La mejor televisión del 2009, según Stephen King (artículo EW)

Artículo publicado en inglés en Entertainment Weekly. Traducción por Sonia Rodríguez

Lo que sigue son las 10 mejores cosas que he visto en televisión este año. Estoy rezagado en un par de casos (sólo he llegado a la temporada 2 de House, por ejemplo), pero es porque la televisión es sólo una parte de mi vida de entretenimiento. Hay noches en que no enciendo el monstruo con ojo de cristal para nada, prefiriendo esas antiguas pero maravillosas invenciones llamadas “libros”. Y os daréis cuenta de que las sitcoms no son lo mío. Ni lo son las amas de casa cachondas con peinados de 200 dólares. Hechas esas advertencias, allá vamos.

10. Dead set. Británica y no disponible en DVD en los Estados Unidos todavía, pero si eres un fan del terror, no querrás perdértela cuando lo esté. Los zombies han invadido Inglaterra (y el resto del mundo), dejando atrapados a los concursantes que quedan de Gran Hermano en su decorado. Esta parodia de los realities de televisión es sangrienta, escabrosa y truculentamente divertida.

9. Harper’s Island. Un asesino desconocido mata a personas jóvenes y atractivas una por una en esta comedia retro. Harper’s tiene una divertida mezcla de Agatha Christie y Viernes 13… con un toque de Saw en ella. Qué vergüenza que no volverá. . Cualquier serie donde Harry Hamlin es cortado por la mitad mientras cuelga de un puente merece una renovación; creo que podrían haberlo hecho con David Hasselhoff.

8. The Rachel Maddow Show. Mientras Keith Olbermann se infla como un dirigible de furia (no sin razón), Maddow se vuelve más intuitiva. Es inteligente, divertido, e intenta tener en cuenta ambos lados de los argumentos políticos. No duele que sea guapa de una manera incomprensible.

7. FlashForward. El jurado todavía está deliberando sobre FF, pero la pregunta que subyace en el corazón de la serie – ¿están nuestras vidas regidas por el destino, coincidencia o alguna extraña combinación de las dos cosas? – me arrastra a verla semana tras semana. Desearía que dejaran de lado los montajes de música cursi, sin embargo. Si realmente siento la necesidad de verter una lágrima o dos, cortaré una cebolla en daditos y me haría una hamburguesa.

6. House. Vale, así que cada capítulo es esencialmente el mismo (crisis al final del Acto 1, el momento “¡Ajá!” de House durante el Acto 4), pero los diálogos son vibrantes, y la arrogancia de House alcanza ocasionalmente cotas Shakesperianas. El hombre es un grosero pero nunca un aburrimiento.

5. Sons of Anarchy. Tiene esa vibración de Shield (Jay Karnes, el ex–Detective Wagenbach, incluso se muestra como un pícaro agente del ATF), pero el drama está animado por una historia criminal de la clase obrera qcon reminiscencias a una serie de larga duración de mafiosos de HBO. Llámalo Los Soprano sobre Harleys. Y Ron Perlman está genial.

4. Damages. Esta energética serie de efectos especiales protagonizada por Glenn Close y la siempre impresionante Rose Byrne como dos de las más intrigantes codiciosas que han aparecido en las pantallas de la televisión americana. ¿Lo más remarcable de Damages? Las historias en sí mismas, que son complejas, tienen suspense, y a menudo son cínicas hasta la crueldad. De lejos mucho mejor que Mad Men, en la humilde opinión de vuestro Tío Stevie.

3. Lost. Mientras se mueve hacia una conclusión, este drama revolucionario ha vuelto a ganar su velocidad… y su corazón. En su mejor momento, Lost nunca ha tratado de una isla fantástica flotando sin ataduras en el tiempo; ha tratado de las personas.

2. 24. ¿La 7ª temporada fue ridícula? ¡Sí! ¿Fue la política tan aburrida como siempre? Sin duda. ¿Pero también fue fascinante, como una película de ación de la vieja escuela? Totalmente, lo fue. Kiefer Sutherland es incondicional, Mary Lynn Rajskub está tan deliciosa como un gajo de limón en un vaso de té helado, y Cherry Jones es la mejor presidenta desde Dennis (“¿Estáis en buenas manos?”) Haysbert. Lo que es fácil de pasar por alto en 24 es que tiene resueltos todos los problmemas de las series de “historia continua” al parecer sin sudar ni una gota.

1. Breaking Bad. El programa al que he llamado la mejor serie de 2008 se ha convertido ahora en la mejor del siglo XXI. El fiero retrato de Bryan Cranston del Hombre normal profesor/poco agraciado Walter White continúa impresionando, y Aaron Paul brilla como Jesse Pinkman, un aprendiz de hechicero que se ve envuelto en una sociedad letal. El creador de la serie, Vince Gilligan, ha abierto una ventana sobre un mundo donde los aviones se caen del cielo y los yonkis de la metanfetamina son aplastados bajo cajeros automáticos. BB es brillante, aterradora, impactante, y a veces para morirse de risa. Lo que comenzó como una acusación de la cultura de la droga y el maltrato en América a aquellos que caen víctimas de enfermedades catastróficas, se ha metamorfoseado en un examen del sueño americano en sí mismo: brillante y adictivo en la superficie, vacío en su interior. Y oscuro. Muy oscuro.

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