Reseñas de libros leídos 2011 (3): El castillo de Lord Valentine, de Robert Silverberg



FICHA TÉCNICA
Título original: Lord Valentine’s Castle
Autor: Robert Silverberg
Editorial: Ultramar Editores
Año primera publicación en idioma original: 1979
ISBN: 84-7386-486-7
Idioma: Español
Número de páginas: 262

SINOPSIS
Un vagabundo, Valentine, descubre un día que no recuerda nada de su pasado; ni siquiera conoce las costumbres de su mundo. Tras topar con una compañía de malabaristas, formada entre otros por skandars de cuatro brazos, Valentine se inicia en el arte del malabarismo… y empieza a tener sueños misteriosos e inquietantes.

Pues mira que me han gustado a mí otros libros de este Silverberg (leer reseñas aquí y aquí), y este se me ha atragantado cosa mala desde casi el principio… he estado desde antes de empezar el año dándole lecturas ocasionales y mirad que no es muy largo, pero me costaba la vida seguir leyendo, se me hizo pesadísimo. No tanto como para abandonarlo, pero sí para estar deseando terminarlo de una vez. Pero no es que esté diciendo que sea un libro malo tampoco, a ver si me explico, igual es que leerlo como lo he leído no es la mejor manera de hacerle frente, sino que es mejor para una época menos ajetreada, y para leer en tramos más largos, digamos unas treinta páginas de media por sesión,  y no diez.

La historia es en realidad la primera parte de muchas ambientadas en el mundo de Majipur, un enorme planeta que no tiene nada que ver con la Tierra. He leído por ahí que está basado en uno de Jack Vance, cosa que desconozco pues no he leído nada de Vance (de momento), pero bueno, es curioso porque la imagen que se da del mundo es la de una enormidad, algo difícil de abarcar y que funciona de un modo algo especial. Lo que pasa en un extremo llega al otro casi en forma de leyenda, y hay una serie de componentes y factores (el tema de los sueños, de los envíos que proceden del Rey de los Sueños o de la Dama de la Isla del Sueño) que convierten a ese mundo en uno dominado por el misticismo y la magia. Hay un Pontífice y una Corona que gobiernan todo, junto con los susodichos gobernantes de los sueños.

La verdad es que es un mundo el que creó Silverberg cargado de colorido, muchas razas, cada una con sus usos y costumbres, muchos paisajes diferentes.. bueno, eso es un aspecto entretenido que da atractivo al libro, una mezcla de fantasía y ciencia ficción. La parte que me gustó fue el tono de aventuras, lo despreocupado de los personajes y que es una trama muy de ahora y de siempre. La verdad es que es una trama muy juvenil, quizás por eso no me gustaron otros aspectos de la novela.

Lo que no me gustó fue que la narración es leeeenta y a ratos, muy muy tediosa (igual no ayuda la traducción, que me pareció un poquito regulera por momentos). Con muchos adjetivos, un ritmo muy pausado y personajes arquetípicos, no ha conseguido sumergirme en la historia. Quizá alternar la lectura de esta novela con la de El Cementerio de Praga le ha hecho un flaco favor al Majipur de Silverberg.

Este libro no es de lectura independiente, sino que forma parte de una saga muy extensa, en la que figuran más de cinco títulos. Buscando en la Wikipedia encontré esta información, en la que se detalla qué novelas forman parte del ciclo de Majipur. La verdad es que todavía dejaré pasar un tiempo antes de seguir leyendo sobre las andanzas de este Valentine.

Pues eso, que no digo que sea malo, pero tampoco ha conseguido engancharme. Posiblemente, más adelante intente retomar la narración donde la dejé, que fue justo en el punto más interesante. Y digo yo, tienen que pasar como doscientas páginas para que la cosa se ponga emocionante, qué rabia. La verdad es que pensándolo bien, ahora quiero saber cómo continúa. Pero más adelante.

Y os dejo el inicio del libro, para que veáis un poco el estilo de la narración que tiene el libro.

Y entonces, después de caminar el día entero entre una dorada neblina de pegajosa calidez que se condensó en su cuerpo igual que húmedos copos de nieve, Valentine llegó a un gran crestón de blanca piedra desde la que se divisaba la ciudad de Piudrud. Era la capital de la provincia, irregularmente extendida, espléndida, la mayor ciudad con que se había topado desde… ¿desde…? En cualquier caso, era la mayor ciudad después de mucho vagar.


Valentine hizo un alto. Buscó un asiento en el borde blando y desmoronadizo del albo crestón, hundió las botas en las grietas de la gastada roca, y se sentó para contemplar Pidruid, parpadeando como si acabara de despertar. Era verano y el sol aún pendía muy alto hacia el suroeste, más allá de Pidruid, sobre el Gran Océano, la luz del crepúsculo tardaría horas en mostrarse. Descansaré un rato aquí, pensó Valentine, y después bajaré hasta Pidruid y buscaré alojamiento para pasar la noche.