Mortalidad [Mortality], de Christopher Hitchens (Reseña)

En cambio, me oprime terriblemente la persistente sensación de desperdicio. Tenía auténticos planes para mi próximo decenio y me parecía que había trabajado lo bastante como para ganármelo. ¿Realmente no viviré lo suficiente para ver cómo se casan mis hijos? ¿Para ver cómo el World Trade Center se alza de nuevo? ¿Para leer – si no escribir – las necrologías de viejos villanos como Henry Kissinger y Joseph Ratzinger? 

En ocasiones soy bastante masoquista a la hora de elegir lecturas. En este caso por motivos personales muy obvios, sabía que no iba a ser una lectura fácil este ensayo escrito por un enfermo terminal de cáncer. 

Se trata de un libro muy breve, y compila textos diversos que el escritor Christopher Hitchens quiso dejar como testimonio de sus últimos meses de vida. Desde el momento en que le diagnosticaron un cáncer en fase terminal de esófago, después de una crisis aguda por la cual debió llamar a Emergencias, hasta sus últimas letras escritas. Hitchens era un escritor cuidadoso y metódico, por lo cual, una gran parte del libro está bien estructurado, se nota que revisado, con una narración minuciosa y en la que se nota que hay un gran orden y la buena traza de un buen articulista. Sin embargo… al final.

No es que haya leído nada más de Hitchens, lo único que sabía de él antes de comenzar a leer fue la información que encontré en la contraportada y la solapa. Fue ensayista, escritor, periodista, crítico social y religioso… Su vida no estuvo exento de polémicas, pues su tendencia abiertamente atea provocó que tuviera grandes enemistades con creyentes de diferentes religiones. En sus escritos criticó abiertamente a varios personajes famosos, como la Madre Teresa, Henry Kissinger, Bill Clinton y Diana de Gales. Estaba en contra de la religión institucionalizada tal como existe hoy en día, pues ponía el concepto de un dios como ser supremo, como algo similar a creencias totalitarias. Así que, la verdad, no he leído nada de Hitchens pero no me importaría hacerlo si algún día “se me cruza” delante alguno de sus libros. Por supuesto que en este libro Hitchens habla de religión, y no solo eso, sino de reacciones de personas creyentes a su enfermedad. Habla de los que cuando se hizo público su cáncer le escribieron para decirle que “rezarían por él”, y también de los que abiertamente se alegraron, como si aquello fuese una especie de castigo divino.

Probablemente es misericordioso que sea imposible describir el dolor de memoria.

Este hombre amaba su vida y a su familia. Por supuesto sintió impotencia por una enfermedad, y con esa enfermedad la muerte próxima, que llegaba cuando estaba viviendo uno de sus mejores momentos. Por eso quiso dejarlo escrito, dejar un testimonio de alguien que en sus últimos días no se doblegó a creencias absurdas, sino que quiso llegar de la manera más lúcida posible al final. Que no creía en los lugares comunes del cáncer, como el vocabulario relacionado con la lucha, o la personificación del cáncer como si tuviera entidad propia. Que habla de la vivencia del cáncer como algo similar al cambiarse de país; ir del país de los sanos a Villa Tumor. Que explica abiertamente cuáles han sido sus momentos de mayor dolor físico. Claro que hay momentos de autocompasión, lo raro sería que no los hubiera, pero también hay cierto distanciamiento intelectual de la vivencia horrible de un cáncer. Claro que sobre todo habla de él mismo y su dolencia, y es curioso, supongo que definitorio y quizá voluntario, que apenas se hable de su mujer e hijos en el libro.

Entre los momentos más duros de su agonía, describe la pérdida de su voz como una de las peores vivencias, es la pérdida de su “libertad de expresión”, literalmente.  No es una lectura fácil ver cómo este hombre tan entero va perdiendo cada vez más capacidades y sufriendo más dolor. Seguro que como yo, muchos habéis tenido cerca algún caso de cáncer terminal y estáis familiarizados con las últimas etapas. Es como si la persona se fuera acabando, si hay suerte sin demasiado dolor. Si no hay tanta suerte, sin acceso a tan buenos médicos y tratamientos como tuvo Hitchens.

Si me convierto será porque es preferible que muera un creyente a que lo haga un ateo.

Antes comentaba que la estructura del texto, el cómo está trabajado, varía si comparamos las primeras páginas con las últimas. Por supuesto. Se nota que Hitchens escribió lo que pudo, hasta que su cuerpo no aguantó más frente a la enfermedad. Los primeros siete capítulos son artículos completos, elaborados, que se publicaron en Vanity Fair durante los primeros meses de estancia de Hitchens en “Villa Tumor”. El octavo capítulo, son notas fragmentarias,  de pocas frases, que sin duda estaban destinadas a convertirse en nuevos capítulos, algunas de ellas con ideas que aparecían en algunos capítulos anteriores. El epílogo, a cargo de su viuda, Carol Blue, es conmovedor y nos da una visión ‘desde fuera’ de la agonía del autor.

Es una lectura difícil, y a la vez extrañamente esperanzadora. Que un hombre pueda estar tan lúcido ante su muerte, que siga siendo tan brillante. Da muchísima pena pero también despierta admiración.

A la pregunta estúpida de “¿Por qué yo?” el cosmos apenas se molesta en responder “¿Por qué no?”

Nombre autor: Christopher Hitchens
Título original: Mortality
Año publicación: 2012
País del autor: UK
Número de páginas: 122
ISBN: 978-84-99922188
Dedicatoria:
Un agradecimiento reconocimiento
a Vanity Fair, donde apareció por primera vez
buena parte de este libro,
en una versión algo distinta.

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