Ordesa, de Manuel Vilas (Reseña)

Todo se concentró en un nombre, que es un topónimo: Ordesa, porque mi padre le tenía auténtica devoción al valle pirenaico de Ordesa y porque en Ordesa hay una célebre y hermosa montaña que se llama Monte Perdido.
Más que morirse, mi padre lo que hizo fue perderse, largarse. Se convirtió en Monte Perdido.
Lo que hizo fue desaparecer. Un acto de desaparición. Lo recuerdo muy bien: se quería largar. Una fuga.
Se fugó de la realidad.
Encontró una puerta y se marchó.

Reconozco que suelo repasar listas de libros: de los más vendidos, lo mejor del año, rankins hechos por personas anónimas… La cuestión es que en el 2018 este libro aparecía en muchas de esas listas, y al ver de qué trataba la historia, despertó mi curiosidad. En el libro Manuel Vilas habla de los recuerdos que guarda sus padres, de él mismo y sus fracasos en la vida adulta, de sus hijos, de lo que piensa de la vida y de la muerte…

Es complicado explicar de qué tratan estos libros tan personales donde la ficción se mezcla con la realidad, pero para comentar mi opinión, tendré que intentar explicar de qué va la novela. Por un lado, se nos explica, a base de recuerdos, lo que el autor recuerda sobre sus padres, muertos ya los dos. Los dos padres muertos, desaparecidos y perdidos, y él como único testimonio de lo que alguna vez fueron. 

También habla sobre su separación, y sobre la relación con sus hijos, ya mayores. Sobre su adicción al alcohol y a las pastillas. Pero no esperéis una narración típica aquí, porque precisamente es una narración sublimada que llena de recursos poéticos la realidad. No hay una evolución demasiado lineal, sino que el escritor va avanzando y retrocediendo en el tiempo a su gusto. Son unas memorias desordenadas, donde se entremezclan recuerdos sobre su padre y su madre, sobre su niñez en Barbastro, su época de estudiante en Zaragoza, y su edad adulta de hombre de cincuenta y pico recientemente divorciado, y con dos hijos que le visitan en su apartamento, como por obligación. 

El libro se fragmenta en 157 capítulos, algunos bastante largos, otros de tan solo una página. El estilo de la narración es muy poético, como he dicho antes, y es que Manuel Rivas es un poeta consumado. De hecho al final del libro hay un epílogo titulado «La familia y la historia», con once poemas que hablan de lo mismo que el resto del libro pero desde otro punto de vista.   

En fin, en cualquier caso, lo único obvio es que si tienes que preguntarle algo a alguien, hazlo ya.
No esperes a mañana, porque el mañana es de los muertos.

La música está muy presente en el libro. De hecho, a los personajes de la novela, la familia del autor, les llama con nombres de compositores importantes. Wagner (la madre), Bach (el padre), Händel y Rachmaninov (tíos paternos), Vivaldi y Brahms. Se quiere trascender así el contexto rural de Huesca que es el fondo de la narración, sublimar la historia familiar y convertirla en algo más elevado y que merezca más la pena.

Así, podemos decir que la novela nos habla del amor, amor entre padres e hijos, en algunos casos (con su madre), más fácil y cómodo; y en otros (con su padre, con sus hijos quizá), más pantanoso y lleno de malentendidos. También del amor a la tierra donde uno ha crecido, un privilegio que a uno no le abandona por mucho que se aleje durante su vida; la ciudad de Barbastro y la comarca del Somontano son el telón de fondo de partes muy importantes de la historia.

También se habla del paso del tiempo, de la muerte, de lo que supone la muerte de los seres queridos, o de que estos se vayan sin que tengamos todo resuelto con ellos. Supongo que en el fondo lo que me llamó más la atención del libro fue este aspecto, y me gustó cómo lo explica el autor, porque parece sincero y no se guarda las cosas. También me ha resultado curioso cómo durante el texto una y otra vez se vuelve al tema de la pobreza, incidiendo en el hecho de que sus padres fueron pobres, y él también, y no solo en lo económico. 

En definitiva, es un libro muy singular donde narración y poesía se entremezclan, en ocasiones de forma literal (con los poemas del final del libro), el resto del tiempo de forma más sutil, con un lenguaje donde abundan las metáforas y un lenguaje depurado y preciosista. Narración no lineal con mucha carga personal del autor, muy entretenido para leer aunque quiza no ha sido del todo lo que esperaba. No sé explicar cómo ni por qué, pero algo me ha faltado o me ha sobrado, para no terminar con esa sensación de plenitud que tengo cuando acabo de leer otros libros. Pero no me hagáis caso, el libro es bueno y seguramente el tema sea más mío que del libro en sí.

Es una forma de conciencia general. El sufrimiento es una mano tendida. Es amabilidad hacia los otros. Mientras sonreímos, por dentro desfallecemos. Si elegimos sonreír en vez de caernos muertos en medio de la calle es por elegancia, por ternura, por cortesía, por amor a los otros, por respeto a los otros.

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Nunca más volveré a sentir aquella ternura, y da igual, y eso siento ahora: que da igual; y esa es la grandeza de la vida: no hay ninguna razón ni para el llanto ni para la condenación. Lo que me unía a mi madre era y sigue siendo un misterio que tal vez consiga descifrar un segundo antes de mi muerte. O tal vez no, porque la fealdad del morir puede muy bien ser el único misterio. 

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Entonces supe que la muerte de una relación es en realidad la muerte de un lenguaje secreto. Una relación que muere da origen a una lengua muerta. Lo dijo el escritor Jordi Carrión en un estado de Facebook: «Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobrentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo  cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones, las lenguas muertes».

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No voy al entierro y ni siquiera mando flores: siempre desertando de mis obligaciones, siempre fallándole a mi familia. Siempre culpable.
(…)
Sin familia, solo eres un perro solitario. A los perros solitarios los maltratan, los ahorcan en las tapias abandonadas de cualquier camino; allí, en cualquier pared desvencijada de la que emerja una viga, los ahorcan allí, porque su soledad da mal ejemplo. 

Autor: Manuel Vilas
Año publicación: 2018
387 páginas
País del autor: España
ISBN: 978-84-204-3169-7
Leído en… español (Ed. Alfaguara)
Disponible en Amazon

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