Mis cinco peores citas o desengaños (parte 2)

Conté en la parte 1 de este meme una historia que resultó ser más triste que otra cosa, y acabé hablando de cualquier cosa menos de amor o de enamoramientos o de citas… cosa que quiero remediar en la medida de lo posible en esta segunda parte.

Se llamaba M. Podría poner el nombre tal cual, porque nunca en la vida va a leer esto. Sé que esto que voy a decir sonará prehistórico, pero en el colegio religioso al que iba a hacer la educación primaria (el EGB, vamos) nuestro curso fue el primero que incorporó chicos en 1º de EGB. Vamos, que hasta entonces sólo había niñas, qué miedo ¿eh?

Pues nada, M y yo nos sentamos en el mismo pupitre en 3º de EGB, y bueno, resulta que me cayó muy majo el niño y me empezó a gustar. Con 9 años tampoco daba mi mente infantil como para ir muy allá del término «novio» o de «gustar» o de las cosas que se supone que sabía a esa edad del «amor». Así que me gustaba, sin muchas más consecuencias. Mientras estábamos sentados juntos, la cosa no fue más allá, ni siquiera me gustaba en serio porque eso ocurrió después. En esa temporada éramos amigos y hacíamos nuestras chorradas de críos, como, supongo, los típicos juegos de compañeros de pupitre para no aburrirse. Y por qué no reconocerlo, yo era una niña bastante divertida, siempre estaba haciendo chorradas de dibujos y cosas para pasármelo bien. Uno de mis pasatiempos, y eso sí lo recuerdo bien, era hacer como unas viñetas con las profesoras (monjas) que más de una vez “interceptaron” y pusieron en la pizarra… ¡difusión gratuita para mi “obra”! xD

No recuerdo mucho de cómo era o qué hacía M, pero sí tengo ciertos «highlights» de esa pseudo-relación, siendo el más sobresaliente aquella vez en que le dejé un estúpido dibujito con una dedicatoria en la mochila, eso debió ser en 5º de EGB… la que se armó, lo pasé fatal. Al muy estúpido no se le ocurrió nada mejor que enseñárselo a todo el mundo, al parecer pensaba que podía ser una tarjetita de otra Sonia que había en clase. Al final no sé cómo, la profesora se enteró y exigió que quien fuera lo dijese, así que tuve que dar la cara. Supongo que un delito tal como dejar una tarjetita ñoña merecía ese escarnio público, en fin… monjas.

También recuerdo que busqué en la guía de teléfonos donde vivía (el pueblo era pequeño) y que cuando pasábamos en coche por allí a veces hasta me ponía nerviosa, quién sabe por qué tontería… sus padres tenían un bar, si no recuerdo mal, y una vez comentó lo bueno que estaba el Cacaolat. De ahí la primera vez que probé el Cacaolat, fue en un bar (no el de sus padres, que yo supiera) y la verdad es que me sigue gustando a día de hoy, aunque si no hago el esfuerzo, no asocio una cosa con la otra.

También recuerdo que toda la clase sabía que me gustaba él. Cuando íbamos en autobús de excursión y se cantaban las típicas canciones machaconas salía mi nombre y el suyo. Ya sabéis qué canciones ¿no? Esas que eran todo el rato iguales y a las que se cambiaba sólo el nombre… a alguna gente parecía divertirle especialmente juntar los nombres de una niña poco “popular” y la de un chico que sí lo era. Y no es que yo tuviera nada especialmente malo, o fuese un bicho raro en el mal sentido, pero igualmente les parecía divertido.

Para mí, ahora que intento recordar, es curioso cómo no soy capaz de traer a mi mente algún detalle o anécdota en la que estuviera implicado. En cambio, sí recuerdo otras cosas que me pasaron en esa franja de edad de los 9 a los 14, muchas cosas y sobre todo recuerdo mejor las menos agradables… supongo que son misterios de la mente humana. Lo que sí recuerdo es que aparte de ciertas cosas “simbólicas” (como lo de la dirección y cosas así) no soy consciente de que en los otros momentos que recuerdo fuera del colegio lo tuviera especialmente presente… y supongo que lo que en realidad me gustaba de él, fue aquella camaradería de cuando estábamos juntos en el mismo pupitre.

El día en que murió mi padre, y descubrí con cierta sorpresa que en el colegio habían obligado a los de mi clase a ir al funeral esa tarde, me enfadé de verdad. Pensé algo así como que no tenían derecho a estar allí viéndome llorar. Pero cuando me dijeron que él no había ido porque le dolía la cabeza (o algo así), puse una cruz al lado de su nombre. Eso fue en 7º de EGB.

Mi segunda experiencia amorosa tuvo que ver entonces con una confusión de sentimientos, algo que yo pensaba que era una cosa, desde la perspectiva de mi inmadurez, y que en realidad no era nada de nada. Ni siquiera para mí. Sin embargo he de reconocer que sirvió de hilo conductor de mi infancia hacia mi adolescencia, y eso es algo bueno. Lo que no es tan bueno es que fue una historia no correspondida, así que no ayudó a mi autoestima y me rebajó (según yo misma en aquella época, claro) al status de “niñas que suspiran por niños que no les hacen ni caso”… viéndolo con perspectiva, me doy cuenta de lo mucho que valía, pero como ya no puedo ir a hablar conmigo misma hace 15 o 20 años y decírselo, ahí queda todo eso, como vivencia personal.

Supongo que casi todos tenemos una historia parecida en nuestro historial… aunque en mi caso no sería la única, ni la peor. Y es que la edad del pavo es muy mala. xD

13 comentarios

  1. qué tierna esta entrada! la época de los primeros «me gusta» son super bonitas ^^ ufff yo tengo ganas de echar todas esas experiencias fuera porque creo que es super bonito compartir todas esas cositas que si no se irán con nosotros y se morirán en el tiempo…
    yo en el cole estaba loquita por un niño y recuerdo que el tenia novietas y eso, yo super pequeña! y una vez que me quiso coger la mano le pegué XDDD jajaja no me preguntes porqué jajaja dios mío que bochorno, soy una arissca XDDD

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  2. Huy, dímelo a mí, hermosa.¡La adolescencia es mú jodía! Y más en los tiempos que corren.
    Las chicas, ustedes, no os quedáis atrás tampoco, eh? Tenéis más percepción de enamoramiento que los chicos, pero os quedáis calladitas si descubrís que fulanito está loco por vuestros huesos. Y si somos tímidos, más calladitas aún…
    ¿No te he contado cuando me declaré a una compañera de clases? Creo que en el ka tet está. Busca un poco y encontrarás.
    Pero bueno, que como dices, es normal. Al final,estás al lado de un hombre que te quiere, ¿verdad? Pues no hay que preocuparse por los viejos tiempos. 🙂
    Wilsy

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  3. GIRL, mujer, no todo es sufrir pero si tengo que hablar de aquellas experiencias primeras en plan de amor, no son cosas agradables. Digamos que fue como un aprendizaje

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  4. BELLE, esas primeras cosas, cuando te das cuenta de que «te gusta» un niño de clase, sí, son muy tiernas! Y uno es tan inmaduro que ni siquiera lo pasa realmente mal! tiene su cosilla nostálgica. Jajaja, qué bonita esa historia de niños pequeños, seguramente esa torta que le pegaste fue una muestra de aprecio. xD
    Estoy deseando leer tus experiencias, si quieres escribirlas. ^^

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  5. Vaya, una segunda parte nunca fue tan esperada ni tan buena como ahora. Mira que hasta de esos «amores» infantiles puede uno sacar algunas lecciones, aprendizaje Y MEMES PARA EL BLOG!!! Es que siempre cuentas las cosas de una forma tan amena…

    Lo de haber estudiado en un colegio de monjas la verdad es que me sorpende pero no me causa mucho «ruido», yo también estudié en un colegio religioso hasta la secundaria y mira la atea (o nihilista, para que suene más elegante) en la que me he convertido.

    Adorable la segund aparte de tus peores citas, que venga la tercera!!!

    Un beso enorme amiga

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  6. Hay que ver las cosas que opinamos y pensamos cuando éramos niñas… Yo reuerdo el primer niño que me gustó… era muy guapo para mí, y muy simpático. Yo recuerdo que le caía a él genial y hablábamos de ser novios, eso fue a los 10 años, pero yo tuve que mudarme y no volví a saber de él… pero vamos, aún le recuerdo ^^

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  7. WILSON, algo sabes del tema ahora mismo ¿no? Más que yo al menos, que recuerdo estas cosas como entre brumas. Ahora que lo dices, me suena algo sobre que te declaraste, o lo leí en el ka-tet, o en tu blog.
    Sobre que nos quedamos calladitas, pues no sé, seguro que sí, pero en mi caso nunca fui consciente de que le gustara a ningún chico. O era muy despistada, o todavía más chicote de lo que recuerdo. xD
    Como bien dices, ya no hay nada de que preocuparse, pero a veces es divertido hacer el ejercicio de memoria y recordar.

    ALVARO, jeje, si es que todos tenemos un oscuro pasado en patios de colegio y pupitres… la verdad es que yo ni muerta volvería a repetir todo eso. xD
    Gracias por pasarte, por cierto! ;D

    TANI, ay, que me vas a poner presión… jeje, de los amores infantiles al menos se puede sacar eso, porque otra cosa no sé yo… yo creo que al chico este ni lo reconocería ahora mismo por la calle! Sí, estudié en un colegio de monjas, no eran especialmente malas pero sí eran bastante fascistas y represoras, de eso sabrás tú bastante también, jaja. Uy, la tercera parte ya es en el instituto, no sé yo si estamos entrando en terreno «peligroso» Pero más divertida sí es. xD
    (Yo también soy atea-nihilista, si en el fondo las monjas lo hicieron bien!)

    YUME, creo que todas nos acordamos de nuestros primeros «amores», supongo que es como una especie de iniciación en la vida… oh, tu historia es más bonita que la mía, al tener que mudarte se quedó la cosa ahí en el aire!

    X, la has clavao, exactamente me refería a ese tipo de canciones… de hecho, creo que en total había esa y un par más. Son odiosísimas!!

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  8. Ainsss .. el largo camino que nos lleva a ser quienes somos.

    Me maravilla que puedas recordar con tanta precisión aquellos años. A mi me estas haciendo recordar y creo inconscientemente que todo es mas brumoso de lo que realmente es.. recuerdo mis amorios platonicos infantiles mejor de lo que pensaba.

    Quizas los ponga en papel, ya veré si los publico… pero me estas dando ganas de recordar y dejar las manos libres sobre el teclado y ver donde me llevan mis recuerdos.

    Unai

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  9. ¡Qué feo gesto el del chaval!
    Ahora me acuerdo yo también que de pequeño me gustaba una chica de clase, y cuando pasaba cerca de su casa miraba a ver si la veía. Ahora me cruzo con ella por la calle y no la reconozco, casi ni me acuerdo del apellido.

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  10. UNAI, ya he visto que empezaste también a contar tus historias. En realidad no recuerdo aquellos años con ninguna precisión, y la verdad es que no me importaría tener recuerdos más claros. Veo que con lo que contaste tú también tienes recuerdos bastante claros, a veces simplemente consiste en un ejercicio de ponerse a escribir y dejar que los recuerdos vengan… Un beso!

    ANGELILLO, bueno, no sé si lo hizo a conciencia o no, igual es verdad que se encontraba mal. Igualmente, ya sabes como son los niños a esas edades, y los «amoríos» infantiles no son muy profundos que digamos. Yo también hice eso de pasar por casa de varios chicos, madre mía, qué pánfilo se puede llegar a ser!

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