Vio que todas las luchas de la vida eran incesantes, laboriosas, dolorosas, que nada se hacía rápidamente, sin esfuerzo, que tenía que sufrir mil retoques, revisiones, moldeados, adiciones, eliminaciones, injertos, desgarrones, correcciones, alisados, reconstrucciones, reconsideraciones, arañazos, clavos, astillas, martillazos, izajes, conexiones – todas los pobres arreglos inciertos e incompletos del esfuerzo humano. Siempre han sido así, y siempre han sido incompletos, lejos de lo perfecto, refinadas, o lisas, repletas de recuerdos terribles de errores y de miedo al error, aún así, en el modo de hacer las cosas, de algún modo noble, completo, y brillante al final. Podía sentir esto incluso desde la casa vieja donde vivían, con sus muros sólidamente construidos y suelos que permanecían unidos como la roca: algún hombre, posiblemente un hombre enfadado y pesimista, había construido la casa hacía mucho, pero la casa permanecía, y su enfado y pesimismo y sudores irritables y laboriosos habían sido olvidados; la casa permanecía en pie, y otros hombres vivían en ella y encontraban un buen refugio entre sus paredes.
Estoy escribiendo este libro porque todos vamos a morir – En la soledad de mi vida, con mi padre muerto, mi hermano muerto, mi madre lejos de aquí, mi hermana y mi mujer lejos, no hay nada aquí excepto mis propias manos trágicas que una vez fueron custodiadas por un mundo, una atención amable, y que ahora han sido abandonadas para explorar y desaparecer por su propio camino en la oscuridad de toda nuestra muerte, durmiendo en la cama áspera, solo y estúpido...
La humanidad es como los perros, no como los dioses – mientras no estés loco, te morderán – pero si estás loco, nunca serás mordido. Los perros no respetan la humildad y el dolor.
El cielo vacío es mi testigo.

