Cuando una saga empequeñece al escritor

El otro día hablaba, a raíz de un artículo, de las sagas y de su poder de enganche, de cómo al aficionarse realmente a una saga, la que sea, nos convertimos en verdaderos adictos y yonkis sedientos de novedades sobre esos libros que tanto ansiamos. Saber algo más, casi cualquier cosa, se convierte en una necesidad imperiosa, algo en lo que pensamos antes de dormir, uno de los temas de nuestras ensoñaciones diurnas, incluso. Recuerdo, sin ir más lejos, cuando esperaba con ansia a que saliesen los tomos de La Torre Oscura. Tuve la suerte de encontrar ya publicados los tres primeros cuando me aficioné, y aunque esperaba con ansia el cuarto, me entretuve releyéndolos durante el uno o dos años que duró la espera hasta el siguiente. Con Stephen King no suele haber problemas a la hora de esperar novedades, libros o fechas: es una máquina de producir hojas mecanografiadas. No sé si muchos sabréis que este escritor sufrió un grave accidente en 1999. En aquel entonces todavía no estaban publicados los tres últimos tomos de LTO, y cuando un día, en mi casa, mi hermano me llamó desde otra habitación para mostrarme lo que estaban diciendo en las noticias (“el famoso escritor de best-sellers, Stephen King, sufre un grave accidente…”) ¿sabéis qué pensé? Pues, me avergüenza decir que pensé algo así como ‘¿y si no termina La Torre Oscura?’ al principio, para después sentirme culpable y preocuparme por la persona y no el escritor. Ahora me siento casi sucia recordándolo, pero así fue. Porque en los peores momentos, un auténtico adicto no piensa que el escritor sea un ser humano, sino una mera máquina de producir páginas, pero no páginas de cualquier cosa, sino páginas de la SAGA.

Un blogger al que sigo, Sebastian Lalaurette, comentaba el otro día que este síndrome hay que bautizarlo. Él propuso llamarlo el ‘síndrome Kathy Bates’, y vosotros pensaréis… ¿Kathy Bates? Si es una actriz, ¿no sería mejor llamarlo ‘síndrome Annie Wilkes’, por Misery? Pero como él mismo argumentaba, y yo le doy completamente la razón, después de ver la película todos le pusimos cara a aquel personaje fanático e irracional, a aquel ser tan sólido e inmenso como África, y esa cara no es otra que el ancho y no demasiado agraciado rostro de la Bates. ¿A que todos recordáis esas miradas que lanzaba a su escritor favorito su “fan número uno”?

Es curioso el amor a una saga que pasa por alto el amor al hombre o mujer que la escribe. Es curioso, reflexiono después de leer varios foros de por ahí, como los fans se sienten (justamente, según ellos) indignados cuando el escritor “de sus amores” se dedica a otros menesteres que poco o nada tienen que ver con esos personajes, esa historia, y esa saga.

Me dio por pensar en todo esto a raíz de la que se está armando con la saga Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin. Los fans llevan esperando la quinta entrega de la saga desde 2005, fecha en que se publicó Feast of Crows en inglés. ¿Os imagináis como deben estar? Se suben por las paredes viendo como su adorado escritor hace giras, asiste a convenciones, e incluso publica otros libros que nada tienen que ver con A Dance with Dragons, la que será la quinta entrega. Ven como sus anhelos son burlados por cambiantes posibles fechas de publicación, leen con auténtica ansiedad cualquier información relacionada con fechas, fechas, fechas… Fue curioso porque el otro día publiqué una traducción de una entrevista al escritor que se le hizo en julio, y la gente que la lee, he visto que en los foros (para muestra, aquí, aquí y aquí) simplemente comenta UNA frase en la que el escritor dedica a dar una fecha, extremadamente imprecisa, en la que espera terminar de escribir el libro (¡ni siquiera la fecha de publicación!). Están enfadados, con o sin razón, porque se pasea de convención friki en convención friki, y suelta información con cuentagotas sobre ese próximo libro, porque habla más de la serie que harán basada en la saga, que sobre lo mucho que escribe para terminar el libro cuanto antes. Y es que como él mismo ha dicho… “me gusta hacer cosas diferentes”.

Pero no dudo también que ciertos fans no dudarían en amordazarlo, encadenarlo a un ordenador en un sótano, y no soltarlo hasta que escriba los tres libros que faltan para terminar esa maravillosa saga. Incluso, a veces cuando leo sus opiniones, me parece que esta sería una de las medidas menos extremas.

Yo no lo haría, por supuesto, me parece inhumano… pero claro, eso es porque todavía me quedan el tercer y cuarto libros y todavía no siento el peso de la abstinencia.

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