Stephen King, sobre la música popular (artículo EW, 24/09/10)

Artículo original publicado en Entertainment Weekly
Traducción por Sonia Rodríguez
*He agregado vídeos en Youtube de algunas de las canciones que menciona King en el artículo *

Si revisáis los archivos de Pop of King en EW – una cosa que os animo a hacer a menudo – veréis que he tocado muchos aspectos de la cultura popular, desde la television hasta los irritantes “extras” de DVD que los egocéntricos cineastas se sienten forzados a dejar en sus discos. El tema sobre el que he escrito menos es la música pop. No porque no me encante, porque así es. Hay escritores que hacen un gran trabajo en este tema – Dave Marsh, Greil Marcus, y el difunto Lester Bangs son tres de los mejores – pero nunca seré uno de ellos. Podrías también preguntarle a una adolescente por qué pasa tanto tiempo deseando ser Bella y que su Edward llegue para sacarla de su vida normal. Es eso lo que la música pop hace por mí, cuando alcanza la dulce cima: le da la vuelta a mi vida normal como a un bolsillo and cubre mis pies con polvo de la felicidad. “Tu amor me eleva más y más”, cantaba Jackie Wilson en 1967, y eso es lo que siento yo con la música pop. Tiene que ser amor verdadero, porque nunca ha muerto.
Para mí, la historia de amor comenzó cuando tenía 9 años y vivía en el Maine rural. Teníamos solamente una cadena de radio, WLAM de Lewinston-Auburn. Se especializaban sobre todo en canciones para la siesta (por ejemplo Perry Como, Dean Martin, y las Hermanas McGuire), pero un día de aquel verano mi hermano David vino corriendo escaleras arriba, con mirada de loco, y me gritó que fuera y escuchara lo que había en la radio. “¡Es una locura!”, gritó. “¡Es TOTALMENTE GUAY!” Era las dos cosas. Era Jerry Lee Lewis cantando a voz en grito “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On”. No solo estaba tocando el piano; lo estaba destrozando. Mucho después escuché que en realidad prendía fuego a su instrumento cerca del final de la actuación, y me pareció perfectamente natural, porque la canción me hacía sentir como si estuviera ardiendo.

Eso es lo que hace que sea difícil escribir sobre ello, sabéis. El mejor rock no va sobre pensar, sino sobre estar en llamas y encantado de arder. Y a diferencia de muchas de las cosas que pulsan nuestros botones de la felicidad cuando somos niños, esta sensación permanece. La primera vez que escuché la increíblemente alegre y con sabor a ska “Into Action”, de Tim Armstrong, tenía 60 años, pero la sensación de desenfrenada alegría de que una canción tan magnífica exista en el planeta Tierra fue tan fuete como si tuviese 9, cuando me expuse por primera vez al piano de Jerry Lee. Dejé mi ordenador y comencé a bailar pogo por mi oficina, sacudiendo mi anciano culo hasta que mi mujer me advirtió que parara para no provocarme un ataque cardiaco. Paré… pero en cuanto ella se hubo ido, empecé de nuevo. No podía remediarlo. Mirad el vídeo en YouTube, y prestad especial atención al sombrero increíblemente guay que lleva el Sr. Armstrong. Es la esencia del rock & roll, pero no puedo deciros por qué. Solo tenéis que verlo – como el loco y balanceante cabello de Jerry Lee – en conjunción con la música.

Creo que puedo recordar exactamente donde estaba cada vez que alguna canción en particular me golpeó como un relámpago. Como una bala a lo largo de la I-90 a 80 millas por hora en el norte de New York cuando una canción titulada “Brown Eyed Girl” salió en la radio. Dirigiéndome hacia unas carreras de stock-car en Oxford Plains Speedway y siendo electrizado por “Subterranean Homesick Blues” de Dylan, un rap blues a todo volumen como jamás he escuchado en la radio. Llevando a casa el disco Let It Bleed de los Stones y escuchando los misteriosos acordes que abren “Gimme Shelter”. “War, children, it’s just a shot away”, canta Mick. Durante años pensé que era “Oh, Children, it’s just a shot away”, ¿y qué? Esa es una de las cosas buenas de la música pop. La escuchas como quieres. A veces la letra equivocada puede estar bien. Mejor, incluso.

El suministro es infinito. “Turn the Page”, de Bob Seger, y la genial version de la misma, por Metallica. “1952 Vincent Black Lightning”, de Richard Thompson, con esos machaques increíbles de guitarras y esa letra magnífica (“Red hair and black leather/My favourite color scheme”). “Sheena is a Punk Rocker”, de los Ramones. “At the Hop”, de Danny & the Juniors. “Shake it”, de Metro Station. “Boogie Shoes”, de KC and the Sunshine Band.

¿Y cuántos más? Oh, voy a decir 6.000, pero ¿puedo escribir sobre ellos? ¿Puedo explicar cómo una buena canción es como un buen beso? No. Todo lo que puedo hacer es referiros al difunto Jackie Wilson y decir que cada una me eleva más y más alto.

6 comments

  1. Lo cierto es que los gustos musicales (y más que nada la idea que tiene él de la música) no coincide mucho con la mía, pese a que compartimos algunas cosas.

    Gracias por la traducción, Sonia!

  2. ¡Ays! No viene al caso, pero esta noche soñé contigo y con Carlos… vaya paranoina de sueño, casi no me acuerdo, pero pasaba en tu casa, que estaba cerca de la mía,… En fin, una curiosidad, 😉 Besos!!

  3. PILAR, tengo unas cuantas entradas tuyas pendientes de leer, perdona, luego me pasaré a ver qué hay!! ^^

    ALCORZE, yo tampoco coincido en gustos, se nota la diferencia de edad porque está hecho un abuelete, jeje. En cambio, yo sí que me siento en parte identificada en su pasión por la música… De ná, ya sabes que me encanta esto! ^^

    VIR, ¿pero tú dónde vives más o menos? A ver si va a ser verdad que vivimos juntas… eh, pues la verdad es que me halaga que te acuerdes de mí durmiendo, qué fuerte!

    LUGHNASAD, sí, sí, es el abuelo rockero ya a estas alturas… y le gusta el rock más bien clásico. De nada!

    JO GRASS, es que yo soy traductora frustrada y sin estudios, y me gusta traducir por placer. ^^
    A mí de King me encanta como escribe sus artículos, por eso siempre los traduzco. Por eso, y para el Ka-Tet, portal sobre Stephen King. ;D

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