Fragmentos de La Náusea (Jean Paul Sartre)

Como pequeña introducción, decir que tengo una libreta pequeña en la que apunto(aba) pedazos de texto de los libros que iba leyendo, cada cosa que me llegaba hondo, cada frase con la que me sentía identificada, la apuntaba ahí. Por desgracia hace un par de años que abandoné tan sana costumbre, pero he rescatado la libretita de un cajón (me la traje conmigo a Barcelona, así que la intención de volver a hacerlo siempre estuvo latente) y estoy decidida a no olvidarme de hacerlo, o dejarme llevar por la pereza. Ahora me da pena, porque he leído muchos buenos libros en este tiempo, y hay frases muy buenas que se han quedado sin apuntar, pero ya no se puede hacer nada, excepto, quizás, volver a leerlos con la libretita cerca. 😀

Así que ahí va la frase/fragmento de hoy, de La Náusea, de Jean Paul Sartre. Iré poniendo más de esas frases que por uno u otro motivo, me han “tocado” un poco por dentro.

Estoy emocionado, siento mi cuerpo como una máquina de precisión en reposo. Yo he tenido verdaderas aventuras. No recuerdo ningún detalle, pero veo el encadenamiento riguroso de las circunstancias. He cruzado mares, he dejado atrás ciudades y he remontado ríos; me interné en las selvas buscando siempre nuevas ciudades. He tenido mujeres, he peleado con individuos y nunca pude volver atrás, como no puede un disco girar al revés. ¿Y adónde me llevaba todo aquello? A este instante, a esta banqueta, a esta burbuja de claridad rumorosa de música.

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Si se les pregunta qué han hecho ayer, no se turban; os enteran en dos palabras. En su lugar, yo farfullaría. Es cierto que desde hace mucho nadie se ocupa de cómo empleo el tiempo. El que vive solo ni siquiera sabe qué es contar; lo verosímil desaparece al mismo tiempo que los amigos.

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¿Me despertaré dentro de algunos meses, dentro de algunos años, roto, decepcionado, en medio de nuevas ruinas? Quisiera ver claro en mí, antes de que sea demasiado tarde.

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Algo me ha sucedido, no puedo seguir dudándolo. Vino como una enfermedad; no como una certeza ordinaria, o una evidencia. Se instaló solapadamente poco a poco; yo me sentí algo raro, algo molesto, nada más. Una vez en su sitio, aquello no se movió, permaneció tranquilo, y pude persuadirme de que no tenía nada, de que era una falsa alarma. Y ahora crece.

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Le vuelvo la espalda. Después de todo, tiene suerte. Yo estoy demasiado tranquilo desde hace tres años. Ya no puedo recibir de estas soledades trágicas nada más que un poco de pureza vacía. Me voy.

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