Libros leídos en 2009 (XX): El increíble hombre menguante, de Richard Matheson

Este libro, en la edición de La Factoría de Ideas, incluye, además de El Increíble Hombre Menguante, los relatos: El repartidor (también incluido en la antología de relatos Pesadilla a 20.000 pies, de Valdemar, con el título de El Distribuidor), El diablo sobre ruedas, Mantage (incluido en uno de los volúmenes de Shock, con el título de La Película), y La Prueba.

Al rpincipio tenía mis dudas acerca de este libro, pensaba que no tenía ningún interés para mí, dado que todos sabemos de qué va el argumento: un tío menguante, nada menos. Pero me sorprendió ver que el argumento era interesante, que uno va sufriendo con el personaje y las situaciones son más o menos «creíbles», hasta el punto que pueden ser creíbles este tipo de situaciones de ciencia-ficción. Matheson traza un buen retrato psicológico de lo que el hombre «medio» podría sentir ante un proceso así, además de dibujar situaciones creíbles y angustiosas a las que se tiene que enfrentar el protagonista a medida que va perdiendo altura. Un buen relato (o novela corta) en el que Matheson no defrauda, a pesar de que no llegue a tener tanto interés como otros trabajos suyos.

Con respecto a los otros relatos, dos de ellos ya los había leído. El Repartidor es un relato muy bueno, con el que se especula a veces, ya que tiene muchas similitudes con la novela de Stephen King, La Tienda (o sería al revés, ya que la novela es posterior). La Prueba es un relato sobre un futuro alternativo donde una nueva ley obliga a algunos ancianos a someterse a una prueba cruel. La verdad es que pone mal cuerpo. El diablo sobre ruedas es un relato muy bueno también, angustia concentrada en no demasiadas páginas, y está muy bien (otro dato, fue adaptado al cine por Steven Spielberg hace muchos años ya, con el mismo título en español). Y Mantage, es un relatito ameno y entretenido de leer, que personalmente no es de mis preferidos.

En resumen, un buen libro para pasar un rato entretenido, relatos clásicos que no por ser ya conocidos en mayor o menor medida, hay que dejar de leer.

«Aquella araña era inmortal. Era más que una araña; era todos los terrores desconocidos del mundo unidos en un horror provisto de fauces venenosas. Era cada ansiedad, cada inseguridad y cada miedo de su vida que habían adoptado una forma espeluznante y oscura».

Deja un comentario