The Watermelon King [El rey de la sandía], de Daniel Wallace (Reseña)

Al igual que Ray in reverse, otro libro que he leído y reseñado este año, acabé leyendo este libro porque Big Fish (también escrito por Daniel Wallace) me había encantado. Además, leí una reseña en el blog de Alcorze y me dio aún más ganas.

El libro trata sobre Thomas, un huérfano que viaja a Ashland para averiguar quién fue su madre, qué fue de ella, y con todo eso, de dónde viene y quién es él realmente. Ashland puede sonaros si habéis visto o leído Big Fish. Es el pueblo donde se crió Edward Bloom (el hombre que moría en aquel libro, y esto no es ningún spoiler) y del que se fue siendo muy joven. Pues bien, Ashland, ahora en decadencia, hace años era famoso sus enormes sandías. Se podría decir que era la capital mundial de la sandía, y esa prosperidad en sus cultivos la debían – según la gente del pueblo – a su tradicional Festival de la Sandía. En el Festival se realizaban muchos actos, concursos, un desfile… pero lo más importante, el acto estrella del Festival, era la elección y coronación del Rey cada año. Esa curiosa tradición hacía que eligiesen a un joven virgen del pueblo, y que ese joven, tras desfilar ante todo el pueblo, se acostase con otra chica del pueblo y así garantizase otro año de buenas cosechas. Pero el Festival se dejó de celebrar hace años a causa de algo que hizo Lucy Rider, la madre de Thomas.

Así que Thomas vuelve al pueblo para descubrir qué fue lo que ocurrió, y se encuentra hablando con muchos de los habitantes del pueblo que conocieron y amaron (u odiaron) a su madre. Todos hablan de lo alegre que era Lucy, del magnetismo que tenía, de su cabello pelirrojo, de sus vestidos de flores, y de la tragedia que ocurrió al final. Unos la aman todavía, otros sienten odio por lo que hizo, pero nadie se muestra indiferente. Lucy era una de esas “personas mágicas” a las que siempre les ocurren cosas excepcionales. A través de las páginas y los testimonios, vamos sabiendo cada vez más de cómo era Lucy. De Thomas, al principio, no sabremos gran cosa, solo que es bastante joven y no sabe mucho sobre sus orígenes. Más adelante en el libro nos contarán más cosas de cómo se ha criado y con quién, nos encontraremos con algún otro célebre mentiroso (como Edward Bloom), esta vez encarnado en Edmund Rider, sabremos cómo se crió este niño sin madre (ni padre), y qué es lo que llevan años esperando en el pueblo.

En Ray in Reverse el protagonista era Ray Williams, un hombre imperfecto con una vida imperfecta, que había muerto habiendo tomado muchas malas decisiones en su vida. Él mismo nos iba mostrando algunas de las escenas importantes de su vida, o representativas. En Big Fish era el hijo de Edward Bloom el que iba repasando la vida de su padre, que estaba a punto de morir. Aquí, la persona de cuya vida hablamos largo y tendido (centrándonos solo su paso por Ashland) es Lucy Rider, pero el hablar de ella sirve como excusa para contarnos más sobre Ashland, sobre un pueblo gobernado por la tradición y por la resistencia al cambio, por las bajas pasiones y también por el amor etéreo y ciertamente egoísta que sienten por su pueblo y por su gloria pasada. Más adelante el foco de atención se centra en Thomas y en la vida que ha llevado. El libro tiene tres partes diferenciadas: al principio leemos testimonios de gente del pueblo, después sabemos lo que ocurrió inmediatamente después del nacimiento de Thomas, y en la última parte volvemos al presente y nos enteramos de cómo termina la historia en Ashland.

El libro nos cuenta una historia sencilla, con un estilo bastante bonito y poético a ratos, aunque con buenas dosis de crueldad y envidia por parte de algunos personajes. Sin embargo, y a pesar de tratar el tema que trata en esencia y también a pesar de algunas cosas que les ocurren a los personajes, el resultado final es una historia bastante entrañable, con personajes carismáticos. A mí, como los otros dos que he leído hasta ahora de Daniel Wallace, me ha gustado mucho.

FRAGMENTOS DEL LIBRO

Como lo he leído en inglés, he intentado traducir – un poco chapuceramente, todo hay que decirlo – los fragmentos. Por si os interesa, hay una edición en español en el mercado.

Something was always happening with her. There are those rare people who function like human magnets, who are individually so attractive – or repellent, depending on the situation – that a considerable amount more seems to happen to them, and, likewise, their presence in a certain place makes more seem to happen around them. They’re magical people. They have a special power.
Siempre le ocurría algo. Están esas personas poco comunes que funcionan como imanes humanos, que son individualmente tan atractivas – o repelentes, dependiendo de la situación – que parecen ocurrirles muchas cosas, y, de forma similar, su presencia en un determinado lugar hace que más parezca ocurrir a su alrededor. Son personas mágicas. Tienen un poder especial.

***
“We tell a lot of stories. I may be lying to you now – who’s to say? It’ just part of who we are. Nothing is as big or as loud or as blue as we say it is – and not because real life is a plain thing but because adding to the common stock of experience through confabulation seems to be a human job, one we’re definitely up to. The truth is like a fish, isn’t it? Nearly impossible to grab hold of.
Contamos muchas historias. Puedo estar mintiéndote ahora – ¿quién puede decirlo? Es solo parte de quienes somos. Nada es tan grande o tan fuerte o tan triste como decimos que es – y no porque la vida real sea algo aburrido sino porque añadir algo a la reserva común de experiencia a través de la confabulación parece ser un trabajo humano, uno para el que estamos hechos, definitivamente. La verdad es como un pez, ¿no? Casi imposible de atrapar.
***
Our parents are always seen to be holding the key to who we are, something they did or something they were, and we think that if we can just dig deep into their hearts there will be something inside, something very much like a clue, evidence, a telltale sign pointing to who we are and how we got that way.
Parece que siempre vemos a nuestros padres como los portadores de la llave para quien somos, algo que hicieron o fueron, y pensamos que si podemos investigar un poco más en sus corazones habrá algo dentro, algo muy parecido a una pista, clave, una señal que nos chivaría quienes somos y cómo hemos llegado a ser de ese modo.
***
Edmund Rider – my mother’s father, and, in many ways, my own – had a serious aversion to the truth, a predisposition to prevarication. I never believed a word he said. I was different from him. Even as a boy I saw the world in the simple ways it presented itself to me, simply as what it was. I was good at math. I liked the idea that there was one correct answer to a question, and that all the others were incorrect. But that kind of world was never good enough to him. That world merely provided the starting point from which he could weave his bogus tales of wonder.
Edmund Rider – el padre de mi madre, y, en muchos sentidos, el mío propio – tenía una seria aversión a la verdad, una predisposición a la prevaricación. Nunca creí una palabra de lo que decía. Yo era diferente a él. Incluso como un niño veía el mundo de la manera sencilla en que este se me presentaba, simplemente como lo que era. Yo era bueno en matemáticas. Me gustaba la idea de que había una respuesta correcta a una pregunta, y que todas las demás eran incorrectas. Pero ese tipo de mundo nunca iba a ser bueno para él. Ese mundo simplemente le proporcionaba el punto de partida desde el cual podía tejer sus cuentos falaces alejados de la realidad.
***
“It’s the stories we tell ourselves about ourselves,” he said, “that really keep us going. Without them, what do we have?”
- Son las historias que nos contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos – dijo – las que realmente nos hacen seguir adelante. Sin ellas, ¿qué tenemos?
***
Sex was what Ashland was all about – having it, not having it, and the consequences of both.
Todo en Ashland giraba en torno al sexo – tenerlo, no tenerlo, y las consecuncias de ambas acciones.
***
“But you never felt it?”
“What?”
“It. Desire,” she said, and she stopped cutting. Her hands rested on the top of my head, her fingers slowly moving. “Thoughtless, dark desire. It’s the beginning of everything, of all life, the father and the mother, from the lowliest cell and bacterium to every boat leaving every harbor since the beginning of time, to the simplest-seeming, most awful little backwater town you can imagine to the most complex foundation of the world’s greatest city. We do it, do what we want, and then, later, step back, and explain it, and decide if it was good or if it was bad, right or wrong, inspired or deluded. We are all the same that way.”
- Pero, ¿nunca lo has sentido?
– ¿El qué?
– Eso. Deseo -dijo, y dejó de cortar. Sus manos descansaban sobre mi cabeza, mientras movía los dedos lentamente-. Deseo irreflexivo y oscuro. Es el inicio de todo, de toda la vida, el padre y la madre, desde la célula y bacteria más básica hasta cada barco abandonando cada puerto desde el inicio de los tiempos, hacia la ciudad olvidada más fea y en apariencia simple que puedas imaginar, hasta los cimientos más complejos de la ciudad más grande del mundo. Lo hacemos, hacemos lo que queremos, y luego, después, retrocedemos, y lo explicamos, y decidimos si ha sido bueno o malo, correcto o incorrecto, inspirado o un engaño. Todos somos iguales en ese sentido.

Título: The Watermelon King
Autor: Daniel Wallace
Año primera publicación: 2003
ISBN: 978-0618400812
Editorial: Clarion Books

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Un comentario en “The Watermelon King [El rey de la sandía], de Daniel Wallace (Reseña)

  1. Me alegro que te haya gustado. Has hecho una gran reseña y creo que esta historia nos ha provocado las mismas sensaciones. El libro lo comprë porque me llamó la atención el nombre del autor. Autor que desconocía hasta que leí tu reseña sobre Un pez grande ;)

    ¡Besos!

¡Comentad, insensatos! ^^

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