Pastoral americana, de Philip Roth (Reseña)

Se había ido derrumbando de la única manera que sabía hacerlo, no derrumbándose en realidad, sino hundiéndose, la velada entera echada a perder debido a su hundimiento constante bajo aquel peso. Un hombre que nunca llega al límite y estalla, que solo se hunde…

Este no es el primer libro que me leo de Philip Roth, en realidad justo antes de este me había leído Engaño, que ya reseñaré, pero comparado con este que nos ocupa hoy… bueno, no se puede decir que a pesar de ser del mismo autor, jueguen en la misma liga. En Pastoral Americana tenemos una gran historia, una gran tragedia para ser más exactos, mientras que en el otro libro el tipo y tamaño de la historia es totalmente diferente.

Y es que Pastoral Americana es una gran tragedia, una donde los personajes sufren lo indecible y además se tratan grandes pasiones. Ya digo que no soy experta en Roth ni mucho menos, pero por lo que he leído esta es una de sus obras cumbres, y por ese mismo motivo comencé a leerlo.

En una parte inicial del libro tenemos, a modo de introducción, un escritor llamado Nathan Zuckerman (que, por lo que he leído, es protagonista de otras novelas de Roth), que nos presenta al protagonista desde cierta distancia y sin contar con toda la información que debería para poder opinar sobre él. Es decir, que nos da una visión como podría ser la de cualquier persona que conozca los hechos de forma parcial, seguramente equivocándose y emitiendo juicios de valor sin mucha base. Vamos, como podría opinar cualquiera de nosotros sobre alguien de quien no sabe mucho. La cuestión es que esa tercera persona establece un tono, define desde fuera la figura de dimensiones casi míticas de Seymour “el Sueco” Levov. El Sueco es un buen deportista, brillante en los estudios, ejemplar en todo, el ojito derecho de su padre y con un gran éxito entre las mujeres. Gracias a esta tercera persona, Zuckerman, sabemos que la vida del Sueco ha sido una buena vida, así en la distancia, que ha suscitado incluso envidia en los otros… pero como en la vida de todos, en la del Sueco ha habido luces y sombras.

O tal vez era, sencillamente, un hombre feliz. También hay personas felices. ¿Por qué no habrían de existir?

Así pues, en una segunda parte ya entramos en material y conocemos, desde un punto de vista de tercera persona omnisciente, todos los hechos destacados en la vida adulta de Seymour Levov. Muchos que no conocíamos en la primera parte. Lo conocemos en parte como ya nos lo habían descrito: un hombre ejemplar, deportista, de carácter amable y físicamente atractivo. Cuando le llega el momento forma una familia ejemplar casándose con una gran belleza, ex Miss New Jersey en el año 1949. Haciéndose cargo del negocio de su padre, el primer Levov en los Estados Unidos, se llega a convertir en un hombre rico, con una gran mansión, un buen americano y un ejemplar padre de familia, con tres hijos y una hija. Pero como es de esperar, su vida no es tan perfecta.

– ¿A qué “mierda” te refieres?
– A la imagen que tenemos unos de otros. Capas y más capas de incomprensión. La imagen que tenemos de nosotros mismos, que es inútil, presuntuosa, totalmente engreída. Pero seguimos adelante y nos apañamos con esas imágenes. “Así es ella, así es él, así soy yo. Esto es lo que ocurrió, estos son los motivos por los que ocurrió…” Ya es suficiente.

En el libro se tratan en profundidad sobre varios temas. Uno de ellos es la dicotomía de la realidad que vivimos nosotros mismos vs. la percepción que tienen los demás de nosotros. En esta caso ocurre, y claramente, que el antiguo compañero percibe la vida del Sueco como mucho más perfecta y feliz de lo que realmente ha sido, con un punto nada disimulado de envidia porque el Sueco, dice, siempre ha sido su objeto de admiración y a la vez anhelo por la vida que él mismo nunca ha podido tener.

En cualquier caso, sigue siendo cierto que de lo que se trata en la vida no es de entender bien al prójimo. Vivir consiste en malentenderlo, malentenderlo una vez y otra y muchas más, y entonces, tras una cuidadosa reflexión, malentenderlo de nuevo. Así sabemos que estamos vivos, porque nos equivocamos.

Justo el fragmento anterior trata la idea que estaba comentando. El no poder percibir la realidad de los demás nos hace juzgar equivocadamente en la mayoría de las ocasiones, envidiar situaciones que no tienen nada de envidiable, o emitir juicios de valor equivocados. Esta es una idea que a mí particularmente me resulta muy atractiva en la literatura, la de la separación que existe entre unas y otras personas, aun cuando las relaciones se supone que son muy cercanas, el desconocimiento, el malentendido y el error son inevitables.

Así pues, el drama que marca la vida del Sueco, por lo demás supuestamente tan feliz, es algo que hace su única hija adolescente. Pero dicho así parece muy sencillo. Lo que hace su hija deja a la vista todo lo que estaba equivocado, todo lo que estaba “mal” en la vida del Sueco. No es exactamente que a consecuencia de ese hecho todo se desmorone, es que la vida del Sueco estaba esperando un detonante para que él se diera cuenta de lo que nunca ha estado bien.

El Sueco jamás podría suprimir del todo lo inesperado. Lo inesperado le aguardaría, invisible, durante el resto de su vida, madurando, listo para estallar, a solo un milímetro por detrás de todo lo demás. Lo inesperado era la otra cara de todo lo demás.

¿Qué ha hecho mal el Sueco para que su hija haga algo así? ¿Será que, para empezar, su familia nunca fue tan perfecta? El sueño americano se convierte en pesadilla para su protagonista, y en la tercera parte de la novela se pone de manifiesto que el suyo no es un caso único. Todas las familias albergan una buena tasa de putrefacción, en todas las casas podemos encontrar corrupción, infidelidad, mentiras, infelicidad. El trasfondo histórico de la novela también es descorazonador: la guerra de Vietnam, el Watergate… todo en conjunto forma un cuadro bastante deprimente, ¿o deberíamos decir realista?

Es una novela que, a pesar de ser pelín larga en mi opinión, retrata de manera magistral a sus personajes protagonistas. Uno puede empatizar perfectamente con todos los personajes, en este cuento de realidad triste y oscura. Lo que ocurre no es fácil de entender, el estilo es denso y complejo. Me ha encantado, ha sido la segunda novela que leo del autor pero seguro que no será la última (otra de las suyas la tengo esperando -físicamente- en mi estantería).

Y para terminar, otros fragmentos que también me han gustado de la novela.

Daba la impresión de que si Jerry estaba libre de incertidumbre o remordimiento, si aceptaba incansable los retos de la vida, era porque tenía un talento especial para enfurecerse y otro talento especial para no mirar atrás. Pensé que jamás miraba atrás, que el recuerdo no le punzaba.

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Había aprendido la peor de las lecciones que puede dar la vida: la de que carece de sentido. Y cuando sucede tal cosa, la felicidad nunca vuelve a ser espontánea, sino que es artificial e, incluso entonces, se compra al precio de un obstinado distanciamiento de uno mismo y de su historia.

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El Sueco llama a su hermano. No es un hermano apropiado para buscar en él un consuelo, pero ¿qué puede hacer? Cuando se trata de encontrar consuelo siempre se recurre al hermano, el padre, la madre, la esposa inadecuados, y por eso uno debe darse por satisfecho consolándose a sí mismo, ser fuerte y seguir adelante consolando a los demás.

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El hecho de que los seres humanos sean tan diversos no sorprendía al Sueco, aunque le resultara un poco chocante comprobarlo de nuevo cuando alguien le decepcionaba.

Autor: Philip Roth
Año publicación: 1997
País del autor: USA
Número de páginas: 511
ISBN: 978-84-9793-610-1
Leído en… castellano (Ed.Debolsillo)

Dedicatoria:
A J.G.

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