King habla sobre el Kindle y los e-readers (columna EW, 26/03/10, traducida)

Columna publicada en EW el 26 de marzo de 2010
Traducción por Sonia Rodríguez

En 2008, no mucho después de escribir una columna sobre el aparato de lectura Kindle para EW, mi agente, Ralph Vicinanza, me sugirió que escribiese algo para Amazon. Iban a introducir una nueva versión del Kindle, dijo, y me preguntó si me gustaría escribir una historia original para que fuera publicada exclusivamente en ese formato. Dije que lo consideraría, e hice justo eso en varios de mis paseos diarios de tres millas, que es cuando pienso mejor.

Decidí que me gustaría escribir una historia para el Kindle, pero sólo si podía hacer una sobre el Kindle. Los gadgets me fascinan, particularmente si soy capaz de imaginarlos de un modo en que se puedan volver extraños. Había escrito previamente sobre coches homicidas, ordenadores siniestros, y teléfonos destructores de cerebros; en la época en que llegó la solicitud de Amazon, había estado jugando con una idea sobre un tipo que empieza a recibir correos electrónicos de los muertos. La historia que escribí, “Ur”, trataba sobre un lector de libros electrónicos que puede acceder a libros y periódicos de mundos alternativos. Me di cuenta de que me despellejarían en algunos de los blogs literarios, donde sería acusado de escribir literatura barata para Jeff Bezos & Co. (1) , pero eso no me importaba mucho; a lo largo de mi carrera, he sido despellejado por expertos, pero todavía sigo en pie.

Todo esto ocurrió antes de que Barnes & Noble empezase a vender el lector Nook y Steve Jobs – con considerable fanfarria – presentara el iPad, seguramente uno de los nombres más estúpidos del consumo geek-me-with-a-spoon (2). (Yo lo habría llamado iDo, pero el Sr. Jobs no me preguntó). También fue antes de que el inofensivo pequeño lector de eBooks – un desarrollo perfectamente lógico de la era de Internet – creció hasta algo que ahora parece amenazar a editores, librerías e incluso a los autores mismos. Y antes de que Amazon y Wal-Mart entraran en una guerra de precios tragicómica que envió los precios de los más vendidos del año pasado (en versiones de papel además de las de e-book) cayeran en picado. En algún momento, podías comprar la edición Kindle de Under the Dome por ocho pavos, menos de la mitad del precio de la próxima edición en tapa dura. ¿En qué estaban pensando?

Puede que en lugar de “Ur”, debiera haber escrito una historia titulada “El Monstruo que se comió el negocio de los libros” – ¿pero querría Amazon ese? Probablemente no.

No tengo planes de tener un iPad, sé que hará más cosas que mi Kindle, pero no quiero más cosas. Si quisiera otro material – películas, programas de televisión, pronósticos del tiempo, el próximo disco de Josh Ritter – tengo mi Mac. En lo que se refiere a lectura, el Kindle me da todo lo que quiero, gracias. Puedo sacar de la nada lo último de Michael Connelly, llevarlo en el bolsillo de mi chaqueta, y agrandar la fuente tanto como quiera. Después de todo eso, ¿debería insistir en que cante, baile, y me dé las coordenadas de GPS de la Waffle House más cercana? El Camarada Stevie dice nyet.

Pero mi e-reader nunca reemplazará por completo a mis libros. Es difícil acceder a las notas al pie en el Kindle (oh, hay un modo, pero es contraintuitivo). Las portadas en blanco y negro son pesadas. Lo peor de todo, los materiales holográficos son del todo indescifrables. Leí una novela de misterio de Minette Walters recientemente en mi Kindle. Había varias cartas escritas a mano que eran una parte integral del argumento, y no tenía la menor idea de lo que decían, incluso aunque puse la maldita pantalla a una pulgada de mi nariz. Por supuesto, se rumorea que está en marcha un Kindle con colores, el iPad mostrará colores, y estoy seguro de que podría haber leído esas cartas incriminadorias en el nuevo y más grande Kindle DX.

El problema real con los e-readers, y lo que puede salvar la asediada industria editorial, es la simple resistencia del consumidor. Hay muchas ventajas para los aparatos electrónicos – portabilidad, gratificación instantánea para el comprador, agradables fuentes grandes para ojos viejos como los míos – pero hay una ligereza problemática en el contenido también. Una no-existencia. Incluso trabajos formidables como Quicksilver de Neal Stephenson parecen algo no demasiado real cuando son leídos en una pantalla. Oh, y algo más: Si te ocurre que se te cae un libro en el inodoro, puedes secarlo. Deja caer tu Kindle en el inodoro y puede que todavía funcione.

El título de una novela de Anthony Powelll puede expresar mejor mi propia mezcla incómoda de sensaciones sobre el lector de Amazon y sus competidores recién llegados. La novela se titula Books Do Furnish a Room [Los libros sí amueblan una habitación]. Ese libro en particular no está, hasta donde sé, disponible en edición Kindle.

(1) Jezz Bezos es el fundador de Amazon.com.

(2) N. de T.: Juego de palabras intraducible que mezcla la expresión “Gag me with a spoon” (que literalmente significa “provócame náuseas con una cuchara” y que expresa asco o disgusto con algo) y la palabra geek, normalmente empleada para definir a personas con gusto por las novedades tecnológicas y la informática.