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Tras este título que suena tan musical, me voy a quejar otra vez de Correos. Ya en su día me quejé porque el cartero dejaba las cartas tiradas en el suelo, dentro del portal, pero en el suelo, en lugar de meter las cartitas cada una en su buzón. Pues eso, que ahora me han dado motivos para quejarme otra vez. Y no es que entre aquella vez y esta no haya pasado nada, que por desgracia sí.

Alguna vez he dicho que no me gusta ir de tiendas, y alguna otra he dicho que me encanta comprar por internet. Viajes, entradas, libros, muñecos, ¡espadas!, chorradas de Ebay, y hasta la compra mensual… todo lo compro a través de internet, siempre en sitios de confianza, evidentemente.

¿Pero sabéis qué es lo peor de comprar on-line? Bueno, aparte de que se gasta dinero…

Pues que a veces las cosas las trae Correos, en lugar de una de esas maravillosas empresas de mensajería (nota a las empresas: haced envíos siempre por mensajería si es posible).

Correos es esa empresa que tiene el correo ordinario como anécdota. Obviamente, hoy en día nadie se atreve a enviar nada mínimamente importante y mucho menos un paquete de este modo. Si quieres que llegue, suelta la pasta y envíalo certificado. Aún encima, cuando vas a la oficina a enviar lo que sea, te preguntan si lo quieres asegurar. Yo siempre le digo “no”, pero en lugar de eso me gustaría decirle “no, la verdad es que no quiero asegurarlo, sólo quiero que llegue y por eso estoy pagando más que por un envío ordinario”.

Correos es ese sitio donde invariablemente te encuentras con inútiles. Carteros inútiles, pegasellos inútiles, y hasta buscapaquetes inútiles. Parece ser que cada oficina de Correos tiene un ratio mínimo de inútiles, para poder continuar abierta.

Correos es esa modalidad de envío que me hace temblar cada vez que la veo en alguna compra que hago. Sí, es más barato, pero también es una putísima mierda. Así de claro.

Y lo peor es que a la hora de enviar yo algo a cualquiera, es lo más asequible (no por ello excesivamente barato en algunos casos) y no me quedan más huevos que ir a la oficina y recibir un servicio bastante malo para que lo que envío llegue a mi destino. Por supuesto certificado.

La rabieta que tengo encima no es gratuita, y a lo que venía hoy es a contar que la semana pasada me han perdido un paquete, o algo, no sé el qué. Al principio me asusté la hostia porque pensé que serían unos libros que estoy esperando de Estados Unidos, pero estoy casi segura de que no. Ahora ¿qué sería? Pues igual nunca lo sabré. Os cuento.

- Martes día 19 de octubre – en mi buzón hay un aviso de que me han traído algo, no estaba, blablabla, que vaya a partir del día siguiente a buscarlo a la oficina. Primera cagada: en el aviso ponía que habían pasado el día 15.

- Miércoles día 20 de octubre – voy a la oficina de Correos a buscar mi paquete. Espero los inevitables diez minutos de cola (siempre hay que esperar un buen rato, haya una persona o haya 15, parece que lo hagan lento y de forma parsimoniosa sólo para tener la oficina siempre llena de gente). Me dicen que no encuentran el paquete. ¿Que no lo encuentran? Se me queda cara de gilipollas. ¿Y entonces qué? Pues nada, que deje una fotocopia del aviso, mi número de móvil, y que me llamarán del servicio de reparto.

- Jueves y viernes, días 21 y 22 de octubre – no me llama nadie de Correos. Me mosqueo aún más pero decido tener paciencia.

- Sábado día 23 de octubre – vamos a Correos, confiando en que habrá gente de otro turno, más competente por lo general. Sí, hay alguien diferente. Le doy el aviso, le comento lo que ha pasado y se va a buscar un buen rato el paquete o lo que sea… vuelve con las manos vacías y diciendo que ahí no tienen nada. ¿Entonces qué? Pues me da el teléfono de la central de reparto y una hoja de queja, para que llame (aunque “los que deberían llamarme son ellos”) y ponga una queja.

Por supuestísimo nadie me ha llamado tampoco hoy… Vamos, que estoy deseando encontrar el momento (lo llevo jodido estos días, ando liadísima) en que pueda ponerme un rato a poner a prueba mis habilidad de redacción para parir a esos ineptos. Sea lo que sea que han perdido, era mío y me cabrea muchísimo que se juegue así con las cosas de los demás. Si en mi trabajo hago una cagada, me llaman la atención. Así que pondré la reclamación para que al menos el culpable de todo esto pase un mal rato.
Por cierto, no soy la única que está cabreada por su culpa, podéis mirar más casos (de los que he leído recientemente) aquí y aquí. Y buscando “paquete perdido correos” podéis flipar, porque hay muchísimos problemas.

En conclusión. Vale que seguro que hay gente espléndida en algunas oficinas (aunque no suele ser lo normal en las que frecuento o he frecuentado y a la hora que suelo ir), vale que muchas veces no pasa nada… pero no es normal que permitan ese nivel de incompetencia. Me da rabia, pero de verdad que es de esos casos donde no me importaría pagar un poco más por tener un servicio medio decente, y que hagan su trabajo allí personas medianamente serviciales e inteligentes.

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