Reseñas de libros leídos 2010 (24): Un pez gordo, de Daniel Wallace

FICHA TÉCNICA:
Título original: A big fish
Autor: Daniel Wallace
Editorial: Siglo XXI
Páginas: 168
Año primera publicación en su idioma original: 2007
ISBN: 9788432310201

SINOPSIS: Edward Bloom era un hombre extraordinario e inquieto. Recorría el mundo y sólo regresaba a su hogar de forma impredecible. Sin embargo, ahora ha vuelto para morir. Su hijo, William, siente una necesidad acuciante de conocerlo antes de que sea demasiado tarde y recrea la escurridiza vida de su padre en una serie de leyendas y mitos inspirados en el puñado de hechos que conoce de él. Nada había que éste no supiera hacer: corría como el viento, salvaba vidas, los animales lo adoraban, era un visionario y sabía más chistes que cualquier otro hombre.

Leí este libro inmediatamente después de ver la película dirigida por Tim Burton, del mismo título (hice reseña en su día). La película me gustó bastante, aunque con sus defectillos timburtianos, y me hizo llorar como una magdalena, así que pensé que si estaba basada en un libro, este debía merecer la pena. Y como suele pasar, el libro es mucho mejor que la película. Sobre todo por algunas diferencias entre los dos.

Voy a comentar algunas cosillas generales y sobre todo una, que creo que no se deberían considerar spoilers, pero si queréis leer el libro o ver la película y no queréis tener información, no sigais leyendo. Si habéis visto la peli ya, podéis leer sin problemas.  ;D

El libro no es tan lineal como la película, donde se cuenta una especie de historia del protagonista interrumpida por algunas escenas de la actualidad. El libro se compone de capítulos con títulos que avanzan algo de su contenido (La muchacha del río, El día que nació, Su discreto encanto), y entre esos capítulos, hay algunos donde el hijo habla de la muerte de su padre (El día que mi padre murió). Estos capítulos sobre la muerte son a veces algo reiterativos, como recordándonos en qué punto estábamos la última vez, y el libro se termina, obviamente, con uno de esos capítulos.Las historias acaban formando un mosaico entre pasado y presente en el que parece que podemos ver toda una vida.

Es difícil, por mucha imaginación que tenga (que no sé si la tengo) que me llegue a emocionar con un libro. Sin embargo, y aún conociendo la historia de principio a fin – más o menos, ya que hay puntos que la historia se ha inventado, y partes del libro que se han obviado – me llegué a emocionar. Es difícil no hacerlo cuando uno está leyendo el libro adecuado en el momento adecuado, y el libro tiene una temática que por desgracia me es muy familiar, aunque no del mismo modo… no sé, es un libro sensible pero para mí no es sensiblero, tiene el tono justo de fábula y de cuento. Al contrario de lo que ocurría con la película, aquí no me sentí empalagada. La historia es en muchos puntos, igual, pero en otros no. Aquí no hay circo, ni Steve Buscemi, ni el personaje de la mujer del hijo, por comentar unas pocas cosas. No hay tanto colorido y las cosas parecen más cotidianas – obviando, claro, las partes más fantásticas. Y el hijo quiere a su padre desde la primera página hasta la última, a diferencia de la película, donde comenzaba sintiendo una especie de hartazgo.

Es un libro estupendo porque es de esos en los que llegas realmente a querer a sus personajes, sobre todo a Edward. Y ya es difícil que uno se sienta identificado con personajes, o sienta empatía, pero ¿querer? Pues no sé, soy muy sensible a veces para lo que quiero y sí quise a ese personaje y me hizo llorar muchas veces, y no sé, que la lectura de un libro me haga sentir cosas es de lo mejor que se puede decir sobre él y sobre las cualidades del escritor.

Y aparte de tomarle aprecio a los personajes, uno no puede evitar sentirse identificado con ellos. Con el hijo que siente admiración y quiere a su padre, con la madre que no quiere quedarse sola, con ese padre que siente que se le termina el tiempo y tiene toda una vida a sus espaldas, ese padre que siempre quiso ser un gran hombre y cuyas historias le vuelven inmortal.

Me parece un cuento estupendo sobre el amor entre padre e hijo, sobre la muerte y la forma de afrontarla, tanto por los que se quedan como los que se van, me parece casi un mosaico que ilustra una filosofía de vida, una en la que cualquiera de nosotros puede llegar a ser un pez gordo… y me encantó.

La mejor manera de explicar por qué me pareció tan bueno y me gustó tanto, será poniendo unos fragmentos. El hecho de tener que copiarlos es lo que ha provocado que tarde tanto en colgar la reseña, en realidad el libro me lo terminé en dos días porque se lee enseguida. Y como soy un poco tonta y ya hacía por lo menos mes y medio y no me acordaba bien, me volví a emocionar.


FRAGMENTOS


-Esto me recuerda -dijo- cuando era un niño.
Miré a aquel anciano, aquel anciano con los viejos pies sumergidos en la corriente de aguas claras, en esos momentos que se contaban entre los últimos de su vida, y de pronto lo vi, sencillamente como si fuera un muchacho, un niño, un joven, con toda la vida por delante, tal como la tenía yo. Nunca lo había visto así. Y todas esas imágenes… el hoy y el ayer de mi padre… convergieron, y en ese instante se convirtió en una criatura extraña, fantástica, joven y vieja a la vez, moribunda y recién nacida.
Mi padre se convirtió en un mito.




-Quería ser un gran hombre-susurra.
-¿En serio? -pregunto, como si para mí fuera una sorpresa.
-En serio -ratifica. Las palabras le salen despacio, débiles, pero vigorosas y seguras en ideas y sentimientos-. ¿Te lo puedes creer? Pensaba que era mi destino. Un pez gordo en un gran estanque… eso es lo que quería ser. Lo que siempre quise desde el primer día.




-Creo -digo al cabo, esperando que acudan a mi boca las palabras adecuadas-, que cuando se puede decir de un hombre que su hijo lo ama, entonces se le puede considerar un gran hombre.
Porque es el único poder que poseo, investir a mi padre con un manto de grandeza, algo que él buscaba en el ancho mundo, cuando en realidad, por un giro imprevisto de los acontecimientos, ha resultado estar en la casa desde el principio.




-Gracias -me dice, con un breve aleteo de las pestañas, y parece que he dicho lo que quería oír. Eso es lo que significa la expresión «últimas palabras»: son las llaves que abren la puerta de la otra vida. No deberían llamarse últimas palabras, sino santo y seña, porque te permiten marcharte en cuanto se pronuncian.




Ella también llora, pero no son lágrimas de dolor o tristeza, esas ya han sido derramadas. Estas lágrimas son de frustración, por seguir viva y sola mientras mi padre yace en la habitación de invitados muriéndose, y muriéndose de mala manera




Empaquetaba el almuerzo para salir de comida campestre a la montaña que dominaba la ciudad, la gran ciudad cargada de promesas, y desde allí arriba divisaba el lugar donde por primera vez hizo esto o lo otro, y más allá el sitio donde cerró su primer negocio, y allá lejos había besado a aquella mujer tan guapa… todos los triunfos y glorias de su breve vida. Eso es lo que veía cuando subía a la montaña, y no los edificios o el controno del horizonte, ni los bosquecillos o el hospital donde estaban levantando un ala nueva. No: era su historia, la historia de su vida adulta la que se desplegaba ante él como un paisaje, y allí solía llevarme y, cogiéndome en brazos, para que viera el panorama, me decía:
– Algún día, hijo mío, todo esto será tuyo.

-¿Ves? -dijo el anciano-. Todos tenemos algo que contar, igual que tú. Historias sobre cómo nos tocó el corazón, nos ayudó, nos proporcionó trabajo, nos prestó dinero, nos vendió al por mayor. Montones de historias, grandes y pequeñas. Todas cuentan. A lo largo de una vida, todo cuenta. Por eso estamos aquí, William. Somos parte de él, de su ser, tal como él es parte de nosotros.




Mi padre recuerda los tiempos en que no había coches. Recuerda los tiempos en que la gente solía caminar. Y él también lo hace; es decir, camina; pero aún así le encanta sentir el motor runruneando, las ruedas dando vueltas, la vida que se exhibe enmarcada en el parabrisas, en la luneta trasera, en las ventanillas de los cuatro costados. El coche es la alfombra mágica de mi padre.




Camina con las manos a la espalda, escudriñando los escaparates de las tiendas y los callejones con mirada amistosa y, como ya entonces es bastante sensible a la luz del sol, con los ojos entornados, lo que le da un aire más amistoso y más delicado, y es que él es así: más amistoso y, sin duda, más delicado que la impresión que nunca haya dado a nadie.


Y aunque no toque, no puedo evitar colgar una foto del Edward Bloom cinematográfico, lo mejor de la peli de Tim Burton

6 comments

  1. Tengo pendiente reseñar algunos libros más, pero entre que estoy más liada que la pata de un romano y que no encuentro el momento, pues se va retrasando… 😛

  2. Este no lo he leído así que se viene a mi lista de pendientes ya mismo. La película la he vist dos o tres veces y me parece una maravilla y eso que Burton no es muy de mi cuerda.

  3. La película es maravillosa así que el libro no puede decepcionar. La he visto muchas veces y siempre hay algo que descubro o que logra atraparme para verla hasta el final.
    Recibe un beso, amiga

  4. Ay!! Soy un desastre, aún no lo he leido!!(por cierto otra vez gracias!!^^) entre que no tengo tiempo y lo tengo que leer en el ordenador .. ufff. Pero tengo que leerlo pero ya!! Tu reseña solo me ha dado aún más ganas de leerlo!!! XD

    Besinos

  5. Pocas veces he visto una peli antes de leer el libro, aunque creo que esta es la manera de valorar el film en su justa medida, en caso contrario siempre buscas analogías y baremos que establecía el libro y te olvidas un poco del valor de la película por sí misma

    Saludos

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