Historias (inmobiliarias) para no dormir. III parte.

Nuestra historia con las agencias inmobiliarias no terminó con las dos visitas que expliqué anteriormente… por desgracia. Y digo por desgracia a pesar de que, dado el carácter especialmente «aguililla» de la mayoría (por no decir todos) los APIs (Agentes de la Propiedad Inmobiliaria), en este tiempo terminamos por conocerlos y calarlos bastante bien.

Así que continúo… en entradas anteriores conté nuestro primer contacto con esta gente, y posteriormente, el que sería nuestro tercer intento de darles un poco de trabajo.

Pero antes de eso, me gustaría comentar varias cosas de esas típicas que se aprenden enseguida buscando piso. Los anuncios, tanto en internet como en los escaparates de las inmobiliarias (no hemos recurrido a otro tipo de plataformas), suelen ser muy escuetos, del tipo:

– x habitaciones
– balcón a p/m
– x metros
– ascensor
– 3º piso
– cocina de origen conservada, baño a reformar

Unas observaciones:

– si no pone los metros… algo pasa, básicamente, que es un piso pequeño.

– si pone 70 metros, probablemente tenga 67, o 65. Si pone 80, tendrá 75, 76… y así. Y estoy hablando de gente normal, los reyes de la mentira pueden llegar a venderte hasta diez metros más de los que tiene realmente, como no los verás hasta que veas las escrituras… ¡Viva el redondeo!

– Si no pone que tiene ascensor, o balcón, no tiene. Ellos saben bien que son cosas valoradas, y si un piso las tiene, no se les olvida ponerlo. Igualmente, si no pone que es exterior, probablemente no lo sea.

– otra cosa en la que nos hemos fijado, es que tenga los metros que tenga el piso, aquí existe la costumbre de tener 3 habitaciones. En un piso de 50-60 metros eso convierte al menos a dos de esas tres habitaciones en un auténtico zulo, pero ellos pueden venderte que las tiene, porque es verdad, aunque la más «pequeña» (todas lo son) sea un trastero y nada más. Porque las tiene. Eso sí, si aún encima son interiores… parecerá que estás enterrado en vida cuando entres.

– el balcón. No es lo mismo que dé a un patio de manzana que a una calle. No es lo mismo que dé a una calle donde todo el día pasan autobuses, mil coches, hay supermercados, etc. que a una donde la cosa sea más tranquila. Y sobre el patio de manzana, no es lo mismo uno normalito donde tienes al vecino de enfrente a quince metros, que uno donde lo tienes a diez, y aún encima se ve descuidado y sucio. Tampoco es lo mismo un BALCÓN, que un balconcito de esos que parecen hechos para decir que el piso lo tiene, y sólo tienen sitio para que estés de pie (los famosos balcones «de salir a fumar», ya que no puedes hacer nada en ellos).

– Igualmente, ninguno de esos anuncios habla del estado de la finca. Un piso no es sólo lo que hay de puerta para adentro. Uno tiene que utilizar la llavecita, abrir abajo, subir por las escaleras (o el ascensor) hasta llegar a su propia puerta. Y todo ese trecho puede ser una puta pesadilla o puede ser normal, dependiendo de cómo de jodidos sean los vecinos (me refiero ahora a que esté pintado, a que esté sucio, tenga basura o los niños del vecino de abajo tengan la fea costumbre de reventar buzones). Por cierto, estaría bien que cuando te intentan vender un piso te faciliten información sobre los potenciales vecinos (potenciales amargadores de existencias)

– Si un baño o cocina salen como «a reformar» en el anuncio, podéis estar seguros de que están hechos una auténtica mierda, que son impracticables, que da asco verlos. Si pone «conservados» hay que verlos para saber si están medio decentes, o en realidad se trata de un caso «a reformar». Si pone «reformados», ojo, porque probablemente por ese motivo el precio sea más alto, y quizás no es la reforma de nuestros sueños, precisamente. Quizá al vendedor por algún motivo le gustan los colores chillones y las maderas imposiblemente caras para las puertas.

– Si es un tercer piso, o un primero… no es una información que siempre den, y es importantísima. No es lo mismo un 1º o 2º sin ascensor, que un cuarto, por ejemplo.

Y sobre todo, la regla de oro:

– de las cosas buenas, no hay que creerse la mitad. De las que parecen sospechosas, hay que ponerse a mirar con lupa. Las malas, normalmente no te las dicen como malas, sino como algo «con potencial». Por ejemplo, un baño es horrible, está mal distribuido y los azulejos no pueden ser más feos. Un API te dirá que ahora las reformas están baratísimas, y que se puede hacer esto y lo otro (obviando que quizá tu intención no es reformar, que es una pasta) y que en realidad es muy espacioso y quedaría muy bonito con «no sé qué», mientras intenta poner cara de ilusión (¿para intentar contagiarla?)

Y esto es todo lo que diré hoy sobre el tema, simplemente quería comentar los aspectos que suelen abordar los anuncios de pisos. Otro día, sigo con nuestras visitas a inmobiliarias, o a bancos, o lo que sea. Lo que te pueden llegar a decir en esos casos también puede ser de libro.

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