Kdd blogueril y del Ka-Tet (2ª parte)

Hoy toca continuar la kdd que hicimos en Madrid, que por larga publicaré en varias partes, y bueno, como la otra vez, narrada a medias entre los dos. La primera parte está aquí.

KDD MADRILEÑA. CAPÍTULO 4. EL RESURGIR BREAKER DE T Y EL LARGO CAMINO AL ALFREDO’S (Soni)

Algo había ido mal en el brillante bar de al lado de Atocha. Para empezar, de brillante sólo tenía el nombre, para seguir, al llegar T se fue directo a saludar a un tío al que yo no había visto en la vida… «será un compañero de trabajo que por casualidad está por Madrid»… ¡pero no! Era el mismísimo Alcorze en persona, que supongo que se sintió profundamente ofendido por mi falta de vista. Mi saludo fue un poco frío por eso, porque era un desconocido hasta que se convirtió en Alcorze, mi gran amigo. Al rato, hubo otro momento difícil: el camarero y T cruzaron miradas muy raras a la hora de pagar… T extendió un billete que el camarero se apresuró a tomar entre sus dedos, pero T no lo soltó enseguida, sino que lo mantuvo sujeto mientras el malencarado tabernero intentaba en vano sacárselo. Fueron momentos tensos en los que temí que se desencadenase un tiroteo o algo peor en aquel bar. Además, desde que habíamos llegado, T no paraba de mirar de una manera extraña a Alcorze. Cuando llegó H todo pareció mejorar… al menos momentáneamente. Yo ya estaba de lo más a gusto con Alcorze (que estaba genial a pesar de haber madrugado muchísimo ese día) y H, que traía una sorpresa escondida en su mochila, sorpresa que resultaría ser el ejemplar de «Killing Floor» que fuimos a comprar con él la primera vez que quedamos, en Bcn.

Tras el incidente de los calamares y de los 9,50, salimos a la calle, T estaba teniendo sudores fríos y realmente tenía mala cara. Sería mejor que le diera el aire, pero no tuvimos mucho descanso. Charlie, Duran, Z, Bangor y Javi Lara habían sido capaces de huir por fin del caos de palmeras, cocos y vegetación salvaje que hay en Atocha, y llegaron pletóricos y felices al punto de reunión, pero claro, el esfuerzo les había dado sed, así que volvimos a entrar. A T tuve que entrarlo a rastras.

Z estaba tan majo como las otras veces que habíamos quedado con él, con esa gracia suya sevillana que provoca siempre una carcajada, gracia que comparte con Bangor, por cierto. Bangor me dio un susto porque es altísimo y no me lo esperaba tan grande! Lara un poco tímido al principio, pero lo entiendo perfectamente, yo soy ultra-tímida y lo suyo enseguida se pasó. En mi caso la cosa no es tan fácil. Charlie tan locuela como cuando quedamos con ella en Barcelona, llegó prácticamente brincando. Ella es así y la queremos. También venía Duran, mi tocaya, más calladita al princpio pero se fue soltando.

Como decía, tuvimos que entrar y T cada vez se ponía peor. Para cuando llegaron Raven y JOHS ya tenía temblores y no dejaba de echarse la mano al bolsillo, a saber en busca de qué… y por suerte no pasó mucho rato antes de que llegaran Caracol y Darkcloud. Las otras dos parejas de la kdd eran encantadoras, cada una a su manera y cada persona individualmente, y bueno, a JOHS ya lo conocíamos pero a Raven (tan sonriente ), a Caro y Dark era la primera vez. Por suerte Caro estaba ya recuperada de la boca.

Por fin salimos otra vez a la calle. Me resultaba difícil acercarme a T, ya estaba paranoico perdido y ni siquiera se dio cuenta de que por fin había llegado Gab, mi gran amiga, y le estaba dando un abrazo enorme.

Como dijo, nos fuimos a la feria de libros, donde T intentaba huir de mí mientras miraba con desconfianza a cualquiera que estuviese a dos metros de él. No podía dejar que siguiese así, corríamos el riesgo de que el día acabase realmente mal, y por eso antes de alejarnos del parque del Retiro en dirección al exótico destino de Cuzco, tuve que hacer uso de mis métodos más duros para hacerlo entrar en razón. Para cuando entramos en la boca del metro ya había recuperado la cordura (toda la que puede recuperar) y volvía a ver a Alcorze como realmente era, y no un sucio impostor que había dejado al verdadero Al amordazado en los baños del AVE. T volvió a ser T, y desde ese momento, no iba a haber nada que lo parase durante el día, pues desplegó encanto y simpatía a diestro y siniestro, como sólo un veterano breaker puede hacer.

Como iba diciendo, con la ayuda del flamante iPhone de un T mucho más recuperado averiguamos a qué parada debíamos ir, y después de montar un espectáculo considerable en el metro con las fotos, nos bajamos muy cerca del Santiago Bernabeu y del restaurante donde íbamos a comer. Por la proximidad del primero a varios ka-teteros le entraron unas ganas repentinas de “hacer de vientre”, pero no en cualquier sitio, no. Por algún motivo, querían hacerlo justo en la puerta del estadio.

Finalmente, el estómago venció a las tripas y nos dirigimos raudos y veloces al restaurante. Si antes había servido el iPhone de Carlos, esta vez fue JOHS quien nos guió con mucha rapidez al sitio. Y es que no hay nada peor que unos frikis hambrientos de carne…

Y de repente, estuvimos allí. Frente al Alfredo’s Barbacoa. Al mirar adentro, se adivinaba una atmósfera cargada, decoración cuanto menos, extravagante. Era un restaurante de pistoleros… pero después del reparo inicial, empezamos a entrar en fila india, sin saber lo que nos esperaba dentro, pero con una mano sobre la culata de la pistola.

Por si acaso.

KDD MADRILEÑA. CAPÍTULO 5. RACIÓN DOBLE DE COSTILLAS ROTAS (Thunder)

Descendimos a las profundidades de la cripta. El olor a aceite de las antorchas que portábamos se mezclaba con la cargada atmósfera a tabaco, pachuli y efluvios sobaquiles del Alfredo Barbacoa Bar. A cada paso que dábamos hacia las profundidades de la tierra mis ojos no hacían otra cosa que otear ávidamente en busca de alguna salida en caso de que tuviéramos que salir pistola en mano del lugar. Mis esfuerzos eran inútiles y a cada paso que dábamos mis esperanzas de huir si llegaba el caso se esfumaban, el lugar era una auténtica ratonera.

Un camarero con gorra que no hacía otra cosa que lanzarle miraditas de reojo a Ziebal nos acomodó en un rincón y nos entregó las cartas con el menú. Una vez que mis ojos se acostumbraron a la incipiente oscuridad pude distinguir los rostros de aquellos que me acompañaban en mi sección de la mesa. Todos parecían famélicos y tenían el aspecto de no haber probado una comida caliente desde antes del diluvio.

El camarero de la gorra trajo unas costillas a la barbacoa para compartir en la mesa en el preciso momento que una convención de fans de Dean R. Koontz se sentaba en la mesa de al lado. Algunos portaban camisetas que decían “Las adaptaciones de Koontz si que molan”, “King al lado de Koontz es un mierda seca” y cosas de ese estilo. Mientras se desataba una batalla campal contra la mesa de los fans de Koontz yo decidí esconderme debajo de la nuestra y meterme el plato de costillas entre pecho y espalda. Desde mi lugar seguro contemplé como Charlie le partía la cara a un fulano con una jarra de cerveza gigante mientras que Bangor y Gabrielle (que acababa de llejar, ejem) le pateaban el culo a un fan de Koontz y lo lanzaban sobre el pianista que dejó de tocar “Hey Jude” entre un estruendo sincopado de notas discordantes. Raven y Johs lanzaban puñados de deliciosa ensalada de col que hacía retroceder a la turba hasta las escaleras y el grupo formado por Duran, Lara, Caracol y Darkcloud lanzaban la vajilla a modo de Orizas a aquellos que trataban de escapar por ellas. Sonia encima de la mesa y con la melena al viento disparaba su revólver y a cada disparo un cutre-fan de Koontz caía desvencijado como un saco de patatas sobre el suelo. Heartnet extrajo su ejemplar de “The Killing Floor” de “Lee Child” y éste comenzó a emanar una luz blanca y cegadora sobre la cada vez más mermada convención de fans de Koontz. Todo terminó tan súbitamente como había comenzado. Aquellos que habían sobrevivido a nuestra acometida se perdieron por la laberíntica escalera que llevaba al exterior mientras eran perseguidos por una partida liderada por Ziebal que gritaba “¡Por la Torre (de oro)!” y Alcorze que blandía su ejemplar de La Cúpula sobre la turba que huía despavorida.

Después de aquel pequeño incidente con la mesa de al lado nos trajeron la comida que estaba bastante buena y todo fluyó con naturalidad. Mientras el camarero de la gorra retiraba los cadáveres el mismísimo Alfredo´s se presentó ante nosotros para darnos la enhorabuena por aquella gran hazaña bélica y se hizo algunas fotos con nosotros seguramente con el objetivo de colgarlas en su bar junto a las de John Wayne. Después de los postres y el café animados por no haber sufrido bajas en nuestro grupo decidimos ensillar nuestros caballos y salir a tomar algo por Madrid.

Y todavía queda de lo mejor de aquel día… la quedada bloguera!! Eso lo contaré en la tercera y última parte de la crónica, y ahí sí que habrá alguna fotillo ^^

Se siente que no haya fotos… pero es que podrían ofender la sensibilidad de algunos. Bueno, no, pero es que sale gente que igual no quiere salir por ahí en fotos que ni saben donde están. ;D

12 comentarios

  1. Qué estupenda crónica cargada de humor, drama y suspense. Perfecta para tomarme un respiro de media tarde en una jornada de trabajo absolutamente imperfecta. Sigue, sigue, que me encanta!
    besos

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  2. Me ha encantado tu narración de los hechos de aquel dia, supongo que totalmente fidedigna 😉

    En serio me he divertido mucho y la he leido toda del tirón, hasta me he quedado con ganas de seguir, así que estaré atenta a la siguiente entrega.

    Por cierto T, igual pilló un virus momentaneo

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  3. Me alegro que al final el Alfredo's fuese una buena elección, Alfredo incluido, barba y sombrero también incluido. Es muy muy difícil poner de acuerdo a mucha gente, y ese sitio podría ser a la vez sencillo y a la vez diferente.

    Deseando que llegue la tercera parte, mordiéndome la lengua para no spoilear, jajaja!!

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  4. ¡Qué bien os está quedando la crónica! La tercera y última parte no se os puede olvidar, ¿eh? porque me estoy partiendo de risa con esto.
    No recordaba yo tanta sangre en el Alfredo´s, excepto en mi chuletón 🙂

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  5. JO, sí, sí, tiene de toda la historia, pero claro, el mérito no es nuestro sino, en todo caso, de lo que vivimos aquel día. Y bueno, siento lo de la jornada imperfecta, a veces es lo que tienen los días, nos decepcionan. 😦

    SÍ ES LO QUE PARECE, claro claro, totalmente fidedigna, por supuesto! La siguiente entrega llegará, no lo dudes, y además habrá blogueros invitados, Angelillo y Juan Rodríguez para más señas. ;D T a veces pilla virus misteriosos, sí. xD

    SONIA, no por favor!! Que me conozco yo tus grupos de presión!! xD

    SUSANA, muchas gracias!! Y no hay nada que agradecer, con noticias tan buenas como las tuyas es lo que corresponde, felicitarte y desearte toda la suerte. ;D

    ALCORZE, pues sí, ¿eh? Según pasa el tiempo el recuerdo es todavía mejor.

    LILLY, pues nada, para eso es, para que os guste. ;D Besitos!!

    BEA, sí, pero es que si lo hiciésemos todo seguido os agobiaríais cosa mala con tanta letra junta. Besitos!!

    BELLE, claro, mujer, a veces hay que priorizar. ;D

    ANGELILLO, sí, fue buena elección y recomendación tuya. Realmente un sitio muy interesante y pintoresco. Se comía bien y a muy buen precio. Jajaja, puedes spoilear lo que quieras, faltaría más!

    BANGOR, claro que no se nos olvidará, aunque a Carlos creo que le da algo de flojera seguir y no creo que lo colguemos ya en el ka-tet. Pura vergüenza de tardar tanto. xD Bah, sí que hubo sangre, estarías mirando para otro lado, o atrincherado en alguna parte. Esos fans de Koontz pueden ser terribles!

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