles de cartas, polvo, revistas, marcadores deportivos de la niñez. De esto me di cuenta al despertar de un sueño profundo la otra noche, chirriando sólo de pensar que eso mismo hago yo durante las horas que paso despierto: cargarme de esa chatarra que ni yo ni nadie querrá ni recordará jamás en el Cielo.

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