Stephen King – Sobre los Premios de la Academia (columna EW – 08/03/10)

Por Stephen King
Columna publicada originalmente en EW el día 8 de marzo de 2010
Traducción por Sonia Rodríguez

Cuando le preguntas a Google por qué a los Premios de la Academia se les llama Oscars, consigues la respuesta más rara de Internet: ¿Quién sabe? Algunos dicen que Bette Davis es la responsable; de acuerdo con la historia, bautizó a su premio de 1936 (por interpretar a una actriz alcohólica en Dangerous) con el nombre de su primer marido, el director Harmon Oscar Nelson. El único problema con esto es que Walt Disney, según se dice, se había referido a su estatuilla como Oscar dos años antes, cuando ganó el premio por mejor corto de animación.

La historia que me parece más plausible – también es la que más me gusta – es que el nombre le fue otorgado por Margaret Herrick, que fue directora ejecutiva de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences desde principios de los años 40 hasta su jubilación en 1971. La señora Herrick sólo era una bibliotecaria en 1931, cuando comentó que la estatuilla le recordaba a su Tío Oscar.

Ah, Tío Oscar. O eso suena correcto o vuestro tío Stevie está loco. Y vuestro tío Stevie no está loco.

Cada año cuando se acerca la época del Tío, se me ocurre que las personas a las que simplemente les gusta ir al cine les encantan los Oscars, pero a las personas a las que realmente les encanta ir al cine sólo les gustan los Oscars. Como tío que se siente decepcionado si no ve al menos 80 películas al año, me coloco en el segundo grupo. Puedo apreciar a una mujer bella con un hermoso vestido, pero no podría importarme menos el desglose de moda de quién lleva qué o cómo de bien le queda. Para mí, los planos de gente hermosa codeándose en sus asientos no son más emocionantes que los primeros planos en televisión de atletas sentados en el banquillo durante una parte aburrida del partido, y una alfombra roja es sólo algo sobre lo que caminas para evitar la lluvia.

Además, no he tenido un perro en esta pelea desde que The Green Mile [La Milla Verde] fue nominada para Mejor Película y mi amigo Frank Darabont consiguió una nominación para Mejor Guión Adaptado en 2000. La noche de los Premios de la Academia cojo mis snacks – normalmente algo bajo en calorías, como cortezas de cerdo con sabor barbacoa – y los miro hasta que me quedo dormido. Normalmente termino leyendo quienes han conseguido los grandes Tíos en Internet al día siguiente – por no mencionar cualquier tontería que hayan dicho. Realmente es una tontería, en conjunto, pero está bien. Porque no importa. Ni tampoco los premios en sí mismos, excepto quizás para los que los reciben y ciertamente para los cuenta alubias, que saben que unos pocos Tíos de oro en los Premios de la Academia pueden significar muchos más Benjamines en la taquilla. Que los premios tengan un apodo concedido sin cuidado (por no mencionar encantadoramente tontorrón) me parece adecuado.
 

Lo que importa son las películas en sí: las realmente buenas, las realmente interesantes (que a menudo son las que están nominadas pero no ganan). La mayoría de las películas no son ni buenas ni interesantes. Creo que sabemos esto. Ocasionalmente sale una tan excepcionalmente mala – estoy pensando en Gigli y la perfectamente horrorosa Freddy Got Fingered – que nos maravillamos ante ella. Para tales excrecciones cinemáticas que hacen historia tenemos los Razzies. Pero la mayorái de las películas – material como la olvidable Public Enemies de Michael Mann – solamente son mediocres. No hay Tíos para ellas. Ni Razzies, tampoco.

La cosa es, las películas son un arte de colaboración, y las personas creativas a menudo no juegan bien con otras. La armonía es rara. Cuando ocurre, siento una gratificación sublime, y es esto – la esperanza de esto – lo que hace que siga volviendo. No necesitas un especial de televisión peripuesto para decirte que Jeff Bridges está magnífico en Crazy Heart, y lo que sea que Bridges pueda decir si gana es bastante irrelevante, porque lo dejó todo allí en la pantalla, y resultó – oh hombre afortunado – estar rodeado de las personas adecuadas para ayudarle a hacerlo.

Un evento final del Tío Oscar para poner en vuestros calendarios el año que viene: Si no conocéis los «31 Días de Oscar» en Turner Classic Movies, os estáis perdiendo el mejor valor de lejos del cable básico. Los colores son vibrantes, el sonido es fresco, y las películas de pantalla ancha están apropiadamente adaptadas. Las películas en blanco y negro todavía son mejores, las copias parecen tan frescas y limpias como el día en que se rodaron. Este año TCM emitió 360 ganadoras de Oscar y nominadas alucinantes, yendo desde I Am a Fugitive From a Chain Gang hasta Alien. Todo sin anuncios. Sin bellas damas con vestidos bonitos, pero está bien; yo siempre elijo a las películas por sí mismas antes que al Tío Oscar.