Libros leídos en 2009 (XXIV): Menos que cero, de Bret Easton Ellis

Menos que cero es una novela de Bret Easton Ellis, autor más bien conocido por su libro American Psycho, novela en la que, como recordaréis, se narraban las peripecias y correrías de un yuppie de los ochenta, que además de ser consumidor de cocaína era un consumado asesino en serie y un fashion victim en toda regla.

Se podría decir que esta novela es algo así como una precuela de esa otra. En ésta, el protagonista, Clay, un joven que apenas supera la mayoría de edad, va a su casa por las vacaciones de Navidad y se reencuentra con su familia y amigos, cada cual más superficial y enfermo que el anterior.

Menos que cero debe su título a una canción de Elvis Costello, y posee una cualidad oscura que hace que su lectura sea algo que engancha. No podía dejar de pensar mientras lo leía que no tenía nada de especial, que la narración es simplona y a veces hasta exagerada… pero no podía dejarlo. Me pasó algo parecido con American Psycho, y sin embargo, también me enganchó. Ellis tiene una manera única de contar las cosas, que quizá ha ido madurando con el tiempo pero en el fondo no ha cambiado demasiado. Por ejemplo, hay una clara diferencia entre su manera de escribir de este libro (publicado en 1985) y Lunar Park, por ejemplo (20 años después). Aquí las frases son breves, cortantes, y la narración se sucede casi a trompicones, como la vida de Clay, que intercala a veces pequeños fragmentos recuerdos de su infancia o pasado, con su presente.

El libro empieza cuando comienzan las vacaciones de Clay, y termina cuando se terminan, así de simple. En medio de todo esto, desfilan sus amigos, la que es su medio novia, Blair, algún que otro traficante de drogas, modelos, actores, todos jóvenes y adinerados, y cada cual más vacío y degenerado que el anterior, todos tremendamente destruidos por dentro aunque sin verdaderos motivos para estarlo.

Como decía, la evolución lógica de esta novela será American Psycho, y quizás, indirectamente y en un mundo paralelo en el que Clay no se vuelve un asesino en serie (no digo que en este libro, Menos que cero, muestre indicios de nada de eso), la evolución sería Lunar Park. Con cada libro que leo de este autor, le cojo más aprecio a su escritura, y comprendo mejor a sus personajes superficiales y llenos de vacío. Está bien, son pijos insufribles que viven para drogarse y acostarse todos con todos y asistir a fiestas, pero a su manera, algunos de ellos, llegan a caer bien. Y otros, sumidos en sus infiernos de pornografía y corrupción de menores, curioseando en el mundo del snuff, pueden llegar a poner la piel de gallina.

Si lo que Ellis quería era retratar a una generación carente de valores, para empezar el suyo propio como personas, yo creo que lo borda. Y su manera de contarlo, su forma de escribir, puede gustar más o menos, pero hay que reconocer que es muy efectiva. Además, también hay que tener en cuenta que la edad del escritor cuando se publicó este libro era más o menos la de los personajes que estaba tratando de describir, o sea, que tenía exactamente 21 años cuando se publicó esta novela, la primera y la que le traería el éxito y el dinero. Supongo que sabía bien de lo que hablaba.

He leído en la Wikipedia que Ellis anunció tras la publicación de Lunar Park, que escribiría una secuela para esta novela, algo así como el «qué fue de…» de estos personajes, que ya habrían alcanzado la mediana edad. En la web pone que en 2010 se publicará este libro. Estaré atenta. [Editado en febrero de 2012:El libro mencionado es Imperial Bedrooms, publicado en 2010]

Y ahora, unos fragmentos y frases de este libro, para que os hagáis una idea.

– Pero tú no necesitas nada. Lo tienes todo – le digo.
Rip me mira.
– No es cierto.
– ¿Qué?
– No lo tengo todo.
Hay una pausa y luego pregunto:
– Mierda, Rip, ¿y qué es lo que no tienes?
– No tengo nada que perder.

– ¿Adónde vamos?
– No lo sé – me dijo-. Simplemente damos un paseo en coche.
– Pero esta carretera no lleva a ninguna parte – le dije.
– ¿Y qué importa?
– ¿Y qué es lo que importa, tío? – le pregunté al cabo de un rato.
– Sólo que estamos en ella, tío – dijo.

– No quiero que me importe nada. Si me importan las cosas es peor. Se convierten en una cosa más de las que me molestan. Es menos doloroso si no te importa nada.

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