Mi adicción a la pantalla, un artículo de Stephen King (24/07/09)

Artículo publicado originalmente en EW y escrito por Stephen King
Traducción a cargo de Sonia Rodríguez

¿Podemos hablar – con calma, y sin levantar la voz – sobre la adicción a la pantalla? Lo planteo así porque nadie es más rápido en ponerse en una actitud defensiva como un yonki. Es algo que sé por experiencia personal. La acusación engendra negación. Soy un usuario social, dice el adicto. Además, puedo dejarlo cuando quiera.

Pero, ¿puedes? ¿Puedo hacerlo yo, para el caso?

Pensé en esto cuando vi un artículo de UPI.com (sí, lo leo en mi ordenador) que afirmaba que el adulto medio americano pasa 8,5 horas mirando a varias pantallas. El estudio fue encargado por la Nielsen Company. Mi reacción inicial fue el pensamiento clásico del adicto: No pueden estar hablando de mí; no paso todo ese tiempo mirando fijamente pantallas. Al principio, parecía una conclusión razonable. No uso Twitter, no estoy en Facebook (a menos que alguien me haya puesto ahí), nunca he comprado en Craigslist, y he hecho exactamente una adquisición en eBay (alguien lo hizo por mí, ya que no tengo ni idea del protocolo). Poseo un teléfono móvil pero no lo utilizo – lo guardo en el coche por si sufro una avería en Overshoe Este y necesito una grúa. Creo que saca fotos, pero no tengo ni idea de cómo funciona esa utilidad, y nunca he enviado un SMS a nadie en toda mi vida.

Así que cuando empecé a sumar mi tiempo frente a pantallas en un día, lo hice con confianza, y – el Tío Stevie lo admite – con un sentimiento de superioridad. Esa sensación pronto se esfumó. Para mí, se divide así: 3,5 horas escribiendo frente a mi Mac de sobremesa; una hora al día escribiendo y contestando e-mails; una hora al día visitando mis páginas webs favoritas (Drudge, Huffington Post, Daily Beast, Kos, EW, The Filthy Critic, The Smoking Gun, etc.); dos horas al día mirando televisión (en su mayor parte material que me he descargado de iTunes o visto en Hulu). Estoy por debajo de la media de Nielsen, pero aún así – ¿siete horas al día de actividades relacionadas con los ordenadores? Eso es mucho voyeurismo. Pensadlo de otro modo, estoy pasando más de la mitad del tiempo consciente del día aquí donde estoy ahora – con mi cara bañada en luz eléctrica. No es difícil pensar en las telepantallas del Gran Hermano de George Orwell cuando te das cuenta de una cosa así.

El National Institute on Media and the Family (“¡Encuéntrame en Twitter” se muestra de forma visible en su página web) tiene una lista de algunos síntomas claves de la adicción a la pantalla: jugar a videojuegos genera normalmente sentimientos de placer y culpabilidad a partes iguales; los usuarios a menudo dejan de lado de la comida a favor de la actividad con el ordenador; los usuarios reciben grandes facturas por servicios online (menos mal de que iTunes y Amazon en mi caso, y no de porno y apuestas).

PurpleSlinky.com lista los síntomas de la adicción que dan incluso más en el clavo: ¿Está mi centro de entretenimiento ligado a mi ordenador? (Uh… sí). ¿Alguna vez he dejado de lado un buen rato con mi familia para pasar un rato mirando vídeos de YouTube? (Bueeeeno…) ¿Alguna vez he sufrido dolores de cabeza por estar frente al ordenador? (Er…) ¿Me vuelvo loco cuando mi ordenador funciona mal? (¿Estás de broma?) ¿El hecho de no tener acceso a un ordenador me pone nervioso? (Duh) ¿Siento que revisar mi correo electrónico por la mañana es una prioridad? (¿No lo es para todo el mundo?) ¿Reviso mi correo electrónico más de seis veces al día? (Me acojo a la Quinta Enmienda en esa).

Os habréis dado cuenta de que estoy hablando de mí – es algo que los adictos como yo aprenden en los diversos programas de Doce Pasos. Si hablo de vosotros, entonces la negación entra en juego. Además, el Tío Stevie no da consejos. Si necesitáis hacer cambios, es algo entre vosotros y vuestro Mac o PC. ¿Y acerca de mí? Me acerco a los 62. Puede que me queden 10 años de productividad, 20 si tengo suerte y no me atropella ninguna furgoneta más. Cuando me pregunto a mí mismo cuánto de ese tiempo quiero pasar jugando a juegos de cartas online o mirando vídeos en lugar de pasar rato con mi familia y amigos, holgazaneando con mi perro idiota, o montando en mi moto, la respuesta es que no demasiado.

Cuando leí ese número de 8,5, pensé en el viejo dicho “Ningún hombre en su lecho de muerte ha dicho nunca, ‘Desearía haber pasado más tiempo en la oficina’” (Lo busqué en Google – otro talismán del ordenador para mí – pero no pude encontrar la fuente). No creo que ningún hombre o mujer en su lecho de muerte hayan deseado nunca haber pasado más tiempo enviando mensajes instantáneos o jugando a póker online. Pero demonios, podría estar equivocado.


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