Y la gente dice que de Estados Unidos nos están invadiendo culturalmente, por todo esto de Halloween, es una queja recurrente que se escucha desde hace unos días, que si hace unos años esto de Halloween no se hacía, que si en Estados Unidos hacen algo nosotros tenemos que imitarlo… La verdad, yo pensaba un poco así, pero he llegado a la conclusión de que me da igual. En España se copian tantas cosas de otros países que no creo que tenga demasiada importancia copiar Halloween.
Me explico: desde pequeña he visto series americanas, películas americanas y he crecido rodeada de referencias culturales de ese país. No es que no haya habido otras referencias, pero, sinceramente, ¿cuáles han sido las que me han gustado? ¿Me acuerdo con cariño de esas ocasiones en las que vi en la tele Jamón, jamón o alguno de los horrores de Almodóvar? No. En cambio, guardo gratos recuerdos de películas americanas de todo tipo: Karate Kid, Gremlins, Quién engañó a Roger Rabbit, Cazafantasmas y un largo etcétera. Crecí viendo dibujos animados de infinidad de países. Las series… a pesar de que de pequeña vi Farmacia de Guardia y Verano Azul, como todos, de lo que realmente guardo un recuerdo más cariñoso es de otras series como Luz de Luna, El coche Fantástico, «V», El equipo A y otro largo etcétera. He crecido americanizada culturalmente, lo sé. La cultura que he mamado no ha sido la «nuestra», la «de aquí», sino otra bien diferente, y eso se refleja en la edad adulta también.
No me gustan las fiestas más famosas que se celebran en España. No me llaman la atención los Sanfermines, me producen rechazo. Aborrezco la mal llamada «Fiesta Nacional», y firmo siempre que puedo en contra de las corridas de toros. La Semana Santa… bueno, soy atea. Que conste que esos días festivos los disfruto con mucho gusto, igual que todos. No me gustan todas estas fiestas y no sé si porque mi mente se encuentra colonizada por la cultura yanqui o porque simplemente no coinciden con mis criterios, aunque supongo que es más bien por esto último.
Y por todo esto, cuando escucho a alguien decir que nos están colonizando y que Halloween no es de aquí, recuerdo mis días de infancia y de adolescencia, cuando no había Halloween ni nada todavía, y el 1 de noviembre era sinónimo de «día en el que se llevan flores al cementerio». Era un día triste y oscuro en el que se revivía el dolor de todas las pérdidas de familiares, en que había una especie de renovación del sufrimiento por los muertos, y por eso, cuando ayer vi a gente de mi edad, y a niños, disfrazados y con ganas de cachondeo por la calle, pensé que quizá a veces estas «absorciones» no son tan malas. Porque esos disfraces que nos hicieron reír a las dos de la mañana por las calles de Barcelona, quizá son una cosa buena por la que dejarse colonizar.
