Libros leídos en 2009 (XXV): Oriente, Occidente de Salman Rushdie


Autor: Salman Rushdie
Título original: East, West
Editorial: Debolsillo (Random House Mondadori)
Año publicación original: 1994
Número de páginas: 166
Género: Relatos

Relatos incluidos:

ORIENTE
– Un buen consejo es más raro que un rubí
– La radio gratis
– El pelo del Profeta

OCCIDENTE
– Yorick
– En la subasta de las zapatillas rubíes
– Cristóbal Colón y la reina Isabel de España consuman su relación (Santa Fe, Anno Domini 1492)

ORIENTE, OCCIDENTE
– La armonía de las esferas
– Chekov y Zulu
– El cortero

Me encanta como escribe Salman Rushdie. Cada vez que leo algo suyo, parece que me siento transportada a un mundo imaginario que no es exactamente musulmán, ni occidental, ni nada. Es simplemente el mundo que nos muestra y es a menudo descrito como una amalgama entre los mundos que conoce bien. Recordemos que Rushdie fue amenazado de muerte por integristas islámicos hace años, debido a sus escritos. Pero en todos sus libros parece que quiera mostrar que en esa cultura no sólo hay cosas negativas, no sólo fundamentalismo, es como si quisiera resguardar en su memoria los recuerdos de las cosas buenas. Cosas buenas y también cosas malas, claro, pero a veces las cuenta de un modo que las hace parecer más poéticas, menos crueles, o cruelmente poéticas.

Y así, en este libro, hay tres grandes divisiones: Oriente, Occidente y Oriente, Occidente. Los tres relatos de cada una de las dos primeras muestran escenarios e historias que representan de algún modo esos dos mundos tan diferentes. En las últimas tres historias, Oriente y Occidente se entremezclan formando un mosaico complejo y no siempre alegre.

No sé describir muy bien la escritura de Rushdie, podría decir que es poética y alegórica, que a veces es cruel, y a veces cómica de un modo extraño, casi siempre mágica.

Mejor que comentar cada relato, pondré un breve fragmento de cada uno de ellos, y quizá eso sea más representativo que cualquier cosa que pueda comentar. Quizá no sean los más representativos, pero algunos de ellos me parecieron muy bonitos y otros simplemente pues eso, representativos. Si nunca habéis leído a Rushdie, os podéis hacer un poco a la idea de su forma de escribir con estos pequeños fragmentos.

UN BUEN CONSEJO ES MÁS RARO QUE UN RUBÍ

– Miss, el Destino me ha empujado a usted. ¿Qué puedo hacer? Nuestro encuentro estaba escrito. También yo soy sólo un pobre hombre, pero para usted mi consejo será gratis.
Ella sonrió de nuevo.
– Entonces tendré que escucharlo. Cuando el Destino te envía un regalo, tienes que aceptar tu buena suerte.

LA RADIO GRATIS

Bueno: siempre habíamos pensado que nuestro Ramani era un poco blando de sesera, con sus ideas de convertirse en estrella de cine y demás; de forma que la mayoría nos limitamos a asentir con tolerancia y decir: “Sí, Ram, qué suerte tienes” y “Qué gobierno más bueno y generoso, que da radios a las personas amantes de la música popular”.
Pero Ramani insistía en que era cierto, y parecía más feliz que nunca en su vida, una felicidad que no podía explicarse únicamente con la inminencia del transistor.

EL PELO DEL PROFETA

Mientras los brazos se le ponían negros y azules y grandes manchas se extendían por su frente, abrazó a su hermano y le susurró que estaba decidida a deshacerse del pelo a cualquier precio… repitió muchas veces la última frase.

YORICK

Por lo que se refiere a Ofelia: tenía menos de la mitad de años de él y más del doble de su belleza, por lo que se podrá comprender al instante que lo que sigue puede atribuirse a divisiones y multiplicaciones. En suma, una tragedia aritmética. Una historia fúnebre para tipos fúnebres.

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…porque una mejilla no besada se parece en todo a una mejilla que no esperaba ser besada, y un muchacho horizontal en su camastro y sujeto a las tergiversaciones & otros frenesíes característicos del insomnio puede ser tomado por un niño atormentado por una pulga; o febril; o irritado por habérsele prohibido la mesa de los mayores; o practicando la natación en ese mar textil; o D. sabe qué, porque yo no. Sin embargo, la ausencia, como es sabido, hace que las almas se quieran más; de forma que Amlethus se levanta y anda de puntillas por los pasillos…

EN LA SUBASTA DE LAS ZAPATILLAS RUBÍES

Os reís de mi desesperación. ¡Ah! Decid a un hombre que se ahoga que no se agarre a un clavo ardiendo. Decid a un astronauta agonizante que no cante. Venid aquí y poneos en mis zapatos. ¿Qué decía el León Cobarde? Póntelos. Pónteloooos. Pelearé con vosotros con una mano atada a la espalda. Pelearé con vosotros con los ojos cerrados. Tenéis miedo, ¿eh? ¿Tenéis miedo?

CRISTÓBAL COLÓN Y LA REINA ISABEL DE ESPAÑA

– Salió corriendo del Patio de los Leones, gritando vuestro nombre.
= Os enviará más allá del cuenco de piedra del mundo conocido, más allá de la espesa sangre del mar.
– Os espera en Santa Fe.
= Tenéis que venir corriendo.
Él se levanta, como un amante recompensando, como un novio en el día de su boda. Abre la boca y casi le rebosa una negativa amarga: no.
“Sí – dice a los heraldos-. Sí.
Correré”.

LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS

Tenía el cabello rojo y revuelto y una risa como el ulular de una lechuza, y era tan delgado como un palo de escoba de bruja. En las brillantes sombras chinescas de las hogueras, todos parecíamos locos, de manera que era fácil no hacer caso de sus mejillas demacradas, la pantomima de sus cejas o el destello de marinero loco de sus ojos.

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¿Quién sabe qué es lo que hace amigos a la gente? Algo en el modo que se mueven. La forma en que cantan desafinadamente.

CHEKOV Y ZULU

– El “ave de rapiña” ha disparado, señor – dijo Zulu.
Chekov cogió la mano a Zulu y la estrechó firme, victoriosamente, mientras aquellas bolas de luz letal se acercaba a una velocidad cada vez mayor.

EL CORTERO

De manera que era Inglaterra lo que le estaba partiendo el corazón, partiéndoselo porque no era La India. Londres la estaba matando por no ser Bombay. ¿Y Misceláneo?, me pregunté. ¿La estaba matando también el cortero por no ser ya el mismo? ¿O era porque estaban tirando de su corazón, enlazado por dos amores diferentes, hacia Oriente y Occidente, y relinchaba y reculaba, como aquellos caballos de la película de los que tiraba por un lado Clark Gable y por otro Montgomery Clift, y ella sabía que, para poder vivir, tendría que optar?

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