No, mamá no, de Verity Bargate (Reseña)

Lo que más me impresionó cuando me dieron a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada.

Pam. Con esta sentencia se inicia esta corta novela. Es curioso, porque al ir a pagar el libro en donde lo compré, la dependienta me dijo que lo había leído, pero que era durísimo. Hay algo que no se revela en la sinopsis del libro, y yo tampoco lo voy a contar aquí, y que en principio es el centro del libro; yo no estoy de acuerdo. El verdadero centro del libro no está en la relación de la protagonista con sus dos hijos, o qué les hace, sino ella en sí misma y cómo se siente con su vida. Ahora lo explico.

Jodie tiene una vida de lo más normal. La conocemos al principio del libro, acaba de dar a luz a su segundo hijo varón, y es incapaz de quererlo… dicho sea de paso, tampoco quiere mucho a su primogénito. Jodie está casada con David, en principio también un matrimonio de lo más normal. Viven en Londres, en el Soho. El motivo de que no quiera a sus hijos parece simple, parece absurdo: en realidad buscaba tener una niña, es una especie de obsesión. Pero, ¿está abierta a volver a intentarlo, a ir viviendo su vida en familia y quizá, aceptar a sus hijos varones hasta que llegue la niña? No, no quiere un tercer hijo, porque Jodie está deprimida, está hundida, pero lo que sí tiene muy claro es que su matrimonio está acabado.

Era como si estuviese llena de lágrimas, como si pudiera sentirme mejor si pudiera llorar, pero no había nada capaz de desencadenar el llanto: las lágrimas siguieron estancadas dentro de mí, esperando su oportunidad.

Jodie ha dejado de trabajar después de tener a su primer hijo, y por lo tanto la economía familiar tampoco es que esté muy boyante. Su marido no parece entender lo que le pasa cuando se adueña de ella una tristeza interminable. Se podría  decir que sufre de depresión postparto, aunque cuando se publicó la novela, en 1978, esa patología no estaba clasificada y ni siquiera reconocida. El comportamiento de Jodie es considerado por su marido, o incluso por médicos, una neurosis pura y dura.

Jodie canaliza toda la rabia y frustración que le provoca su día a día, en ese deseo no satisfecho de tener una niña a la que querer, como su madre no la quiso a ella. El libro está contado en primera persona, y de forma descarnada y directa la misma Jodie nos va narrando su día a día, sus altibajos  en su vida familiar, cómo de atrapada se siente por la vida que ha buscado, por el piso diminuto y atestado de cosas, por su marido David…

 

Y su marido tiene un papel muy importante en toda esta historia. Porque es la figura que debería prestarle apoyo, que debería ayudarla cuando su ánimo está más bajo; sin embargo, él se centra exclusivamente en sus hijos, sin prestar atención a lo que ocurre a su mujer.  “Son cosas de mujeres”, “ya se le pasará”… parecen ser sus pensamientos, que comparte con el médico que la atiende.

Como ya he dicho, lo que hace con sus hijos es solo un detalle que llega, una consecuencia del estado de las cosas, no el tema principal. Lo principal es ver cómo Jodie cuenta lo que le ocurre, cómo se siente, qué intenta hacer para ponerse mejor, la lucha infructuosa contra el status quo o la situación que siente que ella misma se ha buscado. Dado que no trabaja, todas las tareas domésticas y el cuidado de los hijos recaen en ella; eso no es lo peor, lo peor es que ha perdido su identidad propia, ha perdido quien era cuando trabajaba, ahora solo existe en función de otros y eso la destroza.

Me senté en el muro bajo que flanquea el aparcamiento al final de nuestra calle, con la cara mirando al sol y los ojos cerrados con tanta fuerza que veía dibujos luminosos en la cara interior de mis párpados, retrasando todavía unos instantes mi retorno a la vida que seguramente había escogido. Era un gran lujo poder estar sola de ese modo, en el limbo; sin ser la esposa ni la madre de nadie. Solo Jodie.

Y ante esta desesperación, la tristeza de la que no puede escapar, Jodie se encuentra muy sola. No puede contárselo a David, pues no la escucha y solo le recomienda que vaya a terapia (y cuando finalmente va, ¡menudo terapeuta se encuentra!), así que necesitaría alguna amiga, alguien con quien confiarse y a quien poder contarle lo que le ocurre. Alguien que, quizá, la pueda entender. Haciendo memoria recuerda a una antigua amiga de la facultad, con la que contacta, y averigua que ahora vive en un pueblo apartado de la costa.

Me senté y los estuve observando mientras me bebía el whisky directamente de la botella, luchando contra las náuseas que me daba, intentando recordar desesperadamente el nombre de alguna persona con quien pudiera hablar, cualquier persona con quien poder compartir esa pesadilla. Nada. Nadie.

En definitiva, vemos que Jodie está desesperada, cayendo en un pozo sin fondo, sin nadie que la ayude y dos hijos a los cuales debe y tiene que cuidar. Resulta ser una mala madre, porque no puede cuidarse ella, y sin quererlo y por culpa de no tener ayuda ni ningún lugar al que acudir, acaba perdiendo el norte.

Se podría decir que es una novela feminista sin serlo explícitamente, pues hace énfasis en lo que se espera que una mujer haga y es lo correcto (en cuanto al hogar, en cuanto a la crianza de los hijos), la camaradería entre hombres para salvarse mutuamente, y en el injusto reparto de roles en el hogar entre hombre y mujer, y cómo este conduce en algunos casos a patologías clínicas, y cuando no es así, a frustraciones realmente peligrosas.

Mientras leía el libro, no podía evitar pensar si todo eso tenía algo de autobiográfico. La autora tuvo también dos hijos, vivió en el Soho aunque llevó una vida diferente a la protagonista de la novela, al parecer esta novela (su primera novela) la escribió prácticamente del tirón en una ocasión en que sus dos hijos estaban enfermos. Murió muy joven, a los 41. Así que, quizá sí tiene algo de autobiográfico.

Una novela muy dura, tenía razón la mujer que me lo dijo. Sin embargo, es una lectura que me ha atrapado de mala  manera hasta el final.

Durante el intermedio observé a los demás miembros del público. Todo el mundo iba emparejado, pero eso no parecía proporcionarles demasiada satisfacción. Sus caras, grises y patéticas casi sin excepción, continuaban mirando fijamente la pantalla aunque  ahí ya no había nada, caras vacías que reflejaban el vacío de la pantalla. Algunas personas compraban helados y bebidas, pero la mayoría estaba suspendida en un limbo esperando que se reanudara la película para poder volver a vivir sucedáneamente a través de otros.

Autora: Verity Bargate
Año publicación: 1978
País de la autora:
Número de páginas: 174
ISBN: 978-84-90653098
Leído en… español (Ed. Rara Avis)
Dedicatoria:
Para Barrie con amor

Deja un comentario