Hablando a gritos

O lo que es lo mismo, discutiendo como auténticas bestias pardas para desgracia de los vecinos…

Imaginaos un hipotético edificio, con hipotéticos vecinos viviendo en sus distintos pisos.

Imaginaos que en un determinado piso, digamos el 4º, vive una pareja joven.

Imaginaos que en otro piso, digamos el 5º, y justo encima de la pareja joven, vive un matrimonio menos joven, y con dos hijos pequeños de… imaginemos 7-8 años y 3-4, aproximadamente.

Imaginaos que ese matrimonio no saca casi nunca a los niños por ahí los fines de semana ni al salir del cole, para tormento de la pareja, que tiene que sufrir escuchar con todo lujo de detalles las carreras de los niños por el piso (que, por maravillas de la acústica, es como si pesaran doscientos kilos cada uno), pelotas rodando, muebles arrastrándose, el niño pequeño llorando al menos cuatro veces cada día, gritos de madre e hijos, y un largo etcétera… a menudo toooooooodo el día.

Imaginaos que esta pareja nunca se ha quejado a los vecinos de arriba, pues no saben con qué cara hacerlo, o si siquiera tienen derecho a ello.

Imaginaos que se resignan a su suerte, y que incluso piensan en aislar acústicamente el techo para que su tormento sea menor. Por supuesto, y como he dicho, la hipotética pareja es una pareja joven, y que además, en nuestra historia, se ha comprado el piso hace poco. O sea, que no tienen mucho dinero, y están dispuestos a hacer un gasto importante para no escuchar a los vecinos de arriba.

Imaginaos que el padre de los niños, al que rara vez se le escucha, a veces pega unos gritos increíbles, que casi dan miedo a la pareja de abajo y le incomodan, si no más que todo el resto de los ruidos, de una forma diferente.

Imaginaos que el matrimonio está atravesando una especie de crisis de pareja, y que ayer por la tarde estuvieron nada menos que tres horas y media discutiendo a gritos, más o menos… digamos que en nuestra historia los gritos fueron de ocho y media a doce de la noche, continuando a partir de esa hora en un tono menos elevado (lo suficiente para que nuestros jóvenes pudieran dormir colocándose los tapones de los oídos).

Imaginaos cómo esos dos jóvenes han pasado con las semanas de la risa y la curiosidad inicial, a un hastío extremo, incomodidad y nerviosismo constantes en su propia casa, y ganas de matar…

FIN DE LA HISTORIA

Suerte que sólo es un caso hipotético ¿no? Por cierto, ¿qué haríais vosotros?

Por cierto, de este tipo son los que mejor me suelen ir ;D

Publicado en Sonia Unleashed
Post creado por Sonia Rodríguez

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