Artículo y entrevista a Richard Matheson (Misteryfile, 2004)

Ya hace tiempo que tenía esta entrevista vieja a Richard Matheson por ahí rondando y pendiente de ser traducida. Más que entrevista, se puede decir que tiene un 40% entrevista y un 60% de artículo sobre el autor. Y lo que me gusta es que comenta libros que no suelen ser conocidos. Es más, el autor del artículo comenta libros que no son los típicos que la gente conoce de él (La Casa Infernal, Soy Leyenda, El Hombre Menguante, etc.). Es una buena manera también de orientarse a la hora de elegir una u otra de las muchas novelas que ha escrito este buen hombre.

Así que espero que lo disfrutéis, tanto el artículo como la breve entrevista. Eso sí, es un ‘poquito’ largo todo. ;D

Por cierto, mi afición es traducir Matheson en los ratos libres. Desafortunadamente, estos no han abundado últimamente, pero me gustaría retomar. Si alguien tiene alguna petición o quiere que traduzca algo en especial, que me lo diga e intentaré hacerlo. Eso sí, no garantizo que sea un plazo corto. Por ahí tengo ‘Now you see it…’ para quien la quiera, y me llevó meses de ratos libres. De todos modos, ahí queda la oferta. En mi poder tengo la mayoría de los libros de Matheson en inglés, y estoy intentando hacerme con la totalidad de su obra en ese idioma, ya que en español sólo hay una pequeña parte, y para eso, maltratada en algunos casos por traducciones chapueceras y horribles.

Ahora sí, os dejo con el artículo.

ED Gorman Calling: Hablamos con Richard Matheson
Entrevista publicada en inglés en la web www.misteryfile.com, en 2004.
Por Edward J. Gorman
Traducción a cargo de Sonia Rodríguez

Cada vez que he escrito sobre Richard Matheson a lo largo de los últimos treinta años, he empezado de la misma manera.

La noche del baile de mi octavo curso. Mi primer baile de verdad. Estaba emperifollado al máximo. Traje negro con camisa rosa y corbata negra. Como el que había visto a Gene Vincent llevar en el club de baile local un par de meses antes.

En esta fría noche de febrero tengo una misión. Voy a conseguir al menos un baile con la chica de la que he estado enamorado con fidelidad embarazosa desde quinto grado. Tiene que ser consciente de mi penosa condición – Dios sabe que me he humillado lo suficiente a causa de eso – pero está demasiado ocupada rechazando chicos del instituto. Su belleza es también visible para ellos.

Bien, amigos y vecinos, esta noche, no me va bien con ella. Los delincuentes habituales con los cuales suelo holgazanear no están por ahí. Ven este baile como estrictamente aburrido. Me he quedado, el único chico allí con un auténtico tupé, para hablar con chicos con el pelo cortado a cepillo y gomina y trajes grises. Tal como recuerdo, fueron bastante amistosos pero cautos conmigo a causa de la pandilla de duros con la que iba. ¿Qué demonios estaba haciendo allí?, preguntaban. Y pronto, yo también me lo pregunté.

Resumiendo: ella bailó con cinco o seis chicos diferentes, y luego un rompecorazones de segundo curso (sólo preguntadle) hizo algo así como embrujarla. No bailó con nadie más que él. Mi oportunidad había pasado.

Me fui a casa pronto en esa noche de invierno. Hacía frío pero al menos las sombras eran consoladoras. Me sentía mucho menos estúpido en la oscuridad.

A tres manzanas de mi casa había una farmacia que no cerraba hasta las 10.00. Me paré allí para comprar una Pepsi y un cigarrillo. Como siempre, miré el expositor de metal de los libros de tapa dura. Era el 1955. Probablemente me sonaba el nombre Richard Matheson de unas cuantas revistas de ciencia ficción que había empezado a leer, pero nunca había visto un libro suyo antes.

Me llevé Soy Leyenda a casa, y a las dos páginas olvidé mi corazón roto por completo. Nunca había leído un libro que me transportara de forma tan total dentro de su realidad. No sólo estaba en una historia de suspense angustiosa, tenía un poder emocional y resonancia que permanecerían conmigo el resto de mi vida.

Esa noche, Richard Matheson se convirtió en uno de mis tres escritores favoritos. Ha permanecido ahí durante más de 50 años.

De vuelta a 1955, dividía mi lectura entre las novelas de misterio y la ciencia ficción. Generalmente me sentía más cercano a las de misterio, especialmente las novelas de Gold Medal de John D. MacDonald, Charles Williams, Peter Rabe, Lionel White, y varios otros por una sencilla razón: El mundo en el que tendían a ambientar sus historias era mi mundo, un vecindario de clase obrera con más tabernas que iglesias, una estación de autobuses Greyhound, partidas serias de dados y poker que se jugaban en sótanos inmundos, un buen número de chicos y chicas adolescentes que sin distinción eran enviados al reformatorio o incluso a la cárcel, y policías que siempre estaban metiendo a tus amigos en la cárcel, especialmente si se daba el caso de que eras negro, como lo era un cuarto del vecindario en aquellos días.

Las siguientes dos novelas que leí de Matheson fueron Fury on Sunday y Someone is Bleeding. Eran en todo momento tan brutales y reales como cualquiera de mis escritores Gold Medal, y con una atracción añadida: en las novelas de Matheson, el romance, a menudo un romance doloroso, conducía la historia tanto como la violencia. A día de hoy prefiero que mis novelas tengan historias entre hombre y mujer en ellas. No romance. Sino romance.

Un año después o así, Bantam editó la primera edición para el gran público de su colección Third from the Sun (El tercero a partir del sol). Amigos míos que odiaban leer devoraron cada página de ese libro. Si la materia hubiera sido Los Trabajos de Richard Matheson, estos chicos habrían ido a la universidad en lugar de suspender en el instituto.

Matheson fue uno de los primeros escritores a quienes copié conscientemente. Esas frases cortas que se quedaban clavadas. Esos escenarios claramente definidos. El diálogo podía crear un ser humano en sólo unas líneas. Y líneas argumentales que no te dejaban escapar. Creo que leí “Dying Room Only” tres veces el día que lo encontré en una revista pulp en una tienda de segunda mano. Sí, sabía escribir humor y aventuras e incluso historias ambientadas en mundos remotos. Pero lo que mejor sabía hacer – fuera cual fuera el escenario o la historia o el tono – hacía imposible abandonar fuera cual fuera la historia que estuvieras leyendo. Las personas eran tan jodidamente reales, y sus dilemas tan jodidamente urgentes.

También era capaz de sorprender constantemente a sus lectores eligiendo los tipos de historias y novelas que les atraían. Aunque se le conoce como escritor de terror, estaba igualmente dotado para el suspense, las novelas del oeste, y piezas inclasificables. Lo que continúa haciendo hoy con una variedad de tipos de historia y al demonio con la consistencia de su carrera.

Su interés serio en lo sobrenatural se expresó por primera vez en Hell House (La Casa Infernal). Su interés serio en los temas espirituales se expresó por primera vez en What Dreams May Come (Más allá de los sueños). Ahora, podréis discutir que estas novelas han evolucionado de forma natural de algunos de sus trabajos previos. Bueno, sí y no. Sí, había escrito historias sobre encantamientos y sobre lo sobrenatural antes, pero nunca con el propósito singular y serio de Hell House. Y sí, su trabajo había tocado temas de viaje en el tiempo y el universo cuántico antes, pero nunca con la extensión y con la dolorosa belleza de What Dreams May Come.

Lo mismo con las novelas de Oeste. Excepto por unas pocas historias del principio, Matheson nunca había intentado en serio trabajar con el más venerable de los géneros. Pero cuando lo hizo, con Journal of the Gun Years, escribió lo que tiene que ser uno de los Westerns más únicos y poderosos del último cuarto de siglo. Con una sola novela, se colocó a la altura de los grandes, Elmer Kelton y Ernest Haycox y Elmore Leonard.

No hay modo de cubrir mis libros favoritos de Matheson en profundidad en este artículo, pero me gustaría hacer unas pocas reflexiones sobre un escritor que nunca he dejado de leer. Virtualmente todo su trabajo ha mejorado con la edad. El difunto escritor de misterio Erle Stanley Gardner – cuyas sabihondas novelas de A.A. Fair creo que disfrutaréis tanto como yo – escribió alguna de su ficción de un modo que era “atemporal”. Al menos esto era lo que pensaba que estaba consiguiendo al no hacer casi nunca referencias contemporáneas en sus últimas novelas de Perry Mason. Sin citar títulos de canciones, ni títulos de películas, ni estilos de moda. Pero Gardner se pasó de listo con esta treta. Lo que consiguió no fue la “atemporalidad” sino una esterilidad extraña en los escenarios. El último de Mason ocurre en un mundo que no tiene realidad. Es como rodar una película con los actores en pie delante de un muro blanco. Recomendé sus A.A. Fair porque tienen mucha atmósfera, especialmente los que están ambientados durante la Segunda Guerra Mundial.

Menciono esto porque aunque las descripciones de Matheson del tiempo y el espacio son normalmente escuetas, aún así consiguen evocar la década en la cual fueron escritas. El primer par de páginas de A Stir of Echoes (El Último Escalón), por poner un ejemplo, establece cuidadosamente y de forma evocadora que nuestros protagonistas y sus vecinos son gente de la clase obrera, algo que la infravalorada adaptación a película tuvo el valor de reflejar.

Así que ahora algunas – pero no todas – de mis novelas favoritas de Matheson. Pero no los clásicos como I Am Legend (Soy Leyenda) y The Shrinking Man (El Increíble Hombre Menguante). Preferiría hablar sobre unas pocas de las novelas e historias que no parecen tener mucha mención. The Shrinking Man es invariablemente y merecidamente alabada por sus fragmentos de acción, especialmente la larga escena con Scott Carey luchando contra la araña viuda negra. Pero os diré, para mí la escena más difícil de escribir, bien puede haber sido cuando Carey, con 49 pulgadas de altura, intenta hacer el amor con su mujer. Porque lo que tenéis aquí, amigos y vecinos, es una broma de mal gusto. Pensad en qué broma de barra de bar hubiera inspirado la situación en otras manos. George de Seinfield y su problema de “encogimiento” (sí, señoras, realmente encogen cuando has estado en agua fría) no era nada comparado a las experiencias de Carey. Pero Matheson convierte esta en una de las escenas más tiernas y emocionalmente poderosas del libro. Podría haber sido morbosa y rara, y aún así define el amor de Carey por su mujer Lou de un modo que ninguna otra escena del libro llega a igualar.

Earthbound normalmente se desecha por ser una obra menor de Matheson, y nunca he sido capaz de figurarme por qué. El bestseller Stuart Woods hizo un libro titulado Under the Lake que utilizaba muchos de las mismas figuras ret´rtropos y trucos. No copiaba el libro de Matheson – puede que ni siquiera lo leyera – pero nos mostraba cómo no escribir una novela acerca de ser poseído por mujeres sobrenaturales hermosas y de gran erotismo (aunque, para ser sinceros, hay algunos fragmentos de escritura largos yagradables). Matheson toma lo que es esencialmente el material para un chiste verde – un espectro femenino con ninfomanía – y lo convierte en una mirada seria y conmovedora a un matrimonio que está empezando a fallar, y a un hombre que ha empezado a cuestionarse algunos de sus valores claves. El uso de imágenes del árido invierno a la orilla del mar como contraste con el calor del fantasma es destacable, como lo es el dolor de la esposa que no puede entender – o ni siquiera enfrentar – lo que está pasando su marido. Es una lectura endemoniadamente buena, sólida y escalofriante. Esta es una de las pocas historias sobrenaturales que siempre he encontrado creíbles, por cierto.

Ride the Nightmare. Esta novela se desvaneció virtualmente durante dos o tres décadas. Hubo una versión Alfred Hitchcock Presents de él que le gustó a mucha gente, pero que fracasó, para mí, en captar el singular terror escalofriante de la novela. Material familiar convertido en una obra maestra, si queréis una línea que resuman esta novela. Un hombre casado respetable con Pasado encuentra que su vida se convierte en un horror cuando una pareja de matones de su pasado aparecen e intentan chantajearlo para que los ayude con un nuevo trabajo. Hay una sensación particular de los cincuenta en este material que enriquece el modo en el que Matheson maneja el matrimonio en este. Le va bien la fecha porque habla de y para su era. Os diré la verdad – ya seáis un profesional establecido, o un principiante, si queréis tomar un curso de posgrado en escritura de novelas de suspense, memorizad este libro.

Shadows on the Sun. Aquí tenéis, un Western de terror, el único Western de horror bueno que he leído/visto/escuchado nunca, de hecho. Fue originalmente un guión pero se adaptó bien, gracias, a la prosa. Hubiera sido una película realmente agradable de televisión tiempo atrás (no cuento todos esos melodramas nocturnos de los sábados y los domingos como películas de televisión – son sólo capítulos largos de culebrón). También sería una novela gráfica especialmente buena si alguien se interesara. Aquí, la atmósfera y el argumento triunfan sobre el personaje, aunque Matheson nos da algunos atisbos realmente buenos sobre algunas personas agradables. Su mezcla de tradición sobrenatural india con el realismo de tintineo de espuelas de las tropas tradicionales del Oeste funciona muy muy bien.

The Beardless Warriors es otra de esas novelas de Matheson que desaparecieron durante décadas tras una primera aparición exitosa. Esta es fácilmente una de sus novelas más conseguidas por dos razones – es, para mí por lo menos, la más ambiciosa en términos de los problemas de escritura que plantea para él mismo. La primera dificultad es dar forma a un drama de ritmo rápido sobre un grupo de jóvenes reclutas. Un grupo, daos cuenta; un grupo pero hacerlos a cada uno lo bastante individuales como para recordarlos como personas separadas. No es un simple drama. Tiene que describir una guerra, el lugar del soldado raso Everett Hackermeyer en esa guerra, y la reacción de un joven a los numerosos pequeños dramas a su alrededor. Me encanta este libro, y por lo general odio las novelas bélicas. Pero Matheson interpreta la sinfonía completa – acción, tragedia, intensidad, humor, la tradición de la batalla épica, y un retrato impactante de los sentimientos de un joven sobre las necesidades de la guerra. No hay nada del crápula John Wayne aquí. Es mucho más del estilo de LA CHAQUETA METÁLICA de Samuel Fuller, reflejando el tedio y terror y ambivalencia de los jóvenes soldados en la batalla. No puedo sobreestimar la gracia o poder de esta novela.

What Dreams May Come (Más allá de los sueños) Mi mujer, Carol, leyó esto poco después de ser diagnostica de Esclerosis Múltiple. (No hay que preocuparse, ahora no tiene síntomas). El libro cambió su vida, como siempre le dice a la gente cuando les recomienda encarecidamente que lo lean. Encontró en él elegancia y belleza, el tipo de espiritualidad que nunca había sido capaz de encontrar en iglesias, una sensación de bienestar espiritual sin restricciones de dogma o doctrina. Aunque mi reacción fue menos dramática, quedé impactado por cómo de similares son mis vagos sentimientos religiosos a los de Matheson. Es la historia de amor definitiva, de un marido que busca, y definitivamente salva, a su mujer incluso aunque ha muerto y existe en otro plano de la realidad. No me siento inclinado a novelas de espiritualidad, pero esta funciona tanto como fascinante fantasía como de una especulación seria acerca de la vida después de la muerte.

Bid Time Return (Más allá del teimpo). En una época más delicada, hubo un buen escritor de fantasía con el nombre de Robert Nathan. Su libro más famoso fue Portrait of Jenny, que es uno de los romances más bonitos que he leído. Luego llegó Jack Finney quien, tras asustarnos terriblemente con The Bodysnatchers, pasó la segunda parte de su considerable carrera reimaginando su amada ciudad de Galesburg, Illinois en dos excelentes novelas históricas. Diría que Matheson, en Bid Time, demuestra que es su igual en términos de viaje en el tiempo mezclado con romance. Qué enorme logro es su novela – una historia voluble sobre un hombre y una mujer de diferentes siglos que no sólo se enamoran, sino que trascienden a los problemas de tiempo. Es difícil de imaginar algún tipo d elector a quien no le guste este libro. La palabra “atractivo” fue creada para describirlo.

The Kolchak Scripts. Gauntlet Publications está en medio de un programa importante de publicación y re-publicación. El excelente periodista y reportero Mark Dawidziak ha reunido todos los guiones de Kolchak (el tercero es una colaboración entre Matheson y William F. NOlan) más extensos (y excelentes) ensayos sobre la saga de Kolchak en un enorme volumen que es ciertamente el libro definitivo sobre el tema. Si Psicosis cambió para siempre las películas y novelas de suspense, la primera película de Kolchak cambió para siempre las películas y libros de terror. Sí, había películas de terror antes, y sí, ha habido ironía, incluso películas de cómic de terror antes. Pero usando la inteligente novela de Jeff Rice como base, Matheson trajo su propia perspectiva astuta a esta nueva forma. En lugar de utilizar el humor como farsa o bufonadas, utilizó el humor para hacer los elementos realistas más oscuros y creíbles. Lo acabo de ver de nuevo, y es tan fresca, caradura, y espectral como hace tres décadas. Es un trabajo gloriosamente espeluznante y horrible, aderezado con la cantidad justa de gore, un verdadero clásico.

Chris Carter siempre ha dicho que The X-Files (Expediente X) estaba directamente inspirado por The Night Stalker, y si lo piensas, seguramente lo estaba. Lo que es extraño es que X-Files lo imitaba de muchas maneras, pero había pocos homenajes a Night Stalker (como les llamamos en el terreno de los litigios). Puede que sea porque el dúo Matheson-McGavin llevó una insolencia única a las funciones respectivas que llevaron a cabo. En ocasiones, Night Stalker se tambalea justo al borde de la parodia, tanto en la escritura como en la actuación de McGavin. Pero nunca atravesó la línea, permaneciendo casi siempre oscura y sorprendentemente realista a causa de que Matheson le dio un ángulo completamente periodístico con el cansancio completo (si no cínico) que uno encuentra en muchas salas de redacción reales.

Gauntlet también ha publicado el libro infantil ganador de premios Abu and The Seven Marvels, una aventura vigorizante que vuestros hijos y nietos adorarán (los míos sí lo hacen). Tenéis una princesa, tenéis un héroe, tenéis un mago, y tenéis vuestra misión. Podríais suponer que sabéis lo que hace Matheson con estos elementos familiares, pero estaríais equivocados. Matheson nunca nos da lo mismo de siempre. Nunca.

Camp Pleasant. Cemetery Dance Publications es otra editorial pequeña que ha producido varios libros de Matheson bellamente llevados a cabo e importantes. Camp es una novela corta superior sobre un campamento de verano que se convierte en un campo de concentración a causa del hombre que lo dirige. La escritura aquí es Matheson en su estado extraordinario, absolutamente poética en algunas partes, mezclando humor y terror mientras el matón intimida virtualmente a todo el mundo en el campamento. Es un verdadero libro que se no se puede dejar de leer, con gran cantidad de suspense, pero la mayor parte de todo es la compasión de Matheson por los débiles que muchas veces sufren a manos de los despiadados. Una adición excelente y tranquila a la biblioteca de Matheson.

Así que, ¿qué está haciendo Richard Matheson estos días? Trabajando duro. Como siempre. Tiene muchos Buenos libros todavía por escribir. Me lo ha asegurado durante una conversación reciente.

ED GORMAN: ¿Cuales consideras que son los momentos cumbres de tu carrera hasta ahora?

RICHARD MATHESON: Supongo que los momentos cumbre de mi carrera habrán sido, por supuesto, los proyectos que funcionaron mejor. Unos pocos ejemplos: novelas como I am Legend [Soy Leyenda], The Shrinking Man [El increíble hombre menguante], The Beardless Warriors, Bid Time Return (que pronto se titularía, absurdamente, Somewhere in Time) [en España se tradujo En algún lugar del tiempo], Hell House [La Casa Infernal], What Dreams May Come [Más allá de los sueños], Hunted Past Reason, Abu and the Seven Marvels, y unas cuantas más. Como he dicho cierto número de veces en el pasado, creo que Somewhere in Time es la novela mejor escrita que tengo. He estado leyendo algunas páginas de ésta la semana pasada, y (como noté sin ninguna modestia) pensé que la escritura era realmente estupenda. Sí, ese es el adjetivo que se me ocurrió – una prosa realmente encantadora, pero ya basta de mi poca modestia.
Como siempre he dicho en el pasado, creo que What Dreams May Come es el libro más importante (leed efectivo) que he escrito. Ha provocado que un gran número de lectores perdiera su miedo a la muerte – el mejor tributo que podría recibir cualquier escritor.
Momentos cumbre de mi trabajo de guionista: cuatro o cinco de los 14 de Twilight Zone; Somewhere in Time (En algún lugar del tiempo); The Morning After, Duel (El Diablo sobre Ruedas), y The Dreamer of Oz en televisión.

Momentos cumbre que espero con only moderate gratification: mis dos libros metafísicos The Path y A Primer of Reality. A estos dos añadiría Hunted Past Reason porque lo escribí para afirmar mi suposición básica metafísica, la frase en la portada de la novela es “Morir no es nada. Vivir lo es todo”. Quería que la novela se titulase To Live (Vivir) pero, para mi consternación – y por primera vez en toda mi carrera como escritor – Tor le puso su propio título; una cita de “El Rey Lear”, que fue inútil imprimir, porque no tiene absolutamente nada que ver con la historia y la idea que estaba intentando reflejar.

Supongo que hubo otros momentos cumbre, pero estos serán suficientes.

¿Momentos bajos? Guiones re-escritos por productores, una novela re-escrita, ¡porque las dos mujeres editoras decidieron que no sabía escribir bien en inglés! En realidad, la mayoría de mis novelas – y guiones de cine y televisión – han sido impresos y/o producidos palabra por palabra. Los momentos bajos ocurrieron en que, a pesar de la adherencia religiosa a mis palabras, un cierto número de los programas de televisión y películas fueron pobremente realizadas. No los nombraré.

ED G: ¿Qué te gusta y disgusta del estado actual del cine? ¿Televisión? ¿Editoriales?

R.M.: Creo que el estado actual de las películas y televisión es patético. Acabo de leer un artículo largo esta mañana en Los Angeles Times citando los errores creativos de muchos de los estudios importantes en los cuales las consideraciones de marketing les ciegan hasta el triste punto en que casi ninguna de las películas tiene ningún interés para el público. En lugar de hacer películas que fueran creativamente excitantes, funcionan con estrategias de marketing – “Oh, eso ha funcionado antes, hagámoslo otra vez” y otra vez. Y – hasta el aburrimiento. Y si una película realmente era creativamente excitante, los “nuevos” públicos realmente no lo ven y recuperan el coste con dificultad o llegan incluso a perder dinero. Como miembro de la Academia y del Writers Guild, mi voto fue para Seabiscuit, una película magnífica, que había conseguido una cantidad limitada de dinero, no del calibre de un éxito de taquilla, con costes de marketing por encima de los costes de producción, perdería dinero. Una lástima. Y ese es el porqué las buenas películas con recibimientos limitados realmente necesitan el Premio de la Academia para embolsarse ganancias.

En resumen: ¿Las películas hoy en día? ¡Patéticas!

No aprobaré el juicio, pero diré que creo que las editoriales tienen la misma mentalidad “superventas” que los productores de películas. King, Koontz, Crichton, Grisham, etc. – por no mencionar a J.K.Rowling, que ha creado un mundo editorial por sí sola. Cuando una escritora tiene más dinero que la Reina Isabel – ¡Guau!

ED G.: Mirando en retrospectiva tu carrera, ¿hay algo importante que harías de forma diferente?

R.M.: Sí. Hubiera terminado novelas que no terminé. Mi autoconfianza como escritor ha sido lamentable. Con Come Fygures, Come Shadowes pretendía incluir cualquier aspecto – bueno (y malo) – del espiritualismo, más una aproximación a la parapsicología; qué vergüenza no terminarlo, como con The Link que pretendía incluir la historia completa del fenómeno médium, además de un estudio total de la parapsicología moderna. Dos veces vergüenza.

ED G.: ¿Tienes algunos favoritos en particular entre tus escritos en los diversos medios?

R.M.M Como he indicado, Somewhere in Time es mi novela favorita. The Beardless Warriors es buena, también.

Películas y television: Creo que he mencionado algunas. Debería añadir THE COMEDY OF TERRORS (muy divertida, creo).

Relatos: Demasiados para elegir favoritos. Me gusta “The Test (La Prueba)”, “Duel”, y “The Distributor (El Distribuidor)”. Este ultimo probablemente no lo habría escrito hoy en día. Odio cuando algo que he publicado “inspira” a algún imbécil a imitar lo que he escrito, o a que despidan a algún profesor por mandar leer a sus estudiantes una de mis novelas o relatos.

ED G.: Aunque siempre has utilizado temas sobrenaturales en algunos de tus trabajos, hay una espiritualidad que se hace más profunda en tu ficción a medida que pasan las décadas. ¿Fue esto a causa de tu sentimiento personal creciente acerca de la naturaleza del alma humana y lo que hay más allá de lo que llamamos vida?

R.M.: He leído un sinnúmero de libros sobre parapsicología, metafísica, etc. a través de los años. Mi favorito especial es Thinking and Destiny de Harold W. Percibal. Inspiró mi libro The Path que consiste en su mayor parte en citas de Thinking and Destiny.

De cualquier modo, he estudiado estos libros y he desarrollado mi filosofía personal que, cuando se han considerado todos los detalles, consiste en esa pequeña cita de Hunted Past Reason – “Morir no es nada. Vivir lo es todo” – con todo lo que implica.

ED G.: ¿Eras religioso de joven?

R.M.: No en especial. Crecí con la Christian Scientist, que aceptaba. Una buena religión. En el muro de los púlpitos de las iglesias de la Christian Scientist está la frase “Dios es Amor”; no es una mala frase.

ED G.: ¿Afectó tu experiencia en la Segunda Guerra Mundial a tu punto de vista religioso?

R.M.: Utilizaba mi fe en la Ciencia Cristiana cuando estaba en el combate de infantería. Me daba seguridad. Al mismo tiempo, mi presión arterial subió como el demonio – así que pagas tu dinero metafísico y se te devuelve el favor. Después, dejé la religión de la Ciencia Cristiana y elegí desarrollar mi propio sistema de fe, que no se adhiere a lo que ha sido descrito como “Churchianity”. Sin embargo, todavía creo que la Ciencia Cristiana es una buena religión.

ED G.: ¿En qué proyecto estás trabajando en la actualidad?

R.M.: Una obra de un solo hombre; no te daré el título. También tengo una comedia de suspense pendiente de ser producida en Londres supeditada a cuandoencontremos al hombre que la lidere. Me gustaría concentrarme en el teatro la próxima década – el que funcione o no depdende de los dioses.

ED G.: Tu trabajo crece en estatura cada década, y parece seguro que perdurará. ¿Piensas sobre ese tipo de inmortalidad?

R.M.: Espero que la gente lea mi trabajo en el futuro. Espero haber hecho algo más que atemorizar a un par de generaciones. Espero haber inspirado a unas pocas personas de un modo u otro.

En realidad, el momento cumbre de mi vida – que, por supuesto, ha tenido una enorme influencia en mi carrera literaria – fue conocer a Ruth Woodson en la playa de Santa Monica en 1951, enamorarme de ella, casarme con ella, y crear una familia juntos con cuatro hijos; dos hijos, dos hijas. Mi amor por ellos, y lo que he crecido gracias a ellos, han hecho mi vida como escritor tal como fue. Es un proceso que recomiendo para cualquiera que quiera ser escritor.

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