De paquetes y vecinas

Evidentemente, esto no se trata de mí, es sólo algo, cualquier cosa, y desde luego, nada guarro que se os haya podido ocurrir al ver el título…

Había tenido turno de noche y me levanté hecho polvo. Después de toda la semana con el horario cambiado y durmiendo sólo seis horas, mi cerebro estaba tardando en reaccionar después de despertarme. Tenía un sueño mortal, y ganas de dormir la siesta a las doce de la mañana.


Mi novia me llamó alarmada, me dio los buenos días y empezó a decir no sé qué de un paquete, una entrega, los vecinos… ¿qué? Ya no me acordaba, aunque sí, es verdad, estábamos esperando algo… ‘no, no creo… ¿lo has visto en internet?… quizás hay algún error’ y vuelta a preparar la comida.

Diez minutos antes de que llegue, llaman al timbre. ¿Será el paquete? No, es una vecina. ‘Hola, nos han dejado un paquete, es vuestro, pesa un poco, así que cuando queráis bajad a por él’. Y yo le dije que no, que bajaría en ese momento. El paquete sí pesaba, lo comprobé mientras la vecina (¿Pepi? ¿Manoli? ¿Maruji?) me daba explicaciones sobre por qué habían recogido una entrega que en realidad era para nosotros. ‘Porque ya sabrás lo que pasa en esta escalera’ Seguro que mi cara fue de póker. ‘¿Qué pasa?’ Como si hubiera micrófonos en algún sitio, la mujer apuntó con un dedo hacia arriba primero, y después lo utilizó para tirar hacia abajo de su párpado inferior a la vez que exhibía una expresión de perspicacia. Nos despedimos como buenos vecinos. (¿Nos vigilan? ¿O les vigilan a ellos? Si son ella y su marido quienes se pasan el día en el balcón… ¿a quienes se refiere, los del piso de arriba, los del ático…?)

Y por fin llega ella… ‘¡Hola!’ (Beso) ‘¡Hola, ya lo tenemos! ¿A que es bonito? Tengo que contarte lo que me ha pasado, pero ven aquí, y cierra la puerta…’

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