Libros leídos en 2009 (XXXII): ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver

FICHA TÉCNICA:
Título original: Will you please be quiet, please?
Autora: Raymond Carver
Editorial: Anagrama
Páginas: 235
ISBN: 978-84-339-1483-5
Año publicación en inglés: 1976

LISTA DE RELATOS
Gordo
Vecinos
¡Hábrase visto…!
No son tu marido
¿Es usted médico?
El padre
Nadie decía nada
Sesenta acres
¿Qué hay en Alaska?
Escuela nocturna
Recolectores
¿Qué hace usted en San Francisco?
La esposa del estudiante
Póngase usted en mi lugar
Jerry y MOlly y Sam
¿Por qué, cariño?
Los patos
¿Qué te parece esto?
Bicicletas, músculos, cigarrillos
¿Qué es lo que quiere?
Señales
¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

Raymond Carver es, dicen, de los mejores escritores de relatos que nunca ha habido en América. Yo, como me fié de ese «maestro indiscutible del cuento norteamericano actual» que ponía que era en la contraportada, me compré el primero de sus libros hace ya tiempo. Aquel libro era Catedral, que también leí este año y comenté hace tiempo.

Resulta que este otro libro de relatos me lo terminé hará como una semana o así. En esa semana, a ratillos, estuve traduciendo un artículo/reseña de Stephen King sobre el autor. ¿Casualidades de la vida? Pues sí, casualidades de la vida.

En ese artículo me quedaron claras varias cosas: una, que Ray Carver fue durante mucho tiempo un tío cuya principal ocupación era beber y vivir de su mujer, y dos, que no se caracterizó precisamente por su buen comportamiento en determinados momentos de su vida. Además, ha conseguido que, aparte de ser aficionada a leer sus historias me interese más por Ray Carver, la persona que fue.

En las historias de Carver no hay que esperar grandes acontecimientos, ni grandes revelaciones. Normalmente los relatos no tienen un gran final, pero sí un gran desarrollo. Son como la vida misma en sus peores momentos: gris, aburrida, monótona y al parecer, sin esperanzas de mejorar. Los hombres y mujeres no tienen grandes esperanzas depositadas en el futuro, la belleza no aparece por ninguna parte, la falta de dinero es algo agobiante, y el día a día se hace casi insoportable… algo que a todos nos parece familiar, antes o después.
En este libro tenemos, desde un relato en el que el marido en paro decide un día que su mujer está gorda y le propone adelgazar, en «No son tu marido», hasta otro («¿Qué hace usted en San Francisco?») donde un cartero cuenta, desde su limitada perspectiva, las vicisitudes de un matrimonio joven recién llegado al vecindario, desde su llegada, hasta que se van, pasando por «¿Qué te parece esto?» donde un matrimonio va a ver una casa de campo a la que posiblemente se muden. El problema es que no tiene ni agua corriente, ni electricidad… Son relatos donde casi todo el mundo está triste, o se oculta cosas, los matrimonios están distanciados, hay silencios incómodos. Retratos de tristeza.
Pero aunque la depresión, la desolación y la monotonía reinen en los relatos de Carver, hay a menudo un pequeño rayo de esperanza, una voluntad decidida y empecinada de sus protagonistas por salir adelante y arreglar aquello que está mal. Esto creo que todavía lo hace más realista si cabe. Y a pesar de ser tan «realistas», tan fieles a lo que podría ocurrir a cualquier persona en la época que están ambientados, también tienen puntos de surrealismo, como suele ocurrir en nuestras propias vidas. Ese punto de surrealismo, junto con la esperanza, son los últimos toques para darle vida a todos estos retratos.
Y para no enrollarme más, para alguien a quien le gusten los relatos, y los relatos bien escritos, recomiendo este libro, no se arrepentirá.

Quizá aquí tenga cabida y sea muy clarificadora una entrevista que le hicieron a Carver en el año 1978, diez años antes de morir.
Al final de la tarde, un sábado, y estamos sentados en mi apartamento bebiendo café. Fuera de la ventana de salón algunos niños de la vecindad están discutiendo. Una camioneta se mueve lentamente calle abajo. Podría ser la escena de apertura de uno de sus relatos porque es aparentemente ordinaria.

Raymond Carver enciendo su cigarrillo, hace un gesto suave con la cerilla, se echa hacia delante.

«No eres tus personajes, pero tus personajes son tú», dice.

Una observación interesante considerando los muchos roles que ha interpretado Carver en su vida. Ha sido conserje, trabajador en serrería, repartidor, dependiente y editor de una firma editorial. Ha enseñado escritura de ficción en varias universidades incluyendo la Iowa Writer’s Workshop desde 1973-1974.

Durante los próximos meses, Carver simplemente vivirá en Iowa City, trabajando en varios proyectos de escritura antes de dejar el Medio Oeste para unirse a la facultad de Goddard College en Vermont.

«Es una nueva etapa en mi vida. Mis hijos han crecido y acabo de recibir una beca Guggenheim. Tengo grandes espacios de tiempo con los que trabajar», dice.

«He estado trabajando en una novela. Ya había recibido un anticipo del editor, pero ellos habían accedido a aceptar una recopilación de relatos este otoño, sin embargo»

Carver ha publicado anteriormente dos antologías de sus relatos: «Will You Please Be Quiet, Please? [¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?]» que estuvo nominada a un National Book Award en 1977, y «Furious Seasons» que incluye la historia que ganó el Pushcart Prize, «So Much Water So Close to Home».

Carver piensa en sí mismo principalmente como un escritor de ficción, aunque ha publicado tres excelentes volúmenes de poesía y está componiendo un cuarto.

«Hace un año pensaba que nunca escribiría otro poema. No sé exactamente por qué, pero desde que estoy en Iowa he escrito un libro entero. Las últimas semanas han sido muy buenas».

Hablamos un rato acerca de la división que a veces resulta evidente entre la poesía de un escritor y su prosa. Sugiero que los poemas de Carver a menudo se parecen a su ficción. Enciende otro cigarrillo.

«Creo que una línea argumental es muy importante. Tanto si estoy escribiendo un poema o escribiendo prosa intento contar una historia. Durante mucho tiempo escribí poemas porque no tenía tiempo para escribir relatos. Lo bueno de un poema es que hay una gratificación instantánea. Y si algo va mal, está ahí. Sería una cosa difícil para mí trabajar durante meses en una novela y que saliera mal. Sería una tremenda inversión para mí y no tengo una capacidad de concentración muy grande».

Si es justo decir que los poemas de Carver se parecen a sus relatos, es igualmente cierto que sus relatos tienen una intensidad poética. El lenguaje es muy claro y aparentemente sencillo. El lector nunca está seguro de donde está ocurriendo la acción hasta que llega el climax.

Raymond Carver tiene una habilidad tremenda con el diálogo y sus personajes siguen siendo tangibles en las situaciones más bizarras.

En la historia, «¿Qué hay en Alaska?», Mary y Clark pasan una noche con Jack y Helen probando una pipa de agua que Jack ha recibido por su cumpleaños. Carver no sólo simula las conversaciones de cuatro adultos drogados con una maravillosa exactitud, sino que tiene éxito en sugerir sutilmente una serie de conflictos que crean una tensión subliminal en el lector, una tensión que culmina en las líneas perturbadoras del final de la historia.

La ficción de Carver bastante a menudo anima una especie de respuesta empática en sus lectores. Esto es debido a su buen ojo para los pequeños detalles comunes, detalles que imaginamos que son únicos en nuestras historias personales. A veces olvidamos que estamos leyendo ficciones, sospechamos que estamos tratando con ecos de nuestras propias palabras, nuestras propias vidas.

Rellenamos nuestras tazas de café y le pregunto acerca del proceso, los orígenes de sus historias. Hace una pausa durante un momento.

«Muchas cosas vienen de la experiencia, o a veces de algo que he oído, un diálogo en alguna parte».

Menciono que a menudo sus títulos se sacan de líneas de diálogo de sus relatos. Se echa hacia delante.

«Empiezas a escribir. A veces no encuentras lo que estás intentando decir en la historia hasta que llegas a un diálogo, y luego de repente sabes a donde se dirige la historia. Sólo tienes que descubrirlo mientras avanzas. Luego cuando tienes ese primer borrador, vuelves atrás».

«Todo es importante en una historia, cada palabra, cada signo de puntuación. Creo mucho en la economía en la ficción. Algunas de mis historias, como «Neighbors», eran tres veces más largas en sus primeros borradores. Realmente me gusta el proceso de reescritura».

«Los comienzos son muy importantes. Una historia está bendita o maldita con las líneas que la inician. Los editores tienen tantos manuscritos que mirar que a menudo todo lo que ven es el primer párrafo o dos, a menos que sea un autor que conocen».

Aparentemente Carver sabe lo que hace porque sus historias han sido incluidas en algunas de las antologías más competitivas del país: Best American Short Stories y O. Henry Prize Stories.

La pausa más larga en nuestra conversación es la que sigue a mi pregunta, «¿Qué piensas de programas de escritura tales como el Iowa Writer’s Workshop? Sé que fuiste estudiante allí hace años».

Creo que los programas de escritura son algo bueno, un lugar donde aprender el oficio. Por supuesto un problema de eso es que de mucha gente que es activa en el programa de escritura no se vuelve a escuchar nada después de que lo dejan. Se van de la escuela y dejan de escribir».

«Mi época en Iowa no fue muy productiva. No hice mucho trabajo. Estuve aquí durante dos semestres y lo dejé antes de conseguir mi licenciatura».

«lo importante es encontrar a alguien con quien trabajar. Para mí fue John Gardner. Estuvo allí en una época muy importante de mi desarrollo».

Carver leerá en el English Lounge a las 8 hoy; leerá, quizás, la historia que da título a su nueva antología de ficción breve, «Why Don’t You Dance?»

«Podría leer otra historia también», dice, «Put Yourself In My Shoes». Lo decidiré el martes».

Carver se levanta, me mira, con la taza en la mano. «¿Hay más café?», pregunta.


(Entrevista originalmente publicada en www.sophieswoods.com. Traducción por Sonia Rodríguez)

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