La casa cantonera, de Sílvia Alcàntara (Reseña)

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Perà ara ja havia après a mesurar la felicitat amb el temps que dura una abraçada.
[Pero ahora ya había aprendido a medir la felicidad con el tiempo que dura un abrazo.]

Creo que este libro lo terminé de leer en verano, y desde entonces he ido posponiendo la reseña. Supongo que un poco por pereza, un poco por falta de tiempo, un poco por qué no sabía qué decir exactamente. Pero no quería dejarla sin comentar, así que intentaré hacerlo lo mejor que pueda. 

Lo compré en un impulso, pues me gusta leer en catalán, y lo que leí en la contraportada del libro me sonaba prometedor. Una historia familiar, con secretos oscuros, rencores del pasado, y demás. Todo bien escrito (hice la comprobación de rutina antes de comprarlo), así que tenía garantizada una buena lectura.

La historia, que va alternando pasado y presente, nos explica la historia presente de dos hermanas que vuelven a la casa materna para recoger los objetos valiosos de su madre muerta hace poco. Vicenta, su madre, era una mujer que ya había perdido el juicio hace tiempo, así que Irene y Marina, las hermanas, se tienen que enfrentar al pasado cuando acuden a recoger y seleccionar lo que merezca salvarse del derribo de la casa.

 El fracàs de la mare és el fracàs de la filla La desgracia de la mare és la desgracia de la filla? La infelicitat de la filla es l’alegria secreta de la mare? Quan es trenca de debò el cordó umbilical?
¿El fracaso de la madre es el fracaso de la hija? ¿La desgracia de la madre es la desgracia de la hija? ¿La infelicidad de la hija es la alegría secreta de la madre? ¿Cuándo se rompe de forma definitiva el cordón umbilical?]

Sílvia Alcàntara
Sílvia Alcàntara

Hace veinte años que no se ven, pues Irene, la hermana mayor, huyó de casa para ir a vivir a la capital, y así hizo todo lo posible para desentenderse de su familia. Marina es la pequeña y siempre ha estado más cerca y pendiente de su madre, y a ella la acompaña Lluís, su marido. En los personajes del ‘presente’ también está Roseta, la vecina de toda la vida, que sabe mucho de esta familia y siempre ha sabido guardar los secretos.

En el libro se crea un ambiente muy propio para las grandes revelaciones, con una casa a punto de ser derruida, la casa que de hecho ha sido testigo de todo lo ocurrido en la familia, hechos del pasado de los que nos iremos enterando con cuentagotas a lo largo de las páginas. Saber que la casa de la familia va a ser destrozada le aporta un punto adicional de dramatismo a una historia que, de por sí, no tiene nada de alegre.

I, amb les petites mentides de cada dia, es va anar fent gran. Li agradava tant creure-se-les! Quan es trobaven el Gregori davant de Cal Borni i amb la mare semblava que no es coneixien. I quan aseguraven que el pare havia caigut al riu. I quan el Lluís li jurava que l’estimava. Li agradava tant creure-se-les que se les havia après com una lliçó sabuda de cor. Però tard o d’hora el pèndol de la veritat t’atrapa i no pots evitar que t’arrosegui. Per sort, l’endemà els monstres de ferro entrarien per la porta bramulant i ho engolirien tot. Tot.
[Y, con las pequeñas mentiras de cada día, se ha ido haciendo mayor. ¡Le gustaba tanto creérselas! Cuando se encontraban con Gregori delante de Cal Borni y con su madre, parecía que no se conocían. Y cuando aseguraban que su padre se había caído al río. Y cuando Lluís le juraba que la quería. Le gustaba tanto creérselas que se las había aprendido como una lección sabida de memoria. Pero tarde o temprano el péndulo de la verdad te atrapa y no puedes evitar que te arrastre. Por suerte, mañana los monstruos de hierro entrarían por la puerta bramando y lo engullirían todo. Todo.]

Los personajes son creíbles, no es tan difícil identificar ciertos rasgos suyos con personas de la vida cotidiana. Tal como ocurre en el libro, el deseo, la envidia, los celos y las frustraciones varias están a la orden del día en nuestras vidas. También ocurre que en ciertas de las revelaciones de la novela se pone de manifiesto algo que se suele decir, que a veces se hace un gran daño sin querer dañar a nadie. Añadiría que a veces, el simple hecho de buscar la propia felicidad puede traer consecuencias terribles. ¿Pero es mejor resignarse? Tampoco. Por eso he dicho antes que el libro no tiene nada de alegre. La comprensión de algunas cosas muchas veces llega cuando ya no es de ninguna utilidad, y eso es otro asunto.

Lo que quería comentar del libro es que realmente me gustó y me enganchó mientras no leía. Puede que no sea de esos que le marcan a uno, o de los primeros que se me vienen a la cabeza cuando recuerdo las mejores lecturas del año, pero desde luego me hizo pasar un buen rato. Es una historia triste, como muchas de las historias familiares que nos podemos encontrar en la vida real. Una lectura agradable, con una prosa elegante y unos personajes muy sólidos.

La crosta. La crosta s’estovava. Es desprenia. I queia. Queia y lliscava. I d’aquells llagrimalls, fins ara embussats, li rajaven llàgrimes. Llàgrimes que li regalimaven dels ulls cap a terra, un terra xop de pluja, i s’hi barrejaven. Llàgrimes de tristesa, de dolor, de penediment. Llàgrimes per tots aquells anys de rancúnia, d’amor i de mort.
[La corteza. La corteza se ablandaba. Se desprendía. Y caía. Caía y resbalaba. Y de aquellos lagrimales, hasta ahora atascados, le brotaban lágrimas. Lágrimas que le resbalaban de los ojos hacia el suelo, un suelo empapado de lluvia, y se mezclaban. Lágrimas de tristeza, de dolor, de arrepentimiento. Lágrimas por todos aquellos años de rencor, de amor y de muerte.]

Autora: Sílvia Alcàntara
Año 1ª publicación: 2011
Ficha de la escritora en escriptors.cat
Número de páginas: 142
ISBN: 9788492440580
Leído en… català (Edicions de 1984)

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